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DEFENSA SOCIAL... ¿INEXPERIENCIA O PETARDO?

 TAGS:undefinedSigo creyendo, después de tantos años, que el falangismo bien pudiera ser un largo vuelo sobre espacios abiertos y amplios: un luminoso y extenso horizonte que, al abrir el balcón de España a la luz transparente de la mañana, pueda contemplarse con la conciencia limpia y el ánimo tranquilo. Sigo creyendo, después de tantos años, que nosotros venimos a terminar con siglos de pobreza y de cochambre y de polvo sobre España, y a traer la esperanza a los que la perdieron y a construir una Patria de todos y para todos. Por desgracia, ello no deja de ser un mito porque nunca, a lo largo de nuestra triste historia, hemos estado tan lejos de cualquier expectativa de triunfo. El falangismo no está luchando en 2.016, como sería lo deseable, por hacerse con un espacio más o menos amplio dentro del espectro político español. El falangismo está luchando por su propia supervivencia: por no quedar definitivamente extinguido a muy corto plazo.

Con infinito respeto hacia otras posibilidades de actuación, y sin que las inevitables reacciones hostiles de los sectores más conservadores de nuestro entorno puedan hacernos caer en la dinámica estéril de la bronca constante, debemos afirmar nuestra opinión. Sin miedo y sin falsa consideración -nunca he entendido ese reverencial temor que nuestro entorno tiene a expresar ideas contrarias a las de una aparente y más que discutible mayoría- debemos manifestar nuestros planteamientos de reorganización y de futuro: en qué creemos y cómo se puede seguir alzando diariamente la Bandera de la Revolución. El silencio ha sido y será siempre cómplice de la reacción y de la inoperancia.

El panorama no puede ser más desolador. Las dos organizaciones políticas mayoritarias -qué triste humor negro demostramos a veces en las denominaciones- de nuestro entorno no están siguiendo líneas de actuación demasiado acertadas. Me gustaría equivocarme, pero no creo válidas las opciones seguidas por nuestros siempre peculiares vecinos de bloque. Dejando de lado la progresiva línea extremoderechista de FEJONS -más de lo mismo sobre la deriva acostumbrada- me voy a parar esta vez a reflexionar un poco sobre Falange Auténtica y sobre su invento de Defensa Social.

Falange Auténtica -esa comunidad ética de personas honradas- ha dejado de ser un referente para los falangistas de una cierta sensibilidad moderna y avanzada. Absolutamente inactiva, se encuentra reinventando -por enésima vez dentro de nuestro entorno y esta vez bajo el un tanto apocado nombre de Defensa Social- aquello del falangismo sin Falange y lo del contenido sin continente. No deja de ser algo muy triste -funestos y atribulados tiempos que nos han tocado vivir- que un grupo político que podría haber encabezado los pasos necesarios para una regeneración falangista se encuentre, en este preciso momento, liderando esta baldía y descafeínada versión de nuestros principios esenciales. Resulta muy penoso constatar como este grupo de amigos, siempre minoritario y casi siempre interesante, ha perdido la oportunidad de liderar alguna alternativa avanzada de redefinición nacionalsindicalista. Lejos quedan los interesantísimos documentos doctrinales y organizativos de mediados de la década del dos mil y cerca están los tiempos del presente con el acercamiento de la organización a posiciones conservadoras profundamente inmovilistas. Fuimos muchos los que creímos en el gran trabajo que esta formación hubiera podido hacer en la senda de nuestra reconstrucción. Ilusiones fallidas sobre nuestra desesperada situación.

Ahora han apostado por Defensa Social, consumiendo todas sus energías y recursos en este experimento político. Y si bien al menos están apostando por algo -creo que en nuestro ambiente político nunca hay que quedarse parado sin intentar posibilidades nuevas- a muchos se nos ocurren cosas mejores en las que gastar tiempo, recursos y energías.

Porque con esto de Defensa Social uno tiene la sensación de que unos van cuando otros ya hemos vuelto. Uno de los muchos defectos de nuestro ambiente político es que muy pocos estudiamos las cosas que han emprendido los de al lado. Es tanta la arrogante incompetencia de la mayoría de nuestros responsables que, con una inutilidad aterradora, no suelen ser tenidas en cuenta ni las iniciativas ni las experiencias de los demás. Y es que, en este sentido, algunos de nosotros llevamos ya largo tiempo explorando vías de actuación en todo similares a las planteadas por Defensa Social. Dentro de la eterna y casi siempre yerma discusión acerca del falangismo sin Falange algunos hicimos, en su momento y a lo largo de los últimos años, los deberes.

Estos trillados caminos determinan el seguro el fracaso de Defensa Social. No sólo porque llega muy tarde -las tendencias de participación y de acción política ciudadana se han ido consumiendo al tiempo que, de un lado, se configuraba un nuevo mapa político en España y, de otro, se amortiguaban de manera notable los efectos de la recesión- sino también porque llega muy mal planteada.

La experiencia nos indica que, hoy por hoy, estos experimentos sólo pueden tener un trabajoso y difícil éxito a nivel local: listas municipalistas que propugnen nuestros postulados políticos bajo otras siglas dentro de un ámbito local y limitado. Listas abiertas a colaboraciones diversas y espacios de concurrencia entre afines. Esto no funciona a un nivel más amplio que el estrictamente municipal: la política nacional exige el constante empleo de un nivel de recursos materiales y humanos de los que no disponemos, amén de las dificultades de actuación pública que sin duda encuentra una opción política directa o indirectamente vinculada con el falangismo. La izquierdona seguirá cerrando el camino a cualquier opción política que provenga de nuestro campo. Defensa Social va a fracasar -al igual que fracasó la anterior iniciativa de tal nombre- y sorprende que unas personas de no sólo de una experiencia política tan amplia, sino también de un espíritu y estilo tan particulares que no se encuentran inscritos en todos los corazones, no se hayan dado cuenta todavía de este fiasco al empeñar sus siempre pobres recursos en fomentar un petardo así.

El lado bueno está en que tendrán más experiencia y bagaje -cuando retornen de este viaje a ninguna parte- los miembros de FA que pretendan seguir luchando. Toda experiencia es útil en la construcción de nuestra alternativa, y siempre tendremos la puerta abierta -que no entornada de la manera puerca que pretenden algunos- a los falangistas que sigan teniendo ánimo de lucha y anhelo sincero de transformación de España por medio de nuestros propios criterios ideológicos, políticos y organizativos. La verdadera Defensa Social no debiera ser otra que nuestra legítima defensa frente a nosotros mismos y a las innatas tendencias de toda fuerza política a la renuncia a aquellos postulados y símbolos que no resultan cómodos: la defensa frente a la pereza de reinventarnos sin dejar de ser lo que fuimos y lo que somos.

Muchos estamos de vuelta de un inútil blanquismo. Puestos a fracasar, prefiero hacerlo bajo los pliegues de nuestra bandera roja y negra. Puestos a fracasar, prefiero hacerlo sin emboscarme entre los postulados de un pastiche ideológico integrado por una mezcla de VOX, de la socialdemocracia sueca, de un edulcorado Stéphane Hessel, de las Obras Misionales Pontificias y del Manual de las Buenas Maneras de Manuel Antonio Carreño. Puestos a fracasar, prefiero hacerlo enarbolando mis propios principios frente al pensamiento único y semianalfabeto de una extrema izquierda evalentonada y de una derecha triunfante: agrupando falangistas para constituir con ellos una opción netamente falangista reorganizada y sin complejos.

Porque a estas alturas de la película, prefiero propugnar sin esconderme principios irrenunciables de nuestra Revolución, y elegir el intento de un moderno desarrollo de nuestra ideología en medio de este convulso 2.016 de un débil Gobierno de Rajoy y de una extrema izquierda que -con una maleducada arrogancia- va a intentar tomar la calle para una revolucioncita de mentira. Defendiendo una Revolución de verdad frente a todas las de mentira que se están propugnando. Sin deshechar ninguna opción viable de participación política bajo otras siglas o banderas, algunos de nosotros creemos en que todavía es posible el milagro de un nacionalsindicalismo renovado y operante. Y mientras trabajamos en ello, observaremos detenidamente el nacimiento, desarrollo y caída de Defensa Social.

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