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ABRIL ES REVOLUCIÓN. MI PRIMERA COLUMNA EN "HISPANIAINFO".

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 TAGS:undefinedAbril es Revolución. Esta es la consigna que pude leer -hermosa y flameante como una bandera- escrita en una pared de una calle de Oporto el pasado verano. Difícilmente podremos encontrar una aseveración más portuguesa. Pero -del mismo modo- me alegra comprobar como esta sencillísima frase nos llega -a nosotros- al corazón. También en este lado de nuestra siempre difusa frontera. Acertadamente, resume -en tres palabras- toda nuestra visión del mundo. Nuestra concepción de la Revolución como una explosión de luz después de una negra noche de miseria y de indignidad. Resulta que esta metáfora se hace todavía más evidente tras un invierno duro como el sufrido en este año. Sol y cielo azul después de la ventisca, el frío y la nieve, y la Revolución concebida como un fecundo y liberador cambio de estación. Change of seasons lo llaman los anglosajones.

Metáforas aparte -aunque sean tan acertadas como esta- nos encontramos ante una situación política que necesita -de manera evidente- un cambio de estación. El gran entramado económico capitalista se ha desplomado, arrastrando en su caída a las pequeñas economías familiares. El desempleo aumenta sin cesar. Nuestros responsables políticos se han visto desbordados por estas inesperadas circunstancias, y no saben más que insistir en la validez de las antiguas fórmulas hoy en día inoperantes. Corrupción política. Crisis del sistema bancario tradicional e insistencia de nuestros responsables en mantenerlo operativo contra viento y marea. Una tras otra, podríamos ir enumerando toda esta serie interminable de circunstancias interrelacionadas. La suma de todas ellas nos conduce -inevitablemente- a proclamar la necesidad de la Revolución. La noche fría y oscura que Abril debe romper.

Un Abril de claveles y sonrisas. Un Abril de alegría callejera y de personas unidas en el anhelo común de cambiar las cosas. Un nuevo Abril lisboeta y revolucionario.

Los falangistas estamos definiendo acertadamente el origen de esta insondable crisis capitalista. Sabemos concretar los puntos esenciales sobre los que pivota esta situación de emergencia. Lo llevamos haciendo desde que todo esto se inició. No tiene ningún mérito, porque esa es la parte más fácil. Porque para pasar este peculiar examen, basta con tener un poco de cultura política unida a una mayor o menor claridad expositiva. Sin embargo, y también como siempre, estamos fallando en el paso siguiente. En el de ofrecer soluciones al pueblo español y en el de conectar con sectores más o menos amplios del mismo. No estamos poniendo a trabajar nuestros escasísimos recursos en una dirección revolucionaria correcta. No estamos organizando -ni tan siquiera contribuyendo a ello- a articular con éxito algún tipo de vía insurreccional. Supongo que, en nuestro actual estado de desunión y de absoluta falta de proyecto político, no podemos esperar otra cosa. Bastaría una actuación coordinada de todos nosotros para mejorar la situación, ofreciendo un discurso homogéneo a distintos segmentos españoles de población. Pero esta es otra historia. La tediosa -y triste- historia de los que prefieren seguir aislados en su parcela mínima en vez de buscar puntos de coordinación entre nosotros. Mientras tanto, navegamos -de la mejor manera en la que cada uno puede o sabe- por los oscuros mares de esta convulsa España de la desesperanza.

Volverá a reír la primavera. También rió la primavera en Portugal el 25 de Abril de 1.974. La primavera de Lisboa y de los Capitanes de Abril. La Revolución que cerraba un largo período en la Historia de Portugal abriendo las puertas de otro. Ventana abierta a soluciones nuevas y una Revolución concebida desde un doble aspecto. Como proceso de evolución personal y como proceso político. Las Revoluciones las hacen las personas. No son el fruto de inexorables procesos históricos entre poseedores y desposeídos, de masas sin alma que toman el poder o lo pierden. Son el producto del trabajo de ciudadanos concienciados que saben qué es lo que hay que hacer para pasar la página. La persona como núcleo esencial de cualquier proceso de transformación social, y un Abril personal -e íntimo- previo a cualquier Abril colectivo.

En la práctica, la Revolución de los Claveles nos ofrece un ejemplo perfecto de praxis revolucionaria. Jerarquías militares intermedias con mando directo en las tropas -Oficiales y Suboficiales- actuando en perfecta sintonía con las fuerzas civiles sociales y políticas defensoras del cambio social. El Ejército como punta de lanza de la transformación de estructuras caducas, en vez de constituir un baluarte armado de las mismas. De esta forma, el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) se convirtió en el sólido garante del proceso revolucionario y de la imposibilidad de una marcha atrás en la Historia. Dotados de un mínimo programa político, estos oficiales -mayoritariamente bregados en las interminables guerras coloniales portuguesas- decretaron el final del largo período salazarista y abrieron las ventanas del Portugal moderno. Abril es Revolución. Ante una situación de agotamiento político de los esquemas existentes, los portugueses supieron encontrar nuevas respuestas sociales y políticas. Y si bien es verdad que el MFA inició el proceso, fue la acción conjunta de todas las fuerzas democráticas portuguesas el mayor factor de consolidación y desarrollo de la Revolución.

Aquellas fotos de la Lisboa de los Claveles nos vuelven a retrotraer a un mundo esperanzado y alegre. Fotos en blanco y negro con el denominador común de la sonrisa, y de la perfecta fusión de un pueblo con su Ejército. Gestos como el del Capitán Maia en la Plaza Do Carmo y claveles en los fusiles. Grandola Vila Morena y lágrimas en los ojos de los veteranos soldados de Angola y Mozambique. Gente con la alegre certeza de que el mañana ya es distinto al triste hoy. Ojead esas antiguas fotos, porque son un antídoto perfecto contra el pesimismo y la desesperación. La alegría de Abril y el alborozo de la Revolución.

La situación europea actual puede ser comparada -sin mayores problemas- con la última etapa del salazarismo. Y ello en lo que tiene de esquemas agotados... de inoperatividad y falta de soluciones viables a los grandísimos problemas sociales planteados. Faltan Capitanes de Abril. Faltan fuerzas revolucionarias coordinadas. Faltan mínimos -aunque necesarios- acuerdos entre todos los que queremos transformar España. Faltan planes para encarrilar nuestros anhelos de una forma efectiva y eficaz. Faltan todavía muchísimos puntos por desarrollar y definir. Falta casi todo todavía.

Pero ha llegado Abril. Y el sol vuelve a brillar sobre la bruma.

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