Avisar de contenido inadecuado

12 DE OCTUBRE DE 2.012. PATRIA O MUERTE.

{
}

 TAGS:undefined12 de Octubre de 2.012. Un Día de España triste y amenazador. Triste, porque millones de españoles carecen de las mínimas condiciones humanas de dignidad, de integridad y de libertad. Triste, porque nos las han arrebatado sin poder hacer nada al respecto. Triste, porque ha saltado por los aires el nauseabundo modelo económico y social que ha sostenido este invento durante los últimos años, y triste porque este estallido ha causado dolor y sufrimiento a la práctica totalidad de nuestros semejantes. Triste, en definitiva, porque -lejos de ser sustituído este modelo por un esquema más justo y solidario- se ha varado nuestra sociedad en una sima insondable de inoperancia política y de deriva económica: en un viaje sin rumbo hacia un negro y desesperanzado futuro. Los españoles vagamos entre las quimeras de aquello que no pudo ser y las incertidumbres de un destino que ya no será. Nostalgia de picas y tambores, y certeza de sabernos inermes ante las demoledoras pruebas que nos esperan en un futuro próximo. Y asimismo, estamos ante un 12 de Octubre amenazador, porque nunca han sido los enemigos de nuestra convivencia en paz más numerosos y más fuertes. Enemigos del pueblo desplegados -en siniestro y sórdido abanico- en contra de los propios ciudadanos españoles y de nuestros intereses legítimos. Del Rey hacia abajo y sin excepciones. La tiranía en estado puro.

No existe España. La fecha de hoy no es más que una falsa ceremonia: un envoltorio muerto dentro de una nación también muerta. Los ecos lejanos de una gesta honorable e irrepetible. Veremos tribunas y desfiles militares. Veremos a la banda tocar y desfilar. Y escucharemos a esta larguísima colección de sinverguenzas referirse orgullosamente a nuestra Patria mientras venden -sin escrúpulo alguno- nuestra soberanía nacional, se llenan el bolsillo a nuestra costa y se ríen -todo a la vez en una siniestra y alocada danza- de la miseria de nuestros hermanos. No existe España. Sólo este paquete muerto de banderas, de cargos públicos y de falsa democracia. De la riqueza insolente de unos pocos frente a nuestra pobreza y a nuestro porvenir oscuro.

España sólo existiría y se justificaría a través de un proyecto nacional integrador. España sólo puede existir a través de la Justicia de todos y para todos. De una pugna constante por la redención de nuestro pueblo. Por una unidad entre nosotros forjada en el crisol de la lucha incesante por la Justicia y por la erradicación de la miseria y de toda desigualdad. Por una democracia profunda y por nuestros derechos respetados. España en la Revolución. Unidad de España, Justicia Social y Revolución. Las tres facetas inseparables de lo que debe ser nuestra lucha nacional, y los tres pilares de una España futura.

Hoy no tenemos nada de eso. Nada pone en peligro el sitio de esta casta impresentable que dice gobernarnos. Gobernantes que, protegidos por la fuerza coactiva de sus instituciones armadas, continúan con este expolio sin que nadie les frene. Iniciativas ciudadanas descoordinadas y gestos rebeldes que están perdiendo fuelle: que están siendo reconducidos por un poder omnipresente y todopoderoso. El Gobierno de España no va a dejar su ruin poltrona de forma voluntaria y libre. Este modelo no va a destruirse sólo y a sí mismo. No se van a ir si no les echamos. Sólo por la acción revolucionaria puede derrocarse a los que utilizan la fuerza estatal para perpetuarse en el poder. Y no estamos haciendo nada para echarles. No ya sólo nosotros -los cada vez más escasos falangistas- sino todos nuestros compatriotas que -de una forma u otra- se han estado organizando en los últimos meses para plantear una insurrección ciudadana. Nadie sabe qué hacer ni cómo empezar la rebelión. Nadie sabe cómo utilizar la fuerza. No sabemos en qué debe consistir esa fuerza, ni tampoco queremos fijar sus límites en el caso de que deba haberlos. Una tremenda duda planea sobre todos los sectores potencialmente insurrectos... ¿quién le pone el cascabel al gato?

Y eso que el Gobierno de España es como un boxeador tambaleante. Un púgil vapuleado que, con movimientos cada vez más torpes, va encajando un molinete de golpes sucesivos. A la espera de que suene la campana y pueda tener unos instantes de respiro. Eso es lo que lleva buscando el Gobierno desde casi el mismo momento en que comenzó a estar al frente de este caos. Este verano las noticias económicas adversas caían sobre el Gobierno -con precisión milimétrica- sin dar un minuto de tregua. Lo malo es que -más que sobre el Gobierno- caían sobre nosotros. España en caída libre durante el verano de 2.012, vislumbrando clarísimos ataques de pánico y desconcierto en muchos de nuestros irresponsables responsables. Ninguna de las medidas adoptadas ha funcionado. Están liquidando este tinglado sin la menor oposición -seria y efectiva- de nadie. Nuestra primera determinación debería ser no darles ese minuto de respiro. Y para ello sería indispensable no dejar canalizar desde el poder las respuestas populares que se llevaran a cabo a estos efectos. Pero esto son sólo teorías, que no pueden llevarse a cabo a causa de la ausencia de un plan insurreccional trazado más o menos detalladamente.

12 de Octubre de 2.012. Nadie sabe qué hacer para poner en marcha una verdadera lucha nacional. Nadie sabe cómo empezar la Revolución. Lo único que parece cierto es que nuestro renacimiento nacional tan sólo podrá venir del combate consciente de una minoría organizada en el sacrificio y el dolor. En la medida en que estemos dispuestos a llevar a efecto esta lucha sin tregua por la redención de nuestro pueblo podrá existir -de nuevo- España. Esta decisión es difícil porque -esta vez de verdad y sin hueca palabrería- estamos ante un momento histórico y decisivo. Nos encontramos ante esos instantes únicos tanto en la vida colectiva de una nación como en la vida particular de una persona. Podemos optar por la rebelión, y por luchar por lo que creemos pero esa lucha -una vez decidida- ya no tendrá una posible vuelta atrás. Todo lo demás es palabrería hueca y debate doctrinal sin eco práctico. Por tanto, esa decisión transformaría, de hecho, la vida que llevamos cada uno. El momento es trascendental y grave, y nuestras decisiones políticas deben ser -por tanto- trascendentales y graves. Nosotros estamos escuchando los gritos ancestrales de España. Esas viejas ansias de Libertad que no pueden ser silenciadas por tanta cobardía y tanta entrega. La voz de esa España renacida que nosotros -los falangistas- debemos ayudar a implantar. La voz que nos dice Patria o Muerte frente a la pobreza y a la desilusión colectiva. La voz que nos empuja a la insurrección nacional, aunque no tengamos ni idea de por dónde empezar.12 de Octubre de 2.012 y yo creo que debemos luchar hasta el final. Yo no me rindo. Y vosotros tampoco.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.