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CON LAS BOTAS PUESTAS (FEBRERO 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 210 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Esta sí que es buena. Una más que añadir a nuestro peculiar Manual de Supervivencia dentro de este mundo -sin duda- barrido por el viento. Se anuncia ahora que el Gobierno Socialista -ya sabéis, aquel de la frontal oposición a los recortes sociales para salir de la crisis- extiende hasta los sesenta y siete años la edad para la jubilación. Tres añitos más de condena como última ocurrencia zetapera. Patente de corso para que -investida de todas las bendiciones políticas, legales y martiniprogres- se produzca una ampliación del margen temporal de explotación del ciudadano español. Sesenta y siete añazos, para mayor gloria del sistema económico. Y por obra y gracia legislativa del partido de los socialistas españoles. Estos quieren hacernos morir con las botas puestas, pero sin la gloria del genial Errol Flynn en aquella magistral cinta dirigida por Raoul Walsh en 1.941. Convertidos todos en una especie de Custer cutre que tarareara -frente a la muerte- el abre la muralla versión Ana Belén en vez de Garry Owen. Pum-pum... ¿quién es?.. la singular política social del PSOE... abre la muralla. Es cuestión de gustos, supongo. Yo siempre cantaría Garry Owen.

Dice el Ministro Corbacho que el modelo español de pensiones goza de perfecta salud, y que todos podremos cobrar lo que nos corresponda cuando nos corresponda. A mí me dan miedo estas afirmaciones categóricas. Sobre todo, si tenemos en cuenta de dónde vienen. No tienen demasiado crédito. Son los mismos que dicen -recordad- que en el drama de la Guerra Civil hubo buenos y malos, que es necesario un Ministerio de Igualdad y que es posible una Alianza de Civilizaciones para hacer frente a la barbarie fundamentalista. Aunque tampoco es necesario acudir a estas materias que -en tantas y tantas ocasiones magníficas- nos han proporcionado excelentes excusas para romper la maldición del folio en blanco. Y es que -últimamente- el PSOE nos ha ofrecido unas sensaciones muy malas -todo menos risa- en lo tocante a las consecuencias sociales y al tratamiento político del estado general de pobreza.

El partido de los avances sociales y de la defensa de los intereses de los desfavorecidos -eso repiten machaconamente sus más ardientes defensores- ha mostrado su cara menos amable en estos momentos de recesión capitalista. Eso es lo que suele ocurrir cuando -después de la implosión de los mercados financieros- los verdaderos dueños del cortijo exigen medidas para recomponer y reparar -en la medida de lo posible- el desbarajuste que ellos mismos crearon. Lo que ocurre es que las soluciones por las que han apostado estos amigos de los pobres pasan -inevitablemente- por la defensa de los ricos. De esta forma, el conflicto entre lo que se dice y lo que se hace está servido. Y nuestro malestar también.

Comenzaron apuntalando el sistema bancario con fondos públicos. Curiosa medida destinada a salvar el negocio de unos pocos con el dinero de casi todos. Ello no deja de resultar chocante cuando, de todos es sabido, los pocos tienen acogotados a los muchos por medio de un diverso catálogo de productos financieros dotados de un margen de beneficio casi infinito. El sano cabreo del ciudadano medio estaba servido. Achinarse, que dicen los castizos. Sobre todo cuando esa auténtica horca económica -que pende sobre la cabeza de los sufridos ciudadanos españoles- no se ajusta alrededor del cuello blanco del PSOE. Porque si lo anterior fuera poco, nos enteramos hace poco de la condonación que, de millones y millones de Euros, había realizado el Banco de Santander sobre el PSOE.

Esta noticia no ha podido llegar en peor momento. La Banca no ha dejado -ni un segundo y a pesar de las circunstancias económicas adversas- de apretar al resignado y paciente español. Mes a mes, debe hacer frente a sus distintos pagos... so pena de inmediata ejecución judicial por parte de estos modernos bucaneros. Sin embargo, nuestros amigos los partidos políticos -y aquí no metemos solo a los que mandan- se ven condonados -sin mayores problemas- en las astronómicas cantidades que adeudan. Los socialistas como firmes valedores del más recalcitrante capitalismo, y los capitalistas pagando los favores recibidos. De bien nacidos es ser agradecidos, y el más tradicional toma y daca sobre la ya cansada cabeza de Juan Español. Muy mal porque hoy -más que nunca- se imponen conductas ejemplares. Austeridad y formas honorables de gobierno, que pudieran servir de luz dentro del túnel.

Y mientras los compañeros se convertían en el más sólido sostén de la Banca Privada, también se iba apretando el dogal sobre los Sindicatos. Así se conjuraba el peligro de una reacción de los trabajadores frente a estas barbaridades. Este control se ha traducido -no hay mal que con bien no venga, dirán nuestros peculiares sindicalistas- en un incremento de fondos, subvenciones, partidas y demás canongías para estos amigos de los trabajadores. Sindicatos amordazados desde el poder, izquierda institucional anestesiada y una demostración palpable del dicho español que el que paga manda.

Ahora tenemos que trabajar más tiempo. Esto es lo último que se les ha ocurrido a estos. Ante la amenaza de quiebra de nuestro sistema de pensiones, ahora resulta que la solución es extender nuestra vida laboral. Más madera. Luego dirán que los falangistas os estamos llamando al pesimismo. La izquierda olvidando sus principios en aras de una perpetuación en el poder. La derecha ansiosa por desembarcar en dicho poder. Y los españoles literalmente ametrallados por este conjunto de medidas directamente dirigidas a hacernos la vida más difícil. Nadie va a luchar por nosotros. No debemos esperar nada de las grandes opciones políticas. Debemos organizarnos y luchar. Debemos salir del laberinto por nosotros mismos dando la espalda a estos vendedores de humo. Suenan las campanas de la Revolución y cada vez somos más los campaneros.

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