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LA CANCIÓN DEL VERANO (JULIO 2.006).

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Publicado en el Núm. 33 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se ha llegado a decir que vivimos dentro de una dictadura mediática. Que desarrollamos nuestras vidas guíados por modos, usos y pautas determinados previamente por extraños poderes que, por una razón u otra, pretenden dirigir nuestra opinión. Pretenden condicionar nuestro pensamiento. Podríamos hablar -y escribir- muchas horas acerca de esa pesadilla llamada pensamiento único. A veces, incluso, de forma amena y documentada. Sin embargo, no pienso castigaros -a punto ya de expirar el mes de Julio- con nada de esto. Al menos en forma de tesis doctoral.

Sin embargo, existen ejemplos muy concretos de este afán igualitario que, acerca de nuestras ideas u opiniones, tienen muchos forjadores de opinión. Por ejemplo, el estío -calor, sopor y siesta- es el espacio adecuado para tratar de la canción que le es propia: la llamada Canción del Verano. Suelen ser cancioncillas alegres y ligeras, de esas de las que -un día cualquiera- te sorprendes tarareando en el trabajo o en la ducha.

Sin embargo, este año, la Canción del Verano lleva un plus añadido de interés. Se trata -algunos ya lo habréis adivinado- de Amo a Laura, esa tonadilla pegajosa y retro, directamente patrocinada por uno de los grandes popes del mundo audovisual: la Cadena MTV.

Amo a Laura tiene una historia breve, pero a la vez muy clara y ejemplarizante. A la Cadena MTV no le gusta ese aspecto de los valores religiosos que impone la castidad prematrimonial. La Cadena MTV entiende que la castidad prematrimonial es un valor socialmente deleznable. Tan deleznable, que merece un derroche de creatividad, medios y mucha -muchísima- mala leche como para organizar una campaña en torno a esta tonadilla. Una campaña, por otra parte, que además de convertirse en estandarte ideológico , es también un negocio. Una máquina monumental de fabricar dinero. Eso es lo bueno que tiene el progresismo español. Que cada vez que alza una bandera por una causa, esa causa suele generar muchísimo dinero. Y esta chamba siempre dentro de la más respetada y respetable ortodoxia progre.

La Cadena MTV no quiere que exista un conjunto de españoles con una convicción íntima y personal en la castidad prematrimonial. Y como no quiere que existan, los ridiculiza. Yo no soy -ni he sido- en absoluto, partidario de la castidad prematrimonial. Los falangistas no entramos en vida sexual de las personas. La cuestión de cómo, con quién, cuándo y dónde queremos ejercitar nuestra libertad sexual no entra dentro de los asuntos que, de forma prioritaria, nos interesen en la España del principio del Siglo XXI.

Sin embargo, tampoco soy partidario del abuso. Porque el derroche de medios y dinero destinado -exclusivamente- a ridiculizar una determinada postura moral es un abuso. Un atentado contra los sentimientos íntimos de un conjunto de ciudadanos. Un colectivo humano que, como tal, tendría derecho al respeto en sus convicciones privadas.

Frente a esto, se nos dirá que vivimos en un momento de libertad. Se nos afirmará, machaconamente, que la Sociedad ha perdido la antigua seriedad ante los valores absolutos, y que ahora podemos reínos de cualquier cosa públicamente y si, de paso se ganan unas perrillas, mejor que mejor. Sana pérdida de respeto y patente de corso para el humor caústico e irreverente. Esta sería una explicación razonable, desde luego. Y todos nos apuntaríamos a este tipo de crítica humorística: de sátira hiriente. Yo desde luego sí. Reirnos de todo y de todos...

Lo que ocurre es que es MENTIRA. Una mentira más propagada por los voceros del pensamiento único. Porque, si analizamos de quién acaban riéndose siempre estos heraldos del humor, llegamos fácilmente a la conclusión de que siempre se ríen de los mismos. Y es que esta es otra de las conclusiones a las que llegamos a través del estudio -muy somero- de la jovial España zetapera. Todo es admisible en este paraíso de libertades. Todo menos -por supuesto- meterse con algunas cosas, o con algunos colectivos.

Vamos a divertirnos... ¿os imagináis un Amo a Laura interpretado por una pareja del mismo sexo? Podría llamarse Amo a Cerolo y, a través de una letra pegadiza y un vídeo ocurrente -cosas ambas muy sencillas de hacer- aplicamos nuestro ingenio humorístico en una cancioncilla que ridiculice al amor entre personas del mismo sexo. La música la dejamos igual. La misma.

¿A qué es divertido y todos nos reímos muchísimo?

¿Se os ocurren otros Amo a Laura? Distintos al que suena este Verano. A mí sí. Sin embargo, no quiero ni imaginar lo que ocurriría -lo que ME ocurriría- si edito y propago la canción que os acabo de describir más arriba. Y es que, en esto de la Canción del Verano -y contra todo pronóstico- también existe la doble moral.

Otro ejemplo de doble moral -aunque en eso los socialistas nos han dado una alegría inesperada- es el de las guerras emprendidas por el Estado de Israel. Es una especie de amo a Laura pero a lo bestia. Las guerras emprendidas por nuestros amigos -los amables sionistas- nunca son simples guerras: son guerras defensivas. El Estado Hebreo nunca ataca a sus vecinos. Nunca masacra mujeres y niños. Nunca agrede. Nunca se expande violentamente. Nunca practica el asesinato selectivo. Nunca bombardea a la población civil. Nunca practica el terrorismo de Estado.

Lo que el Estado de Israel hace es practicar la guerra defensiva. Porque -es que no nos enteramos o no queremos enterarnos- si el Estado de Israel tiene -alguna vez- que sacar las uñas y machacar a los países que le rodean, es porque alguien tiene la culpa. La culpa de los bombardeos la tienen los propios bombardeados, y eso sólo porque no se dejan ayudar. Guerras defensivas contra palestinos sanguinarios, feroces y desalmados. Movimientos palestinos que no aceptan -intolerantes- que les hayan robado una patria.

Y si se nos ocurre afirmar lo contrario, seremos unos antisemitas, tal y como ha tenido la desvergüenza de afirmar el Embajador de Israel en España. Antisemita. ¿Por qué este Señor viene a insultarnos a nuestra propia casa? ¿Os imagináis un Amo a Laura cantado por dos ocupantes ortodoxos de una colonia en la franja ocupada? ¿por dos rabinos? ¿por qué no? Son constantes las chancetas que tienen como protagonistas a obispos, cardenales y curas.

Lo que ocurre es que, como en Amo a Laura, existen dos varas de medir. La sociedad actual nos enseña una lección inapreciable. Podemos -y debemos se insiste- reírnos de todo. Pero que ese todo caiga de nuestro lado de la balanza porque, como no sea sí, nos veremos inevitablemente vejados, mofados y corridos. Y ello porque, parafraseando una palabra muy utilizada en el discurso zetapero, estamos ante una asimetría en el humor. Dios -y Laura- nos coja confesados.

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