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LOS ACUERDOS IMPOSIBLES (MAYO 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 223 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense.

Deberían estar condenados a entenderse. Deberían, y ello en el sólo caso de que tuvieran un mínimo sentido del Estado. Lo que antes se llamaba responsabilidad. No puedo menos que ser escéptico ante la reunión de hoy entre Zapatero y Rajoy. Cuando leáis estas líneas, ya sabremos qué es lo que ha ocurrido, y qué conclusiones se han sacado. Conoceremos si somos capaces de trabajar juntos en estos momentos tan graves. Hasta el propio Rey -sin duda apelando a la tranquilidad necesaria en el negocio- ha apelado a un cierto sentido de unidad en esta situación de emergencia nacional. Dice Rajoy que le va a explicar a Zapatero que esto no es Grecia. Como si el colega de enfrente no lo tuviera claro. Dice Zapatero que le va a insistir en la necesidad de la reforma de las Cajas de Ahorro, como elemento esencial de nuestra solvencia y de nuestra recuperación. Eso también lo sabe -de sobra- Mariano Rajoy. Dicen unos y dicen otros. Nadie tiene ni idea de cómo salir de esto, porque ya no valen los remedios de siempre. Sin embargo, aquí todo el mundo cree tener la fórmula ideal para la salida de la recesión. Todos creen tenerla -cara a la galería- pero todavía no se ha empezado a remar en la misma dirección. Ya sabéis, el tradicional todos a la vez y hacia el mismo lado. Ese no es el remedio único para nuestra recuperación, pero constituiría una primera piedra para el optimismo. Necesitamos un acuerdo. Un gran acuerdo nacional alrededor de unos puntos esenciales de consenso. Ayer, por ejemplo, la Bolsa cayó en picado ante el rumor de que España necesitaba fondos europeos en un plan similiar al griego, y que los había solicitado. Zapatero tuvo que salir a manifestar -pública y oficialmente- que no acreditaba lo que se estaba diciendo. Improvisando. Tapando una vía de agua tras otra dentro de este barco tocado y hundido. Gobierno y oposición ofrecen esa imagen frente a los ciudadanos españoles: la de tapar vías de agua a medida que se van abriendo siendo -además- inútil todo ese aparente esfuerzo.

Casi todo lo que leo y escucho en las últimas horas sobre esta reunión de los dos grandes tiene un tinte de escepticismo. Se han estado tirando los trastos a la cabeza hasta ayer mismo. Incomprensiones y falta de sintonía. Broncas diarias por un motivo u otro que nos impiden creer que -como por arte de birlibirloque- se puedan arreglar las diferencias entre ambos partidos por medio de una simple reunión. Al menos, claro está, que estas dos poderosas cabezas de lista conciban esta cumbre no sólo como una simple reunión, sino como una oportunidad fundamental para alcanzar el consenso sobre algunas medidas urgentes de carácter económico. Acuerdos para seguir poniendo parches que permitan la supervivencia -simple superviviencia previa a empresas que deberían ser más grandes y ambiciosas- de España como Nación unida y viable. Pero nunca llegan a nada. Ya se han entrevistado once veces antes sin ningún resultado apreciable.

De todas formas, la solución no está en el parche puntual o en el acuerdo de contenidos mínimos. Porque, con independencia de que estos acuerdos de mínimos sean -o no- inviables al día de hoy, nuestro gran acuerdo nacional debería tener otro sentido. Los falangistas creemos que la recesión nos ha traído la oportunidad de aplicar criterios revolucionarios ante tantos -y tan graves- problemos derivados del hundimiento capitalista. La solución no consiste en la refundación del capitalismo mediante un gran pacto nacional. Nosotros creemos que la solución reside en la búsqueda de un gran consenso global para enterrarlo. El modelo bancario imperante -asombrosamente, y después de la que está cayendo, sigue siendo el mismo- debería ser sustituído por un modelo único de Banca Pública. Ese sería el primer -y fundamental- primer paso de nuestra recuperación. El primer ladrillo de un Mundo Nuevo. Los marxistas -y otras fuerzas alternativas- están solicitando una nacionalización estatal. Nosotros solicitamos una sindicalización. Pero, sea la que sea, debemos intervenir de forma pública las instituciones bancarias con firmeza. Nada más y nada menos por la razón de ser -este paso inicial- el inicio del fin de la recesión.

Por esta causa -que se une a la escasa credibilidad de la que gozan Zapatero y Rajoy- no creo ni que se vayan a adoptar acuerdos generales ni, muchísimo menos, que si se alcanzan fueran a servir para algo que no fuera más que para nuestra propia subsistencia. Acuerdos de superviviencia que -siendo en sí importantes- no nos permitirían afrontar el futuro con la necesaria firmeza. Deberíamos tener valor para sustituir las entidades que no han funcionado. Realizar en España los cambios necesarios que nos encarrilen hacia una nueva sociedad, sin empecinarnos en mantener la injusticia incompetente de este actual estado de cosas. Juntos, Zapatero y Rajoy suman detrás de sus espaldas veintiún millones de votos. Más que suficiente como para iniciar estas transformaciones estructurales mayoritariamente respaldados.

Decíamos que ayer fue un día de pánico en las bolsas, a través de rumores incontrolados. Este preocupante factor justificaría, por sí solo, el acuerdo entre Rajoy y Zapatero. Si no pueden ponerse de acuerdo sobre nuevas políticas de extinción del capitalismo, como nos gustaría a los falangistas, al menos deberían demostrar un consenso sobre una cierta contención del gasto público y -ante todo- sobre un discurso común ante el conjunto de la ciudadanía. Un discurso coincidente en la extremada gravedad de nuestra situación económica, y en la necesidad histórica que -todos los españoles- tenemos de potenciar los resortes básicos de nuestra solidaridad. La unidad como factor de optimismo y de voluntad de luchar. Ya veréis como ni una cosa ni otra.

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