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"DIARIO DE LA SIERRA" PUBLICA MIS REFLEXIONES SOBRE "EL BOTELLÓN" (17/IX/09).

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 TAGS:undefinedEl hecho de que el botellón esté consumiendo minutos y minutos en los principales telediarios del país, ríos de tinta en los periódicos españoles y preciosas horas en la agenda política de muchas Comunidades Autónomas refleja, de una u otra forma, que no nos enfrentamos a un problema menor. Los lamentables sucesos acaecidos en las Fiestas Patronales de Pozuelo de Alarcón no han sido más que un disparador de alerta a la clase política y a la sociedad en general sobre que algo está sucediendo en gran parte de nuestra juventud. Planteado el problema, el gran dilema se plantea en torno a cuáles son las medidas para solventarlo. ¿Prohibir?, ¿reprimir?, ¿educar?, ¿integrar? Tal vez sobre esas cuatro vitales incógnitas gira el abanico de posibilidades para intentar revertir una situación social delicada que afecta no sólo a los jóvenes, sino también a las familias y la sociedad en general.

Hemos dialogado sobre este tema con Ignacio Toledano Martínez, abogado con despacho en San Lorenzo de El Escorial, y esto nos decía:

P. - ¿Tiene el botellón aspectos legales? ¿puede ser prohibido por los Ayuntamientos o las Comunidades Autónomas?

R.- El botellón tiene dos posibles -y llamativos- aspectos legales. Uno está integrado por las eventuales medidas normativas acordadas por las Administraciones implicadas. Estas medidas legales son las tendentes bien a la prohibición directa de esta actividad, bien a regularla o reglamentarla de algún modo. Las Administraciones tienen potestad normativa como para hacer ambas cosas.

El segundo aspecto posible consiste en las acciones que los ciudadanos pueden adoptar contra las Administraciones implicadas, siempre y cuando se vieran afectados -de una u otra forma- por el ejercicio semanal de El Botellón. Se ha detectado una enorme dosis de descontento vecinal -de cansancio, en definitiva- derivado de las molestias ocasionadas por esta constante actividad en la vía pública... ruido, suciedad, alteraciones del orden público... todas estas consecuencias podrían ser jurídicamente combatidas por los administrados afectados, dirigiendo acciones contra las Administraciones responsables. Por lo menos intentándolo.

P.- ¿Forma de ocio o vandalismo?

R.- El problema del botellón no deja de ser nuestra falta de respuesta ante un problema enteramente nuevo... el de una nueva forma de ocio juvenil que ha desbordado cualquier previsión institucional al respecto... el vandalismo que genera no es sino la consecuencia de nuestra incapacidad de enfrentarnos a este problema. El botellón desemboca en vandalismo en tanto en cuanto no somos capaces de articular adecuadas políticas de orden público que den respuesta a este nuevo problema social. En este sentido, podemos decir que el botellón es una forma de ocio juvenil descontrolada, en tanto en cuanto no se ha encontrado todavía la fórmula que conjugue el derecho evidente de la persona a divertirse con el también evidente derecho de los vecinos a la tranquilidad y paz social. Se trata de una típica cuestión de búsqueda de equilibrio entre intereses contrapuestos, agravada por una pérdida general de educación ciudadana a todos los niveles.

P.- ¿Represión o tolerancia?

R.- Por supuesto... tolerancia cero en algunos casos muy concretos... por ejemplo, el botellón en los menores de edad o en aquellos casos de grave alteración del orden público. En estos casos, la experiencia nos demuestra que basta una decidida intervención policial para terminar de raíz con el problema. Sin contemplaciones ni falsos complejos.

Sin embargo, creo que -por regla general- esta solución represiva es sólo aparente y no ataca el núcleo central del problema... porque lo que muchos tememos es que -a raíz de estas intervenciones policiales- lo único que se consiga es un mero cambio del lugar de realización de los botellones. Se cumplen las expectativas de seguridad de una zona o barrio concreto -casi siempre de forma eventual- pero no se termina con el botellón. Simplemente... se traslada de sitio para que no moleste... y vuelta a empezar.

Y es que, como en cualquier problema social grave que nos afecta, no sirven de nada las simples medidas policiales de represión sin unas adecuadas políticas educativas y preventivas simultáneas. Campañas de educación y prevención a todos los niveles... en esto tienen mucho que decir los Institutos, Colegios y Ayuntamientos. Sencillos planes de educación respecto a la conservación correcta del estado de nuestras calles o respecto al consumo irresponsable de bebidas alcólicas. Y sobre todo... culminar el proceso de integración de nuestros jóvenes en las tareas de gestión y dirección municipal...

P.- ¿Una mayor participación de los jóvenes en la vida pública?

R.- Exactamente... el problema del botellón es otra de las consecuencias del divorcio existente entre los jóvenes -y su mundo de valores propio- y el de la política española. Política -claro está- entendida como participación en la gestión de los asuntos públicos. Como ocurre en todos los sectores sociales, los jóvenes también tienen un déficit de participación. Los falangistas estamos propugnando una mayor implicación juvenil en la gestión municipal, como medio de responsabilizar a los jóvenes en los asuntos de su Pueblo. No sólo concienciar -como se decía antes- sino también actuar. Actuar directamente en la gestión de los asuntos que les son propios. Incluídas las formas de ocio.

Los falangistas creemos que tanto la violencia juvenil -en todas sus formas- como estas formas de ocio destructivo -como el botellón- pueden paliarse mediante un incremento de la participación juvenil en los asuntos públicos. Corresponsabilizar a los jóvenes en la marcha ordinaria de sus Ayuntamientos, incorporándoles a las labores políticas en aquellos asuntos de interés para ellos.

P.- ¿Cómo puede conseguirse eso?

R.- Por un lado, culminando la vieja batalla de la plena independencia de las Casas de la Juventud en nuestros Municipios. Muy a menudo, esta institución no es más que una simple extensión institucional de la Concejalía de Juventud. Son los propios jóvenes -a través de sus distintas entidades asociativas- los que tienen que gestionar las Casas y planificar su actuación política, social, cultural y deportiva. De otro lado, y al igual que ocurre con todos los demás sectores sociales, es necesaria la constitución de una Mesa o Consejo Municipal de la Juventud, como medio de participación directa de los jóvenes en las tareas de gestión de los asuntos públicos. Se trata de ampliar la base democrática de la gestión municipal mediante la participación de los jóvenes -puestos en relación con los restantes sectores implicados- en la planificación y desarrollo de las distintas políticas municipales que les afecten. El Consejo Municipal planifica, supervisa y coordina la correcta ejecución de estas políticas.

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