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LA CRISIS DEL ESTRECHO DE KERCH.

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 TAGS:undefinedA través de la Revolución de Maidan (Noviembre de 2.013 a Febrero de 2.014), los ucranianos alejaron a su país de la órbita política del Presidente Putin y de la dictadura imperialista rusa. Se trató de un movimiento político ciudadano de amplio espectro. Movimiento que, por otra parte, ha sido muy desconocido por la opinión pública española. Los voceros de la propaganda rusa han presentado estas jornadas revolucionarias como un auténtico Golpe de Estado de carácter extremoderechista: una revuelta neonazi encaminada a arrojar a Ucrania en los brazos sionistas de la Unión Europea.

En realidad, la Revolución de Maidan constituyó una actuación coordinada de diversas fuerzas políticas de muy distinto signo ideológico, si bien unidas por una indudable vocación europea y por un más que evidente carácter democrático. Se llevó a efecto un movimiento profundamente popular que alejó a Ucrania de la órbita de su vecino ruso. Desde la Revolución, los ucranianos han dejado clara su intención de no querer formar parte de la alineación estratégica rusa y han tomado los pasos políticos necesarios para ello. Los ucranianos han dejado muy claro que no quieren ser rusos, y han declinado firmemente el honor de formar parte de la esfera de influencia rusa.

Lógicamente, eso no ha gustado al Zar Negro Putin ni al aparato militar industrial que sustenta su Dictadura. La reacción rusa ha sido tan ilegítima como inevitable. Dos fueron las principales consecuencias de la Revolución de Maidan.

La primera, fue la agresión rusa materializada en el apoyo militar y económico a las facciones separatistas del Este de Ucrania, y en la creación artificial de las republicas títeres de Donetsk y de Donbáss. Ello trajo consigo la tragedia de la guerra que, hasta el mismo día de hoy, asola el Este del territorio ucraniano. La segunda fue la anexión militar por parte de Rusia de la Península de Crimea. Ambas acciones militares son contrarias no sólo a la soberanía y a la integridad territorial de Ucrania sino también a la legalidad internacional.

Los españoles podemos hacernos una fácil idea de lo que está ocurriendo en Ucrania. Es muy fácil de comprender a través de un ejemplo hipotético que nos resulta de muy sencilla comprensión.

Imaginemos que la República Francesa -un vecino fronterizo de enorme fuerza militar y de potencia nuclear- decide apoyar militarmente a los independentistas catalanes y, con la inapreciable ayuda de su Ejército y de sus inagotables provisiones de armamento y medios financieros, apoya la creación de una República Catalana independiente. Los franceses arman a los independentistas, proclaman la República y organizan incursiones bélicas desde su territorio contra el Ejército Español. Además, y al objeto de garantizar sus intereses estratégicos, Francia procede a ocupar militarmente el País Vasco anexionándolo directamente a su propio territorio y proclamándolo como una provincia más del país galo.

Pues eso es, ni más ni menos, lo que ha venido ocurriendo en aquel lugar del mundo durante los últimos cinco años: una intervención expansionista de un país vecino que agrede a la integridad territorial de Ucrania y a su propia estabilidad política y financiera. Y como corolario de esta actuación bélica, el Régimen de Putin utiliza su todopoderosa maquinaria desinformativa a fin de dotar de una cierta cobertura ideológica esta sinrazón del militarismo expansionista. De esta suerte, se intenta presentar a los ucranianos como agresores -nazis sedientos de sangre rindiendo vasallaje a los plutócratas de la Unión Europea- frente a la opinión pública, mientras que los rusos se eregirían como únicos valedores de la paz y de la democracia en Europa. Y lo verdaderamente curioso es que Occidente está repleto de propagandistas de esta tiranía: curiosos personajes que, por razón de sus creencias sinceras o por causa de un oro de Moscú cuidadosa y profusamente distribuído, sirven de altavoz a la grandilocuente megalomanía de Wladimir Putin.

Los acontecimientos actuales en el Mar de Azov no son más que otro episodio en esta estrategia de acoso. Rusia ha cerrado la comunicación, a través de una maniobra ilegal de bloqueo marítimo, de los puertos ucranianos del Mar de Azov con el Mar Negro: la construcción de un puente sobre el Estrecho de Kerch ha supuesto el cierre de facto de esta arteria vital para la economía ucraniana. Un paso más en esta siniestra escalada de acoso y derribo a la República de Ucrania. Europa debe responder de manera coordinada y enérgica frente a los excesos militares del Régimen Ruso. Esa es la lección que nos ofrece el Pacto de Munich de 1.938: que o se opone una frontal resistencia al expansionismo de una Dictadura o que mañana podremos ser cualquiera de nosotros. Enseñar a Rusia que los litigios fronterizos no se resuelven embistiendo embarcaciones, pegando tiros e hiriendo a marineros ucranianos y que los usos y modos de la legislación internacional deben ser repetados.

En 2.018, Ucrania es la primera línea de combate frente a la tiranía.

 

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