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EL DECLIVE DEL IMPERIO ZETAPERO (JUNIO 2.009).

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Publicado en el Núm. 181 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Podríamos hacer un muy poco ingenioso juego de palabras con el título de aquella estupenda película de los años ochenta... "El Declive del Imperio Americano" del canadiense Denys Arcand. Si bien la situación actual que vamos a comentar tiene muy poco -o ningún- parecido con aquel fascinante escenario reflejado en aquella magnífica cinta: una divertidísima profundización sobre las relaciones personales en todas sus variantes, así como un fiel reflejo de los valores imperantes de la época en la que se rodó.

Podríamos hacer un juego de palabras y lo vamos a hacer. Aún a costa de ser tildado de poco ingenioso. La verdad es que mi ingenio da para muy poquito en estas fechas. Sobreviviendo a la crisis -y metido en mil berenjenales profesionales y políticos- uno va tirando como puede y como le dejan... que no es poco. Sobre todo después de inaugurarse oficialmente el verano y abrirse la piscina... lo que envuelve a un gran número de hogares de nuestro pueblo en un rumor constante de chillidos y demás ruidos incoherentes de asilvestrados -e incombustibles- niños. Este ruido nos acompañará -tan constante y preciso como un reloj suizo- en los próximos meses. Por tanto, os confieso que no me queda demasiado ingenio en estos días.

Decía que vamos a hacer un juego de palabras. El Declive del Imperio Zetapero... podría llamarse si no una nueva película -profundidad escasa como para que nos saliera interesante- sí el título de mi columnita de esta semana. Y es que nuestro Presidente ha perdido las Elecciones Europeas, y estamos ya entrando en una cuenta atrás que desembocará -casi tan seguro como que dos y dos eran cuatro antes de la implosión capitalista- en la llegada al Gobierno de España de Mariano Rajoy con el Partido Popular.

Dicen que Zapatero anunciará -después de este largo y cálido verano- una subida de impuestos para 2010. Elena Salgado ha anunciado que se está barajando una subida de impuestos para las rentas más altas y una reducción de los beneficios fiscales. El chocolate del loro y una vuelta de tuerca hacia los postulados de esta izquierda light que padecemos. Guiño electoralista en medio del naufragio. Porque aquello de las "rentas más altas" no afectará -nunca y jamás de los jamases- a las rentas verdaderamente altas. Los ricos de verdad no suelen verse afectados por este tipo de medidas progretas: o están acorazados detrás de complicados entramados societarios o -sencillamente- tienen tanto dinero que no les importa -en absoluto- este incremento impositivo. De ahí que, cuando los socialistas se refieren a "las rentas más altas", a lo que se están refiriendo en realidad es a las clases medias. Y así -al final- resulta que siempre llegamos a un mismo resultado... el de que siempre pagamos los mismos. Hoy vota el Congreso esta eufemísticamente llamada reorientación de la política fiscal que -mucho nos tememos- no alcanzará ningún resultado palpable o positivo. Ni tan siquiera frenar la pérdida de votos por la izquierda.

Lo que pasa es que -gane quien gane en las próximas Elecciones Generales- no existen indicios de cambio real en la sociedad española. En ese entramado profundo y complejo de relaciones personales y económicas subsistente en el fondo de la vida nacional con independencia del partido que mande. No hay cambio posible con esta clase de medidas.

A España no le salen las cuentas. Es tan imposible que le salgan como al resto del mundo occidental. El llamado Plan E ha supuesto un simple e insuficiente parche, consistente en gastar miles de millones de Euros en proyectos de construcción estatales para compensar parte de la caída en la demanda privada. Estas medidas tampoco han sido capaces de generar empleo estable. Por lógica, ello trae consige un aumento imparable en los gastos sociales -casi cinco millones de parados- y una consiguiente necesidad del Estado de recaudar más y más dinero. Este chiringuito se está convirtiendo -cada vez más- en una auténtica aspiradora financiera... un aparato estatal de voracidad insaciable que no consigue -ni por asomo- equlibrar las pérdidas. Paletadas y paletadas de dinero quemados en la inútil caldera del fracaso económico. Los falangistas no nos cansamos de decirlo: el invento ha explotado y esto ya no lo salva nadie. Venga quien venga -PP o PSOE- se encontrará con una idéntica ruina. Las reglas económicas del juego han cambiado. La sociedad occidental ha cambiado. Estamos evolucionando hacia una transformación capitalista que tan sólo puede ofrecernos sangre, sudor y lágrimas, pero sin aquella grandeza heróica churchilliana.

Por tanto, en Septiembre nos encontraremos con nuevas subidas de impuestos. Viejos remedios para nuevos problemas. Esto es como curar una fiebre tifoidea tan sólo con la danza del brujo. Es la hora de las soluciones valientes y genuinamente transformadoras de nuestra economía. Es la hora de las medidas revolucionarias que orienten nuestras fórmulas económicas hacia postulados más directos y sencillos. Y mientras llega la Revolución... se seguirán poniendo parches. Y, de paso, se seguirá acercando el final de la etapa de Zapatero al frente del Gobierno de España. Con él o sin él dará lo mismo, por la sencilla razón de que esto ya no lo arregla nadie.

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