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LA BANDERA DE MANOLO BRANTS (MARZO 2.006).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 16 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

En días como hoy, se hace especialmente doloroso escribir estas líneas. Porque uno, como ocurría en mi pasada Columna, aboga siempre por la corrección y el respeto entre las distintas ideas, en la creencia -ilusa y un poquito naif- de que todos van a hacer lo mismo.

Sin embargo, muy recientes acontecimientos hacen que mis creencias vuelvan a tambalearse. Vuelvo a pensar que para un cierto sector de nuestra Sociedad, toda idea es respetable menos la nuestra. Esta vez, a raíz de la insólita posición de la Librería LAUVIAH en torno a la presentación del Libro “LA TERCERA FALANGE. De la clandestinidad al acompañamiento coreográfico” de mi amigo -y Camarada- Manuel Brants Reyes. Resulta que, después de anunciar el Acto en mi última Columna, la Librería se ve sorprendida por la vinculación del Libro -y de su presentación- a La Falange (con ese título la sorpresa no me extraña: hasta el más tonto hubiera creído que la obra estaba relacionada con la cría caballar) y, por esta razón, así como por la acostumbrada de no querer unir el nombre de la Librería a “ninguna opción política”, sobre todo si esta opción es falangista, han decidido incumplir el acuerdo previo -adoptado personalmente conmigo de forma escrita- para no llevar a cabo este sencillísimo acto cultural.

Se aducen por los responsables de la Librería estas razones de peso, adoptadas tras consultas realizadas entre los socios y -al parecer y cito textualmente- algunos “buenos Clientes” (los “malos” no tienen opinión valorable. Tampoco los antiguos, como es mi caso).

Y Manuel Brants se queda, de esta forma, sin presentar el Libro en la Librería Lauviah. Yo creo que la culpa -por lo visto- ha sido mía, ya que he anunciado previamente esta presentación. Todo el mundo sabe -en concreto los Responsables de esta Librería- que un libro falangista debe presentarse sin publicidad previa y, mucho menos, sin anunciar “charlas-coloquios” de los hipotéticos asistentes al acto. Todo el mundo sabe que el autor -en este caso nuestro Manuel Brants- debe llegar a la tienda, sentarse, darnos rápidamente el rollito y marcharse corriendo- con el libro bajo el brazo- antes de que llegue el Cuerpo Superior de Policía a detenerle y a precintar la Librería.
Claro hombre... ¿qué os habéis creído? ¿qué en la presentación de un libro falangista puede haber coloquio posterior o preguntas de los asistentes? ¿incluso si el asunto histórico tratado está en conexión directa con otros acontecimientos de rabiosa actualidad? ¿no sabéis que debe ceñirse a los sucesos de 1.937 y no comentar nada más? ¿ni siquiera el estado actual de la cuestión?

Pues no, evidentemente. Sin embargo, yo no lo sabía. Y cometí el tremendo error de anunciar esta presentación. Incluso dando día y hora de su celebración. Incluso aconsejando la asistencia de gente a la misma... ¿a quién se le ocurre anunciar un acto así? ¿en qué cabeza cabe? A mí se me ocurrió, porque no quiero entender que, anunciando este acto, convierto automáticamente en falangista a la Librería Lauviah (la cual, de todos es sabido, no quiere verse identificada con ninguna opción política). Menos mal que Manuel Brants no escribió un Libro acerca de- por ejemplo- la zoofilia.

Bromas aparte, lo único cierto es que la Libería inclumplió los compromisios adquiridos. Y este es el verdadero quid del problema. Porque, como resulta lógico, las Librerías tienen perfecto derecho a decidir qué libros quieren -o no quieren- presentar dentro de su Establecimiento. Qué actos quieren organizar y cuáles no. Una Empresa con “puerta abierta” al público tiene plena libertad para decidir su política acerca de estas presentaciones. Reservar el derecho de admisión.

Sin embargo, esa no es la cuestión. El problema es que se ha incumplido un acuerdo. Se conocía perfectamente el Libro y su temática. Se consintió en su presentación en la fecha y hora pactadas. Y sólo posteriormente, y aduciendo razones peregrinas, se decide no autorizar la presentación a -tan sólo- cuatro días de la misma. Es decir, los Responsables de la Librería -escuchando los consejos de algunos amigos y Clientes- deciden no presentar en su Establecimiento un libro falangista de un autor falangista. Ni siquiera se pregunta si ello ocasiona algún perjuicio al Autor o a la Editorial. Porque si ya se hubiese realizado algún gasto previo a este acto por razón del mismo -(adivina, adivinanza)- la Librería sería responsable directo de este daño económico.

Curiosa actitud para una Librería que ha presentado Libros de todas las tendencias. Curiosa actitud que nosotros -los falangistas- consideramos como pura y simple discriminación por razón de nuestra ideología. Y, por esta razón, el asunto es muy serio, porque OPINAMOS que esta actuación podría incurrir -y digo “podría” entrecomillándolo una y mil veces, y a resultas de lo que decidiera un Juzgado Instructor- en un delito de discriminación contemplado en nuestro Código Penal.

Se lo he dicho ya a los Responsables de la Librería: esto no lo vamos a dejar pasar. Porque es una cuestión de principios. Porque el asunto afecta al ejercicio de los derechos y libertades fundamentales en la vida diaria y cotidiana de nuestro Pueblo. Porque la Bandera de Manuel Brants Reyes no solamente es nuestra querida rojinegra. Porque, en este caso, también está esgrimiendo la de todos: la de la libertad de desarrollar un acto tan sencillo como presentar un libro y verse -después- consultado por los asistentes. Es decir, la Bandera de la libertad de opinar, así como de expresar libremente esta opinión.

Y en defensa de algo tan simple y hermoso como esto, iniciaremos las acciones judiciales pertinentes, actuando siempre conforme a Derecho. Se cuenta que, en los años setenta, era de buen tono entre los libreros ser perseguidos por los francofalangistas de entonces. Pues bien, que nadie se equivoque, porque no se trata de ese tipo de persecución. Qué más quisieran ellos: para poder apuntarse al carro del martirio revalorizando su imagen progreta.

En el Siglo XXI se lucha de distinta manera, y la Constitución nos ofrece una gran variedad de artillería legal en defensa de nuestros derechos vulnerados. Mucho más efectivas que las antes mencionadas. Y, al hilo de esto, yo no dejo de preguntarme -de esa forma naif que os hablaba al principio- sobre las razones que nos llevan a algunos a evolucionar (haciendo examen de conciencia), mientras que otros se han quedado -al parecer de forma irreversible- en la dura intransigencia del pasado.

Y no volveré a hablar de esta dolorosa cuestión. Al menos fuera de un Juzgado.

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