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LAS DOS FECHAS DE MATÍAS MONTERO (FEBRERO 2.010).

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 TAGS:undefinedUna fecha unos y otra otros. Los ojos míopes y tristes de Matías Montero han vuelto a mirar -desde la Eternidad de los Justos- de qué manera le rinde homenaje -dos días consecutivos- un grupo cada vez más pequeño de falangistas divididos. Cada vez más pequeño pero -tal vez- también cada vez menos dividido. Precisamente una cosa nos lleva a la otra, porque nuestra situación política es tan negativamente crítica que -aunque los unos depositen las Rosas un Viernes y los otros un Sábado- resulta evidente para todos nosotros la imperiosa necesidad de unirnos. Unirnos para seguir vivos y continuar actuando -si bien con más fuerza- dentro del juego cotidiano de las formaciones políticas españolas. Unirnos para redefinir nuestro mensaje. Y esta necesidad es percibida -también cada vez con más fuerza- no sólo por los propios militantes de base de las organizaciones falangistas, sino por sus más altos responsables.

De esta forma, podríamos estar mucho más cerca de lo que suponemos -de lo que hayamos estado nunca- de alguna clase de proyecto integrado que agrupara la propuesta falangista de cara a las Elecciones Municipales del 2.011. Una Candidatura unida nacionalsindicalista que nos englobe a todos para lanzar un mensaje único de contenido municipal. Podemos estar cerca de encontrar formas de colaboración que garanticen -al menos- algún instrumento de actuación coordinada frente a eventos políticos concretos. Acción concertada que podría desembocar -a medio plazo- en una estructura orgánica única e integrada. Esta es la tesis que siempre ha mantenido La Falange (FE) y -a la luz de las últimas declaraciones de su Secretario General y de las actuaciones de varios miembros de su renovada Junta Nacional- es la vía por la que se sigue apostando de forma decidida.

Estas actuaciones podrían verse -por enésima vez- defraudadas por la actitud pasiva que -al respecto- adopta habitualmente la Junta Nacional de FE-JONS. Siempre se han visto los esfuerzos de La Falange defraudados por estas conductas absentistas, siempre enmascaradas en mil y una excusas de consumo estrictamente interno. Una vez más, -como tantas otras- La Falange (FE) tenderá su mano hacia FE-JONS, en búsqueda del deseado frente común falangista para el 2.011. De la manera en que los responsables de FE-JONS respondan a estas iniciativas unitarias dependerá -en gran parte- su propio futuro político.

Porque esta vez la situación es muy distinta. Tan distinta que -esta vez sí- puede haber una puerta abierta a la esperanza.

Personajes políticos como Pico -el sucesor de Márquez en esa extrañísima y opaca operación sucesoria felizmente dinamitada- o Jorge Garrido se han mostrado siempre contrarios a cualquier forma de entendimiento con La Falange (FE). Han arrastrado en apoyo de sus tesis aislacionistas a un pequeño grupo militante que -al día de hoy- controla la estructura orgánica del partido, si bien no de la forma monolítica en la que -hasta la fecha- se ha venido haciendo. Porque el llamado clamor unitario es un factor a tener muy en cuenta si se quiere dotar de cierta estabilidad a la muy baqueteada Junta Nacional de FE-JONS. Está muy mal visto no querer la unidad falangista entre nuestras bases y -por causa directa de su propia situación interna- las bases de FE-JONS están adquiriendo gradualmente el protagonismo que -tanto legal como moralmente- les corresponde. Ello motiva que estas aspiraciones unitarias deban de ser escuchadas por los máximos responsables del partido.

Han pasado los tiempos de la opacidad informativa y del silencio irresponsable. Se está produciendo un cambio profundísimo dentro de aquella Casa. Una redefinición de las relaciones internas entre los que dirigen y las bases. Se han abierto allí dentro varias ventanas, y la transición del marquismo a la democracia es ya un proceso político imparable.

Hasta ahora, las líneas políticas dentro de este partido eran determinadas por un reducidísimo grupo de cargos dirigentes. Esto está -evidentemente- cambiando. Y lo bueno es que lo hemos hecho entre todos. Cada uno en la parte de actuación que nos haya tocado en suerte. Porque -frente a la cerrazón antiunitaria de un grupo muy reducido dentro del nacionalsindicalismo- los que creemos sinceramente en la unidad imaginativa de una organización cada vez más amplia -los que creemos en la unidad de los falangistas- hemos obrado de dos maneras básicas que pueden ser -sin duda- explicadas de forma esquemática: o hemos tendido la mano sonríendo -sin perder nunca la esperanza- a los mismos que nos insultaban o -mediante la utilización de otro lenguaje bien distinto- hemos ayudado activamente a aquellos militantes que tenían la integración entre nosotros como un objetivo a medio plazo, y ello mediante una política de palo y tentetieso en defensa de la legalidad. Unos dan respiro a los enemigos de la unidad. Otros se lo negamos. Pero tanto unos como otros hemos terminado concurriendo en un objetivo común.

Unos y otros hemos actuado -cada uno en las vías elegidas- sobre los diques que impiden la unidad. Sigo creyendo -de forma objetiva y muy clara- que la integración de los dos principales partidos falangistas ha sido y es impedida por la actuación -una confusa mezcla entre acción consciente, inercia y tradición tribal- de no más de cuatro personas que -metódica y sistemáticamente- se han ocupado de impedir cualquier iniciativa emprendida en ese sentido. Por tanto, he venido manteniendo que la solución al problema de nuestra unidad -lejos de ser una cuestión complicada o irresoluble- es mucho más sencilla de lo que parece. Se trata de actuar directamente sobre estos responsables no unitarios. Quitando influencia política a estas cuatro personas -apartándolos de los órganos de gobierno- tendremos base inicial suficiente para construir la unidad. Eso -entre otras muchas cosas- es lo que están pretendiendo varios militantes de la oposición en FE-JONS.

Por eso, se ha tachado de excesivamente buenista -o voluntarista- la posición política de determinados miembros de La Falange (FE), insistiendo en un excesivamente vago y difuso discurso integrador. La unidad no vendrá -dicen los referidos críticos- de estas constantes declaraciones de positivas intenciones, ya que las mismas no son más que versos inútiles y lugares comunes: lo políticamente correcto dentro de nuestro universo político. La unidad sólo será posible apartando -por medio de una presión legal incesante- de los puestos de responsabilidad dentro de nuestros partidos a los enemigos declarados de los criterios integradores y unitarios.

Mano tendida o defensa legal de los derechos de la oposición interna. Discursos conciliadores o portazos legales. Dos vías que pudieran parecer contradictorias. Sin embargo, el desarrollo de nuestra situación interna ha hecho -durante los últimos meses- que estas dos posibilidades se complementen, de modo que no pueda entenderse la una sin la otra. Para ello, ni tan siquiera es necesario coordinarse. Basta una simple actuación simultánea de ambas vías para generar efectos positivos.

La clave está en el importantísimo dato de llevarnos la lucha por la democracia interna siempre a la unidad. Hace meses que llevo sosteniendo que democracia interna y unidad falangista están estrechamente unidos. Existe una estrecha relación entre el grado de democracia interna en nuestros respectivos partidos y su correlativa posición en favor de la unidad. Cuanta mayor es la influencia de los afiliados sobre la determinación de las líneas políticas del partido, mayor es su actuación unitaria. Nuestras bases quieren la unidad y -en el mismo momento en el que se da a los militantes un más amplio poder decisorio- empiezan a exigirla de forma decidida. Nuestra historia reciente refuerza esta tesis. La Falange (FE) se ha mostrado abiertamente prounitaria porque sus líneas de actuación política son decididas democráticamente. Si las bases son abiertamente prounitarias lo será también -lógicamente- la línea política adoptada.

Por el contrario, desde FE-JONS ni se ha lanzado propuesta unitaria alguna ni se ha mostrado ningún interés en abrir negociación alguna en ese sentido. Ello no significa que los afiliados a FE-JONS no quieran la unidad. Significa que los responsables de FE-JONS -las famosas cuatro personas- no la quieren, y también que la base militante no puede influir en la formación de las líneas maestras de la política del partido. Amplíando los espacios de participación y debate de los afiliados, se están posibilitando las actuaciones prounitarias dentro de ese partido.

De todo ello se deduce que -mediante una acción de constante presión hacia una apertura democrática- estamos indudablemente trabajando por alguna forma de unidad a medio plazo. Y eso es lo que ha ocurrido y está ocurriendo en el estado actual de la cuestión. Ocurre que los enemigos de la unidad se han visto obligados a ceder cada vez más espacio de su antiguo poder ilimitado. Se han ensanchado -por supuesto a su pesar y siempre frente a su resistencia- ámbitos cada vez más amplios de información, debate y decisión dentro de las siglas históricas. Aumentando la fuerza decisoria de las bases ha aumentando -también y de forma correlativa- la simpatía de FE-JONS hacia las políticas de mano tendida de La Falange (FE). Sencillamente, los enemigos de la unidad se están viendo desbordados por los acontecimientos, volviéndose forzosa la aceptación de los distintos gestos unitarios que se están produciendo.

Abiertos estos espacios de legalidad, los afiliados bajo las siglas históricas del nacionalsindicalismo deben contar con la absoluta certeza de ir a ser muy bien recibidos al otro lado del río. Pudiendo imponer en sus distintos órganos de representación y gobierno tesis prounitarias, deben existir ofertas y proyectos viables de integración desde La Falange (FE). Y tener asimismo la certeza de ser posibles los acuerdos, siempre y cuando se tome la decisión de sentarse alrededor de una mesa. En ese punto, Manuel Andrino y sus sucesivas Juntas Nacionales han dado motivos sobrados de confianza en este punto. La sonrisa y cauces permanentes de diálogo.

Y así estamos llegando al mismo punto, demostrando que una y otra vía no sólo son compatibles, sino complementarias. Y es que tanto con la presión como con el diálogo estamos haciendo entrar en los modos del Siglo XXI a esos cuatro adversarios de siempre. Y ese día -no muy lejano- en el que esa mano tendida sea aceptada con lealtad al tiempo que con una gran sonrisa, nosotros -los otros- habremos dejado de ejercitar esta presión. Los cambios vendrán de la mano de los órganos rectores de un partido de todos, y no de tal o cual Juzgado de Madrid.

Aunque a veces nos pueda parecer lo contrario, no basta la política de la presión legal. No basta con aumentar los derechos de los militantes y con la modernización de los hábitos y los usos internos. Los responsables de FE-JONS demostrarán una auténtica talla política en el momento en que -consolidados definitivamente los derechos vulnerados de los afiliados al partido- sean capaces de extender la mano hacia una oferta abierta y amistosa. La sonrisa y el triunfo de las buenas maneras, el ánimo negociador y las soluciones imaginativas y factibles.

Se dijo hace unos meses que mi salida de La Falange (FE) -junto a la de Saénz de Ynestrillas- facilitaría los acercamientos integradores desde FE-JONS. Los foros interneteros rebosaban de opiniones en tal sentido. Desaparecidos los malos, llegaría la hora de charlar con los buenos. En aquel momento, dije dos cosas: la primera, que era mentira. La segunda, que me encantaría que no lo fuera. Hace ya muchos meses de mi salida, y algo -todavía muy poco- se ha empezado a mover. Razones para una buena expectativa y apertura de canales de diálogo. Estamos todos a la espera de un efecto bola de nieve que permita consolidar nuestro optimismo. Dos fechas distintas para Matías Montero y claras perspectivas de que pueda existir tan sólo una con vistas a una actuación conjunta en 2.011.

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