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BREVES APUNTES EN RESUMEN DE UN INTERESANTÍSIMO AÑO 2.009 (DICIEMBRE 2.009).

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 TAGS:undefined(Dibujo de Fafa Madrid). El año que se va ha sido tremendamente interesante para el nacionalsindicalismo. Y yo añadiría que positivo, si bien dentro de la sensación general de crisis que atraviesa nuestra opción política en sus diversas manifestaciones y expresiones. A pesar de esta absoluta decadencia -caída libre la hemos llegado a calificar algunos- se han dado ciertos atisbos de rectificación de rumbos, así como de apertura en nuestras posibilidades de actuación, y siempre a través siempre de distintas iniciativas que -aunque de distinta naturaleza y procedencia dentro de nuestro peculiar universo político- han coincidido siempre en interés y en evidente trascendencia. Estas iniciativas han sido como rayos de luz dentro del túnel oscuro de nuestra situación, y nos indican que las cosas pueden estar comenzando a cambiar.

El año 2.009 ha patentizado la existencia de un falangismo integrista, agrio, apolillado, maleducado e intratable. Un falangismo de ventanas cerradas que imposibilita cualquier intento de cambio en nuestras desgastadas líneas estratégicas y tácticas. Por contra, existe un falangismo integrador, culto, abierto, formado y dialogante del cual -necesariamente- deberán partir nuestras nuevas formas de actuación. La mera marcha de los tiempos garantiza esta renovación en las ideas, en los proyectos y en las personas. Lo que ocurre es que -mientras esta renovación llega- existirá una fuerte resistencia de los viejos modelos a desaparecer. Esto es lo que ha ocurrido en el 2.009. Una mayor pujanza de los sectores más modernos de nuestra opción política, y una correlativa resistencia de los sectores más reaccionarios a marcharse y a dejar su actual sitio.

Porque el año que se va se ha caracterizado, ante todo, por ser un año de duro enfrentamiento entre falangistas. A mí modo de ver, ese duro enfrentamiento -en sus múltiples facetas públicas- no es sino la consecuencia directa de la incapacidad que han tenido los sectores más inmovilistas del nacionalsindicalismo para afrontar la crítica de un modo moderno y -sobre todo- responsable y maduro. Un debate público se hace imposible cuando una de las partes -lejos de dialogar o debatir acerca de los extremos planteados- cierra filas y empieza a descalificar personalmente al adversario. Ejemplo clarificador de mala -malísima- educación. Esto -y no otra cosa- es lo que ha ocurrido durante el enfrentamiento habido entre la corriente crítica REGENERACIÓN 2.009 y los herederos políticos de Diego Márquez. Una inusual pelea tabernaria propiciada por aquel sector de FE-JONS que pretende -tan sólo- la perpetuación eterna dentro de los cargos de responsabilidad del partido. No me canso de decir que cualquier cuestión humana -absolutamente cualquiera- es mucho más sencilla si se trata con buena educación. Por el contrario, todo se dificulta -de forma innecesaria- si un asunto no es tratado así. En definitiva, toda discusión correcta entre personas -sea de la índole que sea- consiste en hacer gala de una buena formación académica, de un lado, y de una buena educación, por otro. Al tradicional en la mesa y en el juego se conoce al caballero habría que añadir el tercer factor de -también- y en el debate político. Lo que ha pasado este año de 2.009 en este punto no es más que la demostración práctica de este viejo axioma. Sin educación es imposible el debate. Y es que a las abismales diferencias políticas existentes entre las partes, se ha unido aquí un evidente matiz cultural que ha hecho imposible una solución razonada y razonable, ya que son distintos los parámetros de conducta dentro de los cuales se desenvuelve cada parte.

Cuestión distinta -aunque sólo en parte- es la del llamado Frente Nacional, solucionada a lo largo de 2.009 mediante la terminación judicial del problema interno planteado dentro de La Falange (FE). El Juzgado terminó -a través de una larga y fundamentada Sentencia- con el problema que se había generado -a finales del ya lejano 2.005- al enfrentarse un sector militante a las decisiones unilaterales de la entonces Junta Nacional liderada por Cantalapiedra. El Juzgado declaró nulas estas determinaciones y decidió el pleito en favor absoluto de la Junta Nacional presidida por Manolo Andrino. Derechos de los militantes y base democrática frente a actuaciones arbitrarias de nuestros responsables. Y también -en este caso concreto- reafirmación de soluciones propias -netamente falangistas- frente a intentos organizativos extraños a nuestra doctrina.

Estos dos escenarios de conflicto tienen un denominador común, y yo creo que -por esta razón- son de interés para todos los falangistas y no sólo para los afiliados directamente afectados. Porque lo que se ha debatido en estos dos conflictos no es otra cosa que el modelo de partido que queremos. En ambos casos, ha existido un enfrentamiento entre los partidarios de un esquema partidario abierto y democrático frente a aquellos que postulan una estructura militante fuertemente autoritaria y jerarquizada. A mí modo de ver, este es el acontecimiento falangista más importante del 2.009: la irrupción de aquellos sectores rojinegros no conformes con los esquemas anticuados que les privan de sus derechos ciudadanos. El asunto es mucho más profundo de lo que parece, porque supone una pugna evidente entre los ámbitos políticamente maduros del nacionalsindicalismo y aquellos otros que no han conseguido adaptarse al natural paso del tiempo.

Porque los que hemos pretendido en 2.009 ampliar la base democrática de las formaciones falangistas -estemos o no militando en ellas y desde varíados puntos de vista políticos- no solamente estamos instando un mero cambio organizativo que -a la larga y sin remisión- podrá ser obtenido judicialmente sin mayores problemas. Lo que estamos propugnando es una redefinición de nuestro proyecto político, estructurada a partir de las ideas y aportaciones del mayor número posible de falangistas. Esa ha sido una de las ideas fuerza de REGENERACIÓN 2.009 o de los militantes de La Falange(FE) frente a Cantalapiedra: de un lado, iniciar un proceso de unidad y de redefinición de nuestro proyecto político común a través de un cambio democrático dentro de FE-JONS. De otro lado, el proceso democratizador culminado en LA FALANGE (FE) ha traído como consecuencia la reafirmación de un proyecto político netamente falangista, absolutamente alejado de formas populistas o frentistas que -precisamente- era el propugnado por el ala autoritaria del partido. Dos luchas internas que se encuentran -al día de hoy- en excelentes condiciones para converger.

Continuarán las acciones judiciales emprendidas en defensa de la legalidad y en interés de la determinación clara del marco de derechos y obligaciones de todos los falangistas. Los viejos sectores dirigentes deben comprender que están sometidos a la Ley, y que deben ajustar sus comportamientos políticos a los dictados de la legislación vigente. Ante conductas -tan políticamente impresentables- como las que han hecho gala estos dignísimos representantes del falangismo apolillado, la acción judicial no sólo es adecuada y conveniente, sino que es el único recurso con el que cuentan los militantes afectados por tanta medida arbitraria e injusta. Al final, serán los Jueces los que apliquen las reglas del juego, dada la absoluta imposibilidad que tienen algunos grupos dirigentes de aplicar estas reglas de convivencia por sí mismos. En este marco debemos entender las acciones judiciales ejercitadas contra los todavía responsables de FE-JONS. Sólo ellos -con sus actuaciones irregulares- son los que han motivado estas iniciativas procesales, y es sólo a ellos a los que sus militantes deban pedir cuentas de lo que ocurra a lo largo del año. Resulta no sólo inmaduro, sino tremendamente falaz, realizar apelaciones a la presunta solidaridad entre falangistas como medio descalificador de las acciones interpuestas. Y ello porque, de no haber sido emprendidas, no existiría solución alguna a los gravísimos problemas planteados. Esta estúpidamente alegada camaradería entre nosotros resulta inútil siempre y cuando el concepto no nos lleve a sentarnos en una mesa y alcanzar soluciones negociadas entre caballeros. Para eso también debería servir ser camaradas. Lo que resulta absurdo es argumentar camaradería para no acudir a los Tribunales y, al mismo tiempo, no ofrecer la mano abierta al diálogo y al consenso razonado.

La unidad falangista sigue siendo posible. No se trata de un mito o de algo irrealizable. Esa es la versión de la historia que nos ofrece -de manera constante y reiterada- el sector inmovilista como excusa para no hacerla. La unidad falangista es algo fácil y realizable de forma muy sencilla. Lejos de complicadas formulaciones ideológicas u organizativas, bastaría para poner la primera -y casi la última- piedra de una Falange Unida el hecho de apartar -de los cargos de dirección de FE-JONS- a aquellos falangistas que se han mostrado contrarios a cualquier movimiento en tal sentido. Apartando a Norberto Pico o a Jorge Garrido de la carrera a la sucesión de Márquez -Diego ya no cuenta políticamente en absoluto... salvo como símbolo de lo que no debemos ser ni hacer en el futuro- habremos puesto las más sólidas bases de la Unidad. Es fácil. Y es que sigue siendo vigente el esquema que -para la Unidad en tres fases- realizó REGENERACIÓN 2.009 a finales del año pasado: acuerdo integrador entre FE-JONS y La Falange y -después- llamamiento a la diáspora a los efectos de regreso a las siglas históricas, para así poder formular juntos -militantes o no- un nuevo proyecto renovado que se estrenaría -en sus pasos iniciales- en las Elecciones Municipales de 2.011 con una sola Candidatura falangista. Para conseguir este objetivo político, se hace necesario apartar a sus adversarios ancestrales. Nunca tantos -parafraseando a Churchill- están siendo entorpecidos por tan pocos. Los falangistas queremos unirnos y -las personas que impiden estos acuerdos de integración- están perfectamente identificadas y definidas en sus actos. Los máximos responsables actuales de La Falange (FE) se han mostrado siempre proclives a estos procesos unificadores. Los máximos responsables actuales de FE-JONS se han mostrado siempre adversos a estos procesos unificadores. Apartando de las siglas históricas a los enemigos de la Unidad... tendremos la Unidad. Y resultan inútiles cualesquiera otras disquisiciones al respecto, porque nunca antes hemos estado tan cerca de conseguirla.

Mención aparte merece el esfuerzo realizado por los falangistas que -sin militar en ninguna de nuestras organizaciones- siguen organizando foros de debate y exposición de ideas entre todos nosotros... vengamos de dónde vengamos y sin exclusiones ridículas. Los llamados falangistas sin falange como fuerza emergente provista de un importante papel en los próximos acontecimientos que efecten al conjunto del nacionalsindicalismo. Los falangistas sin falange superan amplíamente en número -y muchas veces en otros importantísimos factores tales como la formación, la edad o el bagaje profesional- a los falangistas encuadrados en organizaciones militantes, y están organizando iniciativas prácticas tan interesentes como el CENS -con sus Cursos, Seminarios y Mesas de Debate- o la tertulia mensual El Tiburón Convincente de Los Gallos de Marzo. Eso sin contar con las acostumbradas -y afortunadamente incesantes- publicaciones de ensayos y libros (Barbarroja y ENR como puntas de lanza de nuestro movimiento editorial). En realidad, estas actuaciones falangistas no son más que manifestaciones de esa pugna, a la que me he referido anteriormente, entre nuevas y viejas concepciones. El debate y la exposición pública de ideas constituyen un importantísimo factor de transformación dentro del nacionalsindicalismo, y es de suponer que continúen con fuerza dentro del 2.010.

Un año interesante pues el de 2.009. Y el de 2.010 no se presenta menos.

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