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ALGUNOS APUNTES SOBRE "ÁGORA" DE AMENÁBAR. HIPATIA Y LOS PARABOLIANOS (OCTUBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedA mí me ha gustado mucho ÁGORA, y tengo que partir de esa base. En medio de un auténtico diluvio de críticas adversas, tengo que reconocer que la película me ha encantado. No sólo por la maravillosa Rachel Weisz -guapísima- o por la cuidada ambientación de la película o por el ritmo que Amenábar la ha sabido dar... sino porque ÁGORA ha tocado un tema de validez universal... de esos que comprendemos perfectamente los que -de un modo u otro- hacemos públicamente gala de alguna inquietud política. Se trata de un asunto de siempre indiscutible vigencia, cual es la resistencia del pensamiento libre frente a la opresión política... el de la propia independencia de criterio frente a las circunstancias sociales adversas. Porque ese -y no otro- es el tema tocado por ÁGORA. Porque -de un modo u otro- todos conocemos a nuestras peculiares Hipatias -la verdad es que pocas- y también sabemos -por desgracia muchos más- de la existencia de nuestros peculiares y modernos monjes parabolianos. ÁGORA nos muestra un problema tan antiguo como el mundo, y plenamente vigente al día de hoy: la lucha de la inteligencia -entendida como abierta reflexión y debate entre ideas y teorías diversas- y el integrismo férreo y uniforme.

Dicen sus críticos que se trata de un furibundo panfleto anticristiano. Dicen que Amenábar ha aprovechado una historia absolutamente falseada -la de Hipatia de Alejandría- para dar rienda suelta a su fobia anticatólica. Yo creo que esto no es así. Lo que Amenábar hace con esta película es sólo -nada más y nada menos- contarnos una historia. Partiendo de los avatares personales de Hipatia de Alejandría -a mí personalmente me da igual que el relato sea o no sea fiel a la verdadera historia de esta astrónoma- el Director va desgranando una muy personal visión en torno a una sociedad que se transforma por medio del caos y de la violencia. La guerra como partera del mundo, siguiendo a Marinetti. Una metáfora sobre el nacimiento de nuevos valores y de nuevos modelos sociales. Un mundo en el que -mediante el triunfo de los más fuertes- el poder descansa sobre un grupo violento y fanatizado... sobre una organización férreamente jerarquizada que impone su visión unilateral de las cosas al resto de la sociedad. Y es en este punto dónde la película tiene una visión universal. Porque el modelo de escenario de fractura social que la película refleja es aplicable a todos aquellos sucesos históricos que han desembocado en el predominio de un grupo fuerte, jerarquizado y excluyente. Por ejemplo, todas aquellas situaciones históricas de partido único, el cual se encarama al poder tras una sucesión de acciones violentas protagonizadas por grupos de militantes armados. Y es que, viendo ÁGORA, uno puede trasladarse perfectamente a la República del Weimar, a la Revolución de Febrero en la Rusia de 1.917 o a la Segunda República Española. Regímenes inestables y violentos que sucumbirán -de forma inevitable- al empuje de las nuevas ideas encarnadas en partidos únicos de carácter dinámico, unitario y armado.

La caída de la pax romana en Alejandría enmarca estas circunstancias sociales adversas. Una vieja y desgastada sociedad en caída libre. Crisis de valores y grupos enfrentados. El antiguo paganismo se desploma y deja paso a las emergentes religiones monoteístas. Y, como en toda sociedad que se derrumba, un tiempo de violencia y de terror entre las distintas facciones. Lucha social sin cuartel y violencia que nadie puede detener. Ni tan siquiera el poder político establecido, que se tambalea en medio de estas contiendas civiles. Asistimos en ÁGORA a una verdadera concatenación de acciones violentas y represalias consiguientes. La violencia no es patrimonio de una sola de las facciones que combaten. Los paganos atacan a los cristianos, los cristianos a los paganos después, los judíos a los cristianos, los cristianos a los judíos... violencia incesante dentro de un mundo transformándose. Meleé de sangre sin esperanza próxima de cese.

Y en mitad de este sangriento caos, una mujer -Hipatia- esforzándose en la búsqueda de un espacio libre de estudio y de debate. Una hermandad de estudiantes que supere -a través de la fuerza moral de la ciencia- esta irreparable fractura social. Hipatia busca un refugio académico que sirva de dique a la violencia sectaria. Amplitud de visión frente al margen estrecho de la facción violenta. Al principio, parece que esta hermandad científica y moral es posible. Sin embargo, saltará hecha pedazos como una víctima más de ese imparable proceso histórico. Igual que ocurrirá con la Biblioteca de Alejandría, verdadera metáfora de un mundo ordenado y abierto que -hecho pedazos- se rompe ante el empuje imparable de las nuevas ideas.

La historia de ÁGORA no es más que una historia de resistencia. La resistencia del pensamiento libre frente a las fuerzas de la represión. Durante años, Hipatia de Alejandría mantendrá su independencia personal en un entorno de coacción violenta y de fuerzas antagónicas enfrentadas. Que Hipatia mantenga ciertas ideas sobre el Universo y los movimientos planetarios no es más que una excusa argumental para reafirmar este sentimiento de oposición contracorriente. Hipatia de Alejandría no es perseguida por sus ideas acerca del Cosmos. Esas concepciones científicas no son comprendidas por sus represores y, por esta misma razón, les son absolutamente indiferentes. Lo que -de verdad- motiva la persecución acérrima de Hipatia es su soledad... su negativa a enmarcarse dentro de las corrientes mayoritarias de pensamiento, así como su persistencia en el mantenimiento público de sus creencias. Esa es su ejemplo personal. Sostener lo que se cree aunque sea en soledad. Defender tus propias convicciones frente a todos, y aunque tengas que pagar por ello un alto precio. Investirse de altura moral -en definitiva- dentro de un torbellino social adverso.

Y así, el relato de Amenábar puede aplicarse -a través de los siglos y de la memoria- a toda clase de tiempo y de lugar. Porque siempre existieron, existen y existirán monjes parabolianos. Guardias de Corps de valores sólo nominalmente indiscutibles. Grupos coactivos fuertemente jerarquizados que se opondrán, sistemáticamente, a cualquier expresión libre contraria a sus propios planteamientos. La Historia está lleno de ellos... católicos, judíos, musulmanes o budistas. Siempre nos encontraremos con los parabolianos que, en cada momento, nos toquen en suerte. Nos acechan desde sus inconmovibles ideales y desde su visión predestinada de la Historia. Eso es lo que -al final- nos cuenta Amenábar en ÁGORA. La validez de las posiciones personales dignas frente al sectarismo... y la lucha -en la medida y razón de lo que cada uno pueda hacer- contra los sucesivos monjes parabolianos que nos toquen en suerte. Han sido, son y serán iguales todos a lo largo de la Historia del Mundo.

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