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COMIENZO A PUBLICAR EN "DIARIO DE LA SIERRA" MI COLUMNA "EL ATRIL"... DEBEMOS OPONERNOS A ESTE PGOU (12/X/09).

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 TAGS:undefinedAntes de que comencéis a leer mi Columna, me gustaría agradecer a la Dirección de "DIARIO DE LA SIERRA" la oportunidad que me ha brindado de poder escribir en sus páginas. En estos tiempos de crispación e innecesario sectarismo, resulta edificante comprobar como siguen existiendo Medios de Comunicación no sólo auténticamente independientes, sino también pluralmente abiertos y dispuestos a publicar colaboraciones de ideología diversa. Dicho esto, pasemos a hablar de algo infinitamente menos agradable y más ingrato. Porque hoy voy a hablaros de urbanismo en San Lorenzo de El Escorial.

El modelo urbanístico que -desde las distintas Corporaciones Municipales de la Sierra Noroeste- se está implantando en nuestros Municipios contradice -de manera frontal- los criterios más elementales de crecimiento sostenible... de la lógica de un desarrollo urbanístico equilibrado. En definitiva, este modelo de crecimiento serrano propuesto por nuestras Alcaldías -y alentado por un en exceso cicatero PORN de Guadarrama- constituye un atentado a las razones que -de un modo u otro- nos impulsaron a vivir aquí... a elegir este rincón del mundo como propio. Gente como yo -muchos centenares a lo largo y ancho de la Sierra- que eligió la opción de vida de los pequeños Municipios y de la inmersión en una Naturaleza siempre circundante. Que escogió un modelo económico basado en el predominio del sector servicios y en una muy moderada tasa de crecimiento poblacional.

Obviamente, estas no son las propuestas urbanísticas realizadas por los distintos Ayuntamientos serranos. Por eso, resultan -cuanto menos- lesivas para nuestro estilo de vida. Creo que el Hombre -con mayúsculas y considerado como base fundamental de cualquier sistema político aceptable- encuentra su directa proyección en su entorno inmediato, y que ello le confiere unas peculiares características ciudadanas. Por esta razón, todos convendremos en la circunstancia indudable de que el ciudadano de los Municipios de la Sierra ha venido desarrollando sus hitos vitales dentro de determinadas -y muy concretas- condiciones medioambientales. Estas condiciones concretas son las que están siendo modificadas a través de estas actuaciones urbanísticas, las cuales están transformando -de manera irreparablemente negativa- nuestro modo de vida. En eso -precisamente- consiste el tan traído y llevado desarraigo... en esa transformación de nuestros caracteres propios obtenidos por nuestra relación con el lugar y el tiempo, y en su sustitución por un modelo social uniforme y alejado de nuestra identidad indiscutible.

Identidad propia que salta hecha pedazos ante los propuestos pueblos sobredimensionados, los focos industriales transplantados de un sitio a otro, la creación artificial de núcleos urbanos distantes decenas de kilómetros del núcleo urbano central, el aprovechamiento inverosimil de cada metro cuadrado disponible para construir -aún a riesgo de dañar irreparablemente el medio natural- un número elevadísimo de Viviendas... tantos y tantos factores negativos.

Y es que estas fórmulas de desarrollo han encontrado su máximo apogeo en el modelo económico que se estaba propugnando en España antes de la recesión capitalista. Un modelo basado en la construcción desaforada de inmuebles a lo largo y ancho de toda nuestra geografía y en la concesión fácil de créditos bancarios. Un modelo basado en la multiplicación constructora y en el beneficio quintuplicado de forma rápida, fácil y segura. Justo el modelo que ha quebrado y que -en estricta lógica- jamás volverá a presidir nuestra vida económica. Sin embargo, nuestros Ayuntamientos se empeñan en mantener al muerto vivo reproduciendo una y otra vez -y como un talismánico mantra- los viejos usos que -para incrementar de forma fácil las arcas municipales- resultaban efectivos hace tan sólo un par de años. Modelos urbanísticos inválidos dentro de una economía extinguida, y mantenimiento de la fórmula mágica al resistirse a creerla muerta.

El PGOU avanzado por la Corporación Municipal de San Lorenzo de El Escorial constituye un claro ejemplo de estos modelos urbanísticos sin vigencia. El anterior avance fue altamente criticado por organizaciones políticas y sociales de nuestro Pueblo. El nuevo ha replanteado el debate, si bien sobre objetivos constructores mucho más modestos que los que motivaron las primeras protestas. Sin embargo, esta menor presión constructora no supone -ni muchísimo menos- una disminución del peligro que se cierne sobre la seguridad medioambiental de nuestro Municipio ya que -como si de siniestras previsiones se tratara- el Ayuntamiento se reserva la posibilidad de construir en el futuro en zonas que, si bien no son de inmediata ejecución, son objeto de fijación futura de circunstancias legales que podrían ser aplicadas después en condiciones más favorables. Eso -entre otras cosas- es lo que ocurre con nuestro nuevo Plan... que viene a aprovechar la posibilidad de construir en pequeños espacios disponibles dentro del núcleo urbano (Jardín de las Carmelitas, Los Tilos...), así como a garantizar la posibilidad e hacerlo en el futuro, aunque ahora mismo sea esta actuación inviable por causa de la situación económica.

En especial, eso es lo que ocurre con el famosisísimo paraje Monesterio. El mismo de nuestras esfuerzos opositores en la anterior legislatura -¿recordáis la barbaridad de las siete mil viviendas?- que ahora queda clasificado como suelo sectorizado... así parece que se está abriendo la puerta a desarrollos posteriores. No van a desarrollar ese megaproyecto faraónico, pero queda reservadito para lo que pueda pasar.

El nuevo PGOU define un futuro para San Lorenzo en todo punto alejado de la idea de pequeña ciudad que estimamos adecuada a nuestro Pueblo. Muchos de nosotros todavía seguimos queriendo vivir en un pequeño municipio, caracterizado por el desarrollo de las empresas de servicios y del turismo, así como plenamente enmarcado en su contexto histórico, cultural y medioambiental. Nuestra Corporación no cree en ese modelo de pueblo. Avanza resueltamente hacia un sistema urbano más amplío y complejo. Sobredimensionado y -de todo punto- artificial.

Lo hemos explicado por activa y por pasiva. Ya lo dijimos en las últimas Elecciones Municipales incorporando nuestra posición al respecto en el Programa del PSLDE (el famoso Pacto por San Lorenzo). Los falangistas decimos que NO al PGOU avanzado actualmente porque desconoce -a todas luces- la peculiar característica de nuestro entorno. El conjunto escurialense fue delimitado por Felipe II como un todo armónico. Un lugar en el que se fundían -desde una óptica unitaria- los distintos elementos arquitectónicos y naturales que lo integraban. Un conjunto delimitado por varias construcciones, todas ellas plenamente inmersas en el espacio natural: Monasterio propiamente dicho, La Granjilla de La Fresneda, Navalquejigo y Casa de las Cigueñas. En realidad, se trataría -al decir de los que más han estudiado este fascinante materia- del espacio comprendido dentro de La Cerca de Felipe II. Se trata de un entorno único, el cual desaparece -en su conjunción unitaria y en su perspectiva histórica- si se lleva adelante este PGOU.

Y como este conjunto cultural se encuentra dentro de los términos municipales de distintos Ayuntamientos, los falangistas creemos -como cuestión de fondo en nuestros motivos de oposición- que nos encontramos ante la necesidad no sólo de un Plan coordinado entre distintos Ayuntamientos, sino de una proyección urbanística plenamente consciente sobre la verdadera naturaleza de nuestros espacio escurialense. Puestos a pedir... apostaríamos por un único PGOU definido entre varios Ayuntamientos y aplicable a todas las demarcaciones respectivas. Y también un Plan Intermunicipal de Protección. Tendríamos así una oportunidad única: no sólo la de preservar y proteger nuestro legado cultural, sino también la de convertirlo en una realidad viva y dinámica. Convivir con el espacio escurialense e incorporarlo respetuosamente a nuestro desarrollo. A nuestra forma de vida.

Se ha dicho que para nuestro actual gobierno municipal, el legado de la Casa de Austria como una especie de reserva sioux. Un mamotreto cultural respecto al que se tiene la pesadísima obligación de conservar sin construir, y ello en medio de un oceáno de nuevas urbanizaciones, entorpeciendo el correcto desarrollo urbanístico del Municipio. Ojeando el Avance del nuevo PGOU uno tiene la sensación de ser esa -precisamente- la concepción que se tiene desde arriba de este elemento único del mundo occidental.

Después, existen muchos y varíados motivos para decir que no. El desarrollo del paraje conocido como Miravalle o SAU II. Mediante esta serie de construcciones (para centrar al lector se trata de la Carretera que va desde El Valle de los Caídos hasta Collado Villalba) se pretende constituir un nuevo núcleo urbano separado quince kilómetros del centro de nuestro núcleo urbano originario. Esta barbaridad incrementará nuestra población, y hará necesarias nuevas dotaciones e infraestructuras no suficientemente detalladas. Un proyecto que endurece la presión medioambiental de nuestro entorno y supone la acometida de nuevas e innecesarias reformas en orden a nuestro transporte público, el casi necesario desdoblamiento de la M-600 y, en general, la consagración de un modelo económico municipal basado en el ya agotado ladrillo, pero no en nuevas políticas imaginativas de empleo y desarrollo sostenible.

Los falangistas vamos a oponernos a este nuevo PGOU de la misma forma que ya nos opusimos al anterior. Ya hemos presentado alegaciones al avance. En mayor o menor medida -y siempre de acuerdo a nuestras escasas fuerzas- nos seguiremos opondiendo a este texto en su redacción actual. Pero no se trata -en última instancia- de una cuestión política, o de algo que sólo afecte a tal o cual partido. Se trata de algo más profundo y esencial. Es la defensa de un modelo de vida... de una forma de entender nuestro entorno y de condicionar nuestro desarrollo común en el futuro. Algo que -sin duda- nos afecta a todos, y algo en lo que debemos luchar todos -sin innecesarias exclusiones- los que creamos en un modelo alternativo al planteado.

Este carácter suprapartidario de esta actuación opositora favorece la constitución de plataformas o entes colectivos de lucha ciudadana que, agrupando los esfuerzos de todos, plantean interesantes inciativas de defensa frente a la aprobación del PGOU. Tal es el caso de la llamada Plataforma Ciudadana Escurialense, recientemente constituída para coordinar las distintas iniciativas de oposición al PGOU dentro de nuestro Municipio. Claros y oscuros de esta lucha ciudadana. Porque otra vez se nos habla -por parte de este ente ciudadano- de la necesidad de que los políticos no entren en esta Plataforma. Nosotros no podemos menos que desconfíar de esta clase de afirmaciones. En primer lugar, porque el acto de redactar y de aprobar un PGOU es tan político como el acto de oponerse a él. Se trata de política en estado puro. Y en segundo lugar porque, generalmente y por desgracia, estas llamadas al apoliticismo están destinadas a impedir la entrada en estos colectivos de todos aquellos políticos que -por un motivo u otro- no merecen la aprobación de sus promotores.

Por ejemplo, los falangistas sufrimos este tipo de actuaciones discriminatorias dentro del extinto Foro Ciudadano Escurialense. En aquel Foro -y a pesar de que el falangismo serrano colaboró lealmente en sus iniciativas- entidades como Entorno Escorial proclamaban su carácter apolítico y, al mismo tiempo, vetaban la presencia en el mismo de los falangistas. Qué desperdicio en los siempre escasos recursos humanos y materiales de este Foro y qué tremenda contradicción con el pretendido carácter abierto de estas entidades ciudadanas. Sobre todo cuando los mismos que te vetan no tienen ningún empacho en aparecer en la fotografía -siempre que se les llama para ello- junto a lo más granado de la extrema izquierda serrana -comunistas pulidos y sin pulir, violencia antifa, okupas- apoyando expresamente alguno de sus aquellarres. Curioso. Uno tiende a plantearse que es lo que -de verdad- preocupa a estos luchadores medioambientales: si esa suma de fuerzas en aras de un objetivo común... esa suma que nunca se cansan de predicar pero que -en ningún caso- procuran con su ejemplo o -sencillamente- la lucha más amplia por objetivos políticos de acoso a los equipos municipales gobernantes en nuestros Municipios, siendo esta faceta de rechazo a los PGOU sólo una más dentro de esta estrategia general.

Sea como fuere, conviene a nuestra salud democrática que parte de los integrantes de este tipo de plataformas -sólo parte porque dentro de ellas hay mucha y buena gente- consigan desprenderse de esa cutre -cutrísima- capa de pelo de la dehesa que cubre sus prejuicios políticos. Tal vez así consigan darse cuenta del hecho de que esta lucha nos afecta a todos... de ser los recursos limitados y las ayudas siempre bienvenidas. Y de tratarse de una de estas raras cosas que nos unen a todos en aras de un objetivo social positivo. Mientras tanto, los falangistas de la Sierra Noroeste -una vez más y estemos solos o acompañados- lucharemos frente al PGOU de San Lorenzo.

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