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CERRANDO CICLOS Y ABRIENDO ESPACIOS DE DIÁLOGO (13/IV/11).

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 TAGS:undefinedLa vida es como un libro que se lee por primera vez. No se puede iniciar un capítulo nuevo sin terminar antes -por lógica- el que se está leyendo. Las personas necesitan cerrar etapas agotadas antes de abrir otras. Pasar la página de un capítulo que ya se ha terminado. Eso es -ni más ni menos- lo que estamos haciendo con el nacionalsindicalismo. Porque los falangistas conscientes sabemos que está terminando una etapa histórica de nuestro movimiento. Una etapa marcada por el retroceso, la derrota y la absoluta falta de objetivos y de planes coherentes de actuación. Un capítulo antiguo y releído que necesitamos cerrar cuanto antes porque -inevitablemente- ese es el único medio que tenemos no sólo de sobrevivir, sino de avanzar posiciones.Por esta razón, he apoyado y promocionado el Manifiesto de Refundación aparecido la semana pasada. Creo que es necesaria una transformación radical de nuestro entorno político. Terminar con estos esquemas partidarios agotados y reformular -con la base humana más amplia posible y sin importar la procedencia que tenga cada uno- un conjunto de principios prácticos que permitan nuestra consolidación como alternativa política viable, fortalecida e integrada. Tiempo habrá -y seguro que muchas oportunidades- para discutir de las cuestiones suscitadas por el Manifiesto. Y es que, precisamente, la clave de todo este proceso se encuentra en el debate público y democrático de todas las grandes y pequeñas cuestiones que nos afectan. La idea que preside el Manifiesto es que todos juntos podemos debatir de estos asuntos y llegar a los acuerdos oportunos en función de los objetivos políticos descritos. Y todo debate necesita un ambiente adecuado de tranquilidad y de sosiego que permita el diálogo entre todas las partes. Tranquilidad y sosiego incompatibles con determinadas actitudes que -entre todos y yo el primero- hemos contribuido a implantar en los últimos años.

Estoy convencido que el proceso de refundación necesita un ambiente idóneo de debate. Una idoneidad que sólo puede conseguirse a través de gestos y medidas tendentes a la pacificación en nuestras filas. Estoy muy lejos de creer que nuestras iniciativas judiciales han sido estériles, ya que han servido -sin duda alguna y desde finales de 2.008- para ampliar la base democrática dentro de las siglas históricas. Sin embargo, ha llegado el momento de serenar los ánimos. Por mí parte -y seguro que tampoco por la de ninguno de los promotores y adheridos del Manifiesto- no van a faltar los esfuerzos que nos acerquen a este fin. La ferocidad cainita de la que se ha hecho gala en los últimos años ha dado lugar a un ambiente general de cansancio y hastío que dificulta enomemente un posible entendimiento entre los sectores implicados. Esto tiene que terminar y alguien debe dar el primer paso, porque todos somos necesarios en esta nueva fase que ahora se abre. Todos debemos ser capaces de sentarnos en torno a una misma mesa y de escucharnos educadamente los unos a los otros.

Por esta razón, quiero PEDIR PERDÓN PÚBLICAMENTE a todos aquellos falangistas que se hayan podido sentir ofendidos por algunas de mis actuaciones en defensa de mis puntos de vista. En especial, me dirijo a todos aquellos falangistas que respaldan la línea oficial de FE-JONS y que apoyan a su actual Junta Nacional, los cuales se han visto -muy a menudo- atacados por mis iniciativas. A personas tales como Jorge Garrido, Norberto Pico o el propio Diego Márquez Horrillo. Correlativamente a esta intención, y conforme a lo anunciado en el Manifiesto de Refundación, he comenzado a desistir de acciones judiciales dirigidas contra alguna de estas personas.

Lejos de lo que se ha afirmado -hasta la saciedad y sin ningún fundamento racional- yo no odio -ni tengo ninguna clase de enemistad personal- ni a Jorge Garrido ni a ningún otro falangista. Mis discrepancias son puramente políticas y, por esta razón, pienso que deben ser reconducidas a unos cauces puramente políticos y lógicamente sosegados. Ese sector del partido se enfrenta -en el próximo mes de Junio- al  proceso de sucesión de Diego Márquez. Pienso que debemos dar un margen de confianza a la Junta Nacional de FE-JONS en lo tocante a la organización de un proceso electoral libre y no excluyente que, en todo, pueda beneficiarse de este nuevo ambiente de concordia y pacificación. Esta tranquilidad debe servir a este objeto de procurar una organización tranquila de este proceso sucesorio. Ello no significa que, en todo momento, nosotros dejemos de  vigilar el estricto cumplimiento de las leyes por parte de la Junta Nacional Saliente o, por supuesto, de mostrar nuestro rotundo apoyo a cualquier clase de candidatura alternativa a la que, impuesta desde arriba, pretenda aprobarse sin oposición dentro de este período sucesorio. Así lo enuncia el Manifiesto Refundacional, y todos debemos procurar crear las condiciones que predica.

Estoy cerrando ciclos y poniendo un punto y aparte a muchas cosas. Eso es lo que, sin duda, necesita nuestro entorno político en estos momentos importantes. 

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