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COSAS DE AQUÍ (MAYO 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 174 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Bajo el denso manto de tranquilidad aparente que cubre nuestro Pueblo -integrado por la inamovible mayoría absoluta del Partido Popular en el gobierno- surgen, a veces, asuntos de interés público que denotan que las cosas no son -o no están- tan tranquilas como parecen. Situaciones políticas y sociales de especial relevancia y de inesperadas consecuencias. Cosas que -inesperadamente- nos revelan que bajo esta apariencia de calma chicha existen tensiones de diverso origen y de aparición inesperada. Explosiones de ira que, la verdad sea dicha, no dejan de ser una inquietante señal de que algo no marcha tan bien como debiera. Inusitada violencia que salta a una mínima chispa que la provoque.

Por ejemplo, el pasado Sábado -el día 2 de Mayo nada menos- habíamos sido convocados por un grupo de vecinos aficionados al teatro -sin ningún matiz político o partidista- con la finalidad de solicitar la reapertura de nuestro Real Coliseo "Carlos III". Solicitar la reanudación de la programación de temporadas teatrales de las que, desde hace aproximadamente tres años, nuestro Teatro está privado. El problema parece ser de naturaleza económica. Ni resulta ser una actividad mercantil rentable, ni se cuenta con los fondos necesarios para la puesta en marcha de una sólida programación anual y estable. Sea como sea, es necesario recabar el necesario auxilio institucional de naturaleza económica, a los solos efectos de conseguir el rescate de este espacio cultural sanlorentino. Bien sea a través de la explotación privada o por medio de una directa intervención pública. Cosas mucho peores se hacen con nuestro dinero. Lo cierto es que el Carlos III no debe morir. Forma parte de nuestra propia esencia como Municipio y no puede permanecer cerrado un año más.

Y así, el día 2 de Mayo nos congregamos en la puerta del Teatro a las 13,30 horas. En plena Calle Floridablanca en un día de gran afluencia no sólo de nuestros propios conciudadanos, sino también de extraños. El buen día favorecía la llegada de turistas. Lo que allí vimos no sólo fue sorprendente, sino increíblemente desagradable y -a todas luces- absolutamente desproporcionado. Resultó que, por causa de la simple presencia de los asistentes a este sencillo acto cultural, se personaron efectivos de nuestra Policía -nuestra Policía Municipal- y comenzaron a despejar la vía pública con una dureza inusitada. De forma absolutamente maleducada y descortés -incluyendo empujones y demás muestras de contacto y presión física- los Agentes que intervenían fueron arrinconando a los asistentes sobre la acera del Teatro, al objeto de dejar libre al tráfico la Calle Floridablanca. Yo desconozco los términos fijados para ese acto público por la Delegación del Gobierno de Madrid. No me he enterado de los límites físicos de la Concentración, y no sé si la misma comprendía la posibilidad de ocupar el centro de la Calle o no. De lo que sí puedo estar seguro -porque lo ví- fue de la absoluta falta de educación de la que se hizo gala para una tarea policial tan simple como aquella. De lo que sí puedo dar fe -porque lo ví- fue de los ademanes y gestos esgrimidos por el responsable de la Fuerza Actuante que, en todo momento, colaboró a generar una inusitada tensión en un ambiente muy poco propicio a la misma. Para los que no pudistéis ver aquello, tan sólo tenéis que imaginar el tipo de público asistente a este acto. Personas mayores o de mediana edad que -en absoluta justicia y verdad- fueron en ese momento -como lo son en todos- absolutamente respetuosos con las leyes y con las indicaciones de las autoridades competentes, y con un perfil absolutamente distinto al del alborotador callejero o al de -pongo por caso- una peligrosa reunión de skinheads. Y frente a estos ciudadanos, se generó una situación de innecesaria agresividad y de inaudita mala educación.

Porque partiendo de una premisa absolutamente normal y propia de estas fuerzas policiales -como es la de dejar libre y expedita una vía pública mediante el desplazamiento de unas pocas personas hacia el lado de la acera que corresponde a los peatones- quedaron al descubierto unos modos asombrosamente extraordinarios e inadecuados para la clase de intervención que se estaba realizando. De esta forma -y yo pude ver la cuestión y sufrirla- sólo por buena suerte no ocurrió algo peor... como hubiera podido ser -por ejemplo y directamente motivada por esta súbita violencia inesperada- una caída o herida de alguno de los convocantes o -sin más- una situación de conflicto generado -ni más ni menos- por estas peculiares soluciones a un problema tan simple.

Y dentro de lo triste... la anécdota graciosa. El responsable de la fuerza diciéndole a mi Camarada Jorge Herranz -antiguo militante falangista a pesar de su juventud y también preocupado por el estado del Teatro- que el que sobraba en el Pueblo era él, en referencia a los gritos y exclamaciones que, desde varios sitios, se dirigían a los Agentes Actuantes, y siempre en el sentido de decir que esos modos sobraban en un sitio y ocasión como aquel. A pesar de que eran muchas -muchísimas- las personas que exhortaban al Agente a adoptar un comportamiento adecuado, éste sólo miró -y se dirigió- al identificado falangista que, por lo demás, fue en todo momento un ejemplo de buena educación y de paciencia. La misma buena educación y paciencia que tuvimos todos los asistentes frente a esta inesperada intervención. Los falangistas -ya se sabe- parece que llevamos la señal sobre la nuca.

A la vista de lo que ocurrió, surge la necesidad de una exhaustiva revisión de los protocolos de actuación de las fuerzas policiales locales en los actos públicos y en las concentraciones políticas. Lo que pudimos ver el otro día -dejando al margen calificaciones más subjetivas y propias- no sólo fue asombroso, sino que pudo haber acabado de peor manera.

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