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DEBATE LIBRE Y PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA EN EL NACIONALSINDICALISMO (DICIEMBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedA todos aquellos de nosotros que -de manera periódica y constante- nos dedicamos a la crítica de las actuales líneas de actuación política y práctica de las organizaciones falangistas, se nos pide -muy a menudo- que expliquemos nuestro propio modelo de partido. Cansados -hasta los mismísimos- de escuchar o de leer nuestras quejas incesantes -a veces parecemos plañideras contratadas en un funeral hindú- muchos Camaradas nos exigen hablar un poco menos y aportar un poco más. Mojarnos... en castizo. Explicar qué clase de proyecto es el que, en realidad, motiva nuestras intervenciones públicas. Y es muy posible que tengan razón y que todo esto necesite una mayor explicación. Dejando al margen -por supuesto- el intrínseco valor positivo de la crítica.

Porque debemos partir siempre de la base de ser la crítica, en sí misma, un elemento muy positivo en el lamentable estado actual de la cuestión. Una forma de plantearnos -de forma correcta y racional- no sólo las varíadas posibilidades de actuación política que todavía nos quedan, sino de valorar las consecuencias negativas y positivas -en el caso de que todavía existan estas últimas- de lo que se ha estado haciendo en los últimos tiempos. En otras palabras... la posibilidad de decir lo qué se piensa en lugares adecuados para ello, y siempre con el único límite que el marcado por las buenas formas y el respeto recíproco. Puntos ambos de los que -por cierto- no están demasiado sobrados sectores cada vez más estrechos de nuestro universo político.

En realidad, la posibilidad que los falangistas tengamos de opinar acerca de la marcha de nuestras distintas organizaciones -así como de procurar la realización de las transformaciones propugnadas- es algo directamente proporcional a la concepción -más o menos participativa- que tengamos del propio partido. Si lo que queremos es un partido moderno y auténticamente democrático, serán muy altas estas posibilidades de participación. Si lo que queremos es un partido conservador y fuertemente jerarquizado, serán muy escasas y limitadas estas vías de expresión internas.

Los que somos partidarios de una transformación de las viejas estructuras de las organizaciones en entidades abiertas y democráticas propugnamos un incremento ilimitado de las posibilidades de participación de los falangistas en los asuntos que les son propios, así como de expresión libre de ideas, opiniones, conceptos y proyectos políticos. Y ello no sólo dentro del círculo cada vez más reducido de la propia militancia de cada uno, sino en relación a todos los falangistas. Estén donde estén y siempre que tengan algo que decir.

Por esta razón, yo creo que la primera medida que bien pudiera proponerse -dentro de nuestras organizaciones- es la articulación de espacios de diálogo y de debate interno. Formas y maneras de discrepar sin que ello suponga un innecesario enfrentamiento entre falangistas. La crítica y el debate como puntos de reflexión y como indispensables instrumentos de trabajo. El debate entendido -claro está- como aportación deseable a la marcha interna del nacionalsindicalismo y como punto de partida de las transformaciones necesarias en nuestras organizaciones. No entendido como cubo de basura en el que practicar el insulto anónimo, el linchamiento público o la mentira sistemática e impune.

Este concreto aspecto de la actuación crítica es lo primero que llama la atención de lo que ha ocurrido en este año -importantísimo para tantas de nuestras cosas- de 2.009. Cuando se habla -en general- del estado interno de nuestras organizaciones, lo primero que destaca es la falta absoluta de tolerancia frente a la crítica. El ejemplo ha sido clamoroso y llamativo. El caso suscitado por nuestra posición adversa a la gestión de la Junta Nacional de Falange Española de las JONS -el trinomio formado por Márquez, Garrido y Pico- resulta en extremo concluyente. Ante opiniones expresadas desde una perspectiva estrictamente política -falangistas que nos hemos limitado a decir lo que pensamos acerca de los ejes de actuación tácticos y estratégicos del partido- se ha contrapuesto una extrañísima conjunción de elementos personales -afirmaciones vejatorias acerca de nuestra vida privada- o profesionales -expresiones insultantes sobre la vida profesional de los discrepantes- pero nunca se han defendido -seria y detalladamente- las orientaciones políticas criticadas por estos sectores disconformes.

El resultado no puede ser más claro. Ha quedado demostrada la absoluta incapacidad del círculo rector de FE-JONS de actuar como actúa una organización política moderna e integrada. Ello hubiera supuesto saber encarrilar las voces de la oposición por los cauces internos adecuados, y aprovechar las opiniones críticas para enriquecer el partido en vez de empobrecerlo. A cambio de esta posibilidad, se nos han ofrecido extrañas y confusas maniobras que -lejos de clarificar las cuestiones a debate- han llevado la crisis interna a límites de opacidad insospechados y -por descontado- innecesarios. Ocurre muy a menudo en los asuntos políticos que nos afectan: a cuestiones modernas y usuales en la vida interna de todos los partidos políticos -dudas fundamentadas sobre la gestión de un equipo rector- se responde mediante argumento anticuados - como es la invocación a la disciplina y a la jerarquía o el recurso a los simples insultos personales- que, por descontado, no contribuyen en nada a resolver el problema o a intentar -cuanto menos- una prevalencia de los aspectos positivos que podría tener un proceso de debate interno como el abierto en este 2.009 que se va. Soluciones antiguas frente a problemas modernos. Cerrar filas y fe absoluta en el mando frente a la compleja situación de los partidos políticos en los inicios del Siglo XXI.

Si lo que se pretende es un cambio de fondo en la marcha de las cosas, deberemos encontrar primero la manera de expresar y debatir estas nuevas ideas... de ponerlas encima de la mesa sin que -por ello- tengamos que recurrir a la acritud. Y es que -cuando una opción política atraviesa una crisis tan profunda como la nuestra- ha sonado la hora del debate. Hemos entrado en caída libre y, ante este triste dato, todo aquel falangista que tenga alguna idea no sólo debe expresarla, sino tener una manera efectiva de hacerlas públicas. No se trata sólo del arquetípico el que quiera decir algo que hable ahora o que calle para siempre, sino de contar con espacios adecuados para hacerlo. Sólo a través de ideas correctamente debatidas podrá ponerse en marcha la transformación que, dentro de nuestro peculiar ambiente político, estamos propugnando. Por tanto -y como idea inicial- debemos articular instrumentos que permitan esta confrontación creativa entre nosotros.

Los sectores más reaccionarios del nacionalsindicalismo nos dirán que esos espacios de debate ya existen. Lo afirman -sin ningún problema- como si aquello fuera una verdad eterna e inmutable. Desde estas posiciones ultraconservadoras, se nos aduce que toda discusión interna debe realizarse dentro de los órganos estatutarios establecidos para ello. Se trataría de debatir y de votar, por ejemplo, en el seno de una asamblea general o de un congreso nacional de militantes. Sin embargo, esta afirmación no sólo es profundamente cínica -en el casi siempre mal sentido de la palabra- sino que es clarísimamente insuficiente.

Es cínica porque la realidad nos enseña que no siempre puede disentirse de las posturas oficialistas dentro de estas reuniones partidarias, y ello porque suelen estar férreamente controladas por los máximos responsables del partido. A los últimos -y muy recientes- ejemplos me remito. Recordemos, sin ir más lejos, las maniobras de obstaculización de la oposición ejercitadas por la Junta Nacional de FE-JONS, limitando o excluyendo los derechos -no sólo voto sino también de propia asistencia y de información- a los miembros de la corriente opositora REGENERACIÓN 2.009. Estas maniobras excluyentes tienen la finalidad de que los opositores no puedan acudir al normal desarrollo de estos órganos estatutarios de decisión interna. De ahí se deduce -y con independencia de lo que los tribunales puedan determinar después- que la amplitud del debate en estos órganos estatutarios dependerá -en último extremo- de las concesiones que a esos efectos quieran hacer los respectivos responsables.

Pero es que os decía también que esta opinión es -lógicamente- insuficiente. Y ello porque toda discusión deviene inútil si no puede realizarse en el momento adecuado y oportuno, no pudiendo pedirse que estas inquietudes deban esperar a poder ser expuestas -como mucho- una vez al año. Toda corriente interna debe no sólo poder utilizar instrumentos adecuados de expresión de su opinión libre, sino que debe tener la oportunidad de hacerla llegar al mayor número posible de militantes. Sin límites cronólogicos y sin importar el momento en que estas opiniones se expresen. Entender esta cuestión de distinto modo supondría una obstaculización insuperable a este derecho que debe, por su propia naturaleza, poder ser ejercitado siempre que sea preciso dentro de cada organización.

El problema tiene más fácil solución de lo que parece. Y es que no hay más que articular distintos instrumentos internos de participación activa del afiliado. Mecanismos de fácil implantación y extremadamente útiles al fin perseguido. Citemos unos cuantos y con un valor meramente enunciativo.

Podría comenzarse por una total apertura a todo falangista a expresarse en los Medios de Comunicación oficiales de cada uno de los partidos. En este sentido -y como posición contraria- puede citarse la constante y reiterada actitud de Patria Sindicalista -órgano oficial de FE-JONS- de no publicar aquellas opiniones críticas al oficialismo imperante. Estas actuaciones no sólo no son conformes a los buenos usos democráticos internos, sino que tienden a desdibujar notablemente la realidad del falangismo. Se ofrece, frente al lector, la falsa idea de un partido unido dotado de una voz uniforme. Sin embargo, la realidad es bien distinta ya que, como es sabido, existen voces discrepantes. Y como los lectores acaban dándose cuenta de esta impostura, el efecto ocasionado es lamentable para los editores, sobre todo en lo tocante a la pérdida de credibilidad.

La solución pasa por abrir estos Medios de Comunicación escritos. Incluso por reservar -de forma obligada- un espacio fijo para la expresión de las ideas opositoras. La militancia puede tomar así conocimiento de las distintas ideas que se están barajando, y optar por apoyar a la que estimen justa. Sólo así puede entenderse la formación de una opinión libre y responsable en relación a los asuntos concernientes al presente y al futuro del nacionalsindicalismo.

Mención aparte merece la expresión de ideas en internet. Las Nuevas Tecnologías vienen a facilitar -como nunca antes había ocurrido- la libre expresión y debate de ideas de una forma ágil y mayoritariamente pública. La Red se ha convertido en el mecanismo más fácil de transmisión de estas ideas, si bien se han puesto de manifiesto sus evidentes -y gravísimos- defectos. Desde el anonimato, se insulta al disidente, y se organizan campañas de persecución y difamación sistemática de quienes no piensan desde el oficialismo. La última crisis de FE-JONS nos muestra como un pequeño grupo de militantes -siempre a través de la difamación- intenta poner freno a todos aquellos falangistas favorables a las corrientes opositoras. La campaña desatada es de tal virulencia, que no sólo sirve para perseguir a los disidentes declarados, sino para disuadir a otros a intervenir en el debate en el futuro.

La solución es también sencilla, y pasa por una triple vía: primero se establece un Foro -o Foros- de carácter oficial. Después, se extrema el cuidado en torno a la Administración del mismo, cuidando en todo momento del tono general de cada una de las intervenciones. Por último, se exige la suficiente identificación de las personas que intervienen, a los efectos de evitar no sólo la difamación anónima, sino de responsabilizar a los foreros de las opiniones expresadas. Todo foro público de contenido falangista -sea o no sea oficial- debería tender a estas premisas simples que, sin duda, mejorarían su normal funcionamiento.

A mi modo de ver, el conflicto entre el derecho al anonimato en internet y el derecho a la defensa frente a ataques ilícitos al honor, puede resolverse aplicando rígidas reglas desde la Administración de los foros. Quien insulta y no se identifica, no podrá intervenir. Quien insulta y se identifica, sufrirá las consecuencias de su proceder ilegal, siempre que la persona aludida desee emprender acciones judiciales de defensa de sus derechos. Estas medidas anularían -de facto- cualquier clase de campaña pública de persecución difamatoria como las sufridas últimamente por los sectores críticos a la actuación oficialista, y facilitarían un debate enteramente libre y responsable.

Un último conjunto de medidas se basaría en la posibilidad de apertura de mayores espacios físicos de debate, tanto dentro del partido como fuera del mismo. Dentro del partido, este ámbito de discusión podría incrementarse mediante el aumento de la frecuencia con la que se convocan y celebran asambleas y reuniones territoriales y nacionales y siempre -por supuesto- estableciendo un carácter general e ilimitado en la asistencia de los propios afiliados. Facilitar la voz y el voto, y no restringirlo a extremos ridículos. Fuera del partido, debe fomentarse la asistencia a los numerosos espacios de debate falangista creados fuera de las organizaciones -por ejemplo, Gallos de Marzo o CENS- en donde debatir las distintas ideas no ya sólo frente a los críticos de la propia organización, sino frente a todo falangista interesado en la marcha de las cosas. La práctica de los últimos tiempos nos ha enseñado que cuanto más democrática es una organización, menos inconveniente tiene en debatir fuera de sus estrechos muros. Por contra, cuanto más anticuada y rígida es una formación falangista, más inconvenientes presenta a la hora de intervenir fuera de su limitadísimo círculo militante.

Una serie de ideas de organización practicables y muy sencillas, que transformarían profundamente nuestro actual panorama de exposición y debate de ideas. Y en la creencia de que, antes de llevar a cabo proyecto político alguno, el mismo debe ser adecuadamente discutido y conocido por la generalidad de los falangistas.

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