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UNA CIERTA MIRADA SOBRE ESPAÑA. NAVIDAD 2.014.

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 TAGS:undefinedEste año no pensaba escribir por Navidad. Estoy sumergido en las aguas profundas de la promoción de mi libro Parada de Postas, y estoy saturado de mí mismo, de mis columnas, de mis opiniones y de mi manera de expresarlas. Esa es la razón por la que llevo varios meses sin escribir y por la que, en este año, no haya escrito demasiado ni demasiado bien. Me estoy replanteando si seguir o no escribiendo después de esta parada de postas. Pero vuelve a ser Navidad. Y escribo.

Se nos ha vuelto a colar la Navidad por los resquicios de nuestro desconsuelo. Irving Berlin y los abetos engalanados de nostalgia. La  melancólica elegancia de las canciones que, año tras año, sabemos escuchar en la creencia de que el mundo puede ser mejor. Y por qué no va a poder ser mejor si hay mucha gente trabajando en ello. Un mundo más feliz que, como todos los años, parece nacer en cada esquina iluminada de nuestro corazón. Una vida tranquila y satisfecha que surge de las brumas de nuestras incertidumbres cotidianas.

Navidades de 2.014. Yo he resuelto hace mucho el problema sencillo de estas fechas, del vacío doloroso de la soledad y de la pérdida. La Navidad como constatación de la propia derrota y del fracaso de lo que quiso ser mi vida. Pero también la de la Navidad como digno combate de los que nada tienen: de los que quieren que este mundo -que este maldito, injusto y triste mundo- se transforme en algo hermoso y habitable. Porque la marcha de las cosas nos ha enseñado que la soledad y la derrota van, muy a menudo, de la mano de un sufrimiento digno y de una lucha permanente. Esa es la lección que muchas, muchísimas, personas nos han dado todos estos años oscuros. Todo un mundo se ha hundido, pero muchas personas quieren -queremos- construir otro. Y lo hacen -lo hacemos- con tenacidad férrea y con ilusiones renovadas. El lado luminoso del terrible reverso de la pobreza y de la recesión.       

A lo mejor, es una simple cuestión de saber mirar, y de encontrar qué es lo que hay detrás del baile feliz de una niña en un Starbucks la mañana de un 24 de Diciembre, o de la sonrisa de la chica que te atiende en la caja del supermercado. Encontrar el sentido de esa conversación de amigas en la mesa de al lado, o de la prisa que parece mostrar aquella persona en elegir sus compras. Una mirada sobre la vida cotidiana de España. Una mirada sobre los rostros de nuestros compatriotas, y sobre sus risas y sus miedos, y sobre sus tristezas y sus penas y sobre sus anhelos de cambio. A lo mejor, la Navidad no es más que una simple cuestión de saber observar con ternura, y de ser muy consciente de que la esperanza puede estar escondida entre las rápidas frases de ese chico que discute acaloradamente por teléfono, o también entre las lágrimas silenciosas e invisibles de aquella señora que pasea entre los escaparates dorados de un enorme centro comercial. Al final, y entre tantas palabras escritas y entre tantas ideas barajadas, resulta que la Navidad no es más que eso. La Navidad que nos funde no sólo con el dolor colectivo de nuestros ciudadanos, sino también con su alegría ancestral. Dolor y luz en estos días de cambio.

Navidad 2.014. Tal vez, sea una cuestión de saber mirar, y también de saber indudablemente un puñado de cosas ciertas. Yo tengo la suerte de saberlas. A mí me gustaría comenzar otra vez y volver a sentir las mismas cosas. Las mismas cosas que sentí cuando todo parecía posible todavía, y cuando la vida no se había convertido en esta extraña y triste sucesión de sinsentidos y de circunstancias absurdas. Las mismas cosas que sentí cuando la Navidad fue, de verdad, la Navidad, y cuando todo parecía encajar en un orden perfecto de las cosas. Al menos tengo la suerte de saberlo. Ese puñado de cosas por las que merece la pena haber vivido, y que compensan absolutamente el presente oscuro. Que me hacen olvidar el daño que me han hecho, y a saber perdonarme del que yo pude hacer. A la larga, tal vez sea eso lo que nos han dejado todos estos años tenebrosos. Una mirada tierna sobre estas cosas verdaderas, y la promesa cierta de un mundo nuevo más feliz.

Feliz Navidad.     

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