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ESA CENIZA NEGRA DE LA FATALIDAD (ABRIL 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 221 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

La erupción de un volcán islandés -de nombre impronunciable- ha sido la causa de un colapso del tráfico aéreo mundial de dimensiones catastróficas. Otro varapalo al modelo capitalista del que, hoy más que nunca, puede decirse que a perro flaco todo se vuelven pulgas. Como si las violentas erupciones originadas en los mercados financieros mundiales no fueran suficientes para provocar la erosión de las economías occidentales. Ya sabéis que densas columnas financieras de ceniza negra se elevaron sobre nuestras cabezas mucho antes de que ese volcán islandés -de nombre impronunciable- haya empezado a destrozar, metódicamente y sin piedad, los asientos contables de todas las Compañías Aéreas.

¿Recórdais como Julio Verne había localizado la entrada al Centro de la Tierra en el cráter de un volcán de Islandia? Ahora -y de forma mucho menos atractiva y novelesca- a través de ese cráter tan sólo puede accederse al centro de la recesión... a seguir profundizando, más y más, en las razones de nuestro empobrecimiento general. Erupción de un volcán islandés que ha paralizado la economía occidental. Casi nada. Viaje al Centro de la Miseria General. Y que me perdone Julio Verne por hacer un fácil juego de palabras en torno al título de una novela tan maravillosa como esa.

Podríamos hacer el clásico comentario -por lo demás tópicamente previsible- sobre el poder de la naturaleza para paralizar, mediante sus protestas volcánicas, toda la falsamente omnipotente maquinaria humana. La Naturaleza enfadada que castiga a los hombres y que les recuerda, de cuando en cuando, cuál es su verdadera posición sobre el planeta y cuánta debe ser su humildad en su relación con el entorno. Patatín Patatán. Sin embargo, esta clase de reflexiones -aún cuando son ciertas- no ayudarán en nada a las miles y miles de personas inmovilizadas por el cierre del espacio aéreo ni -tampoco- podrán servir de excusa a los infinitos negocios, contratos y operaciones comerciales que, a raíz de esta inmovilidad forzosa, no han podido cerrarse en estos días. Desplazamientos humanos imposibles y Ferias Comerciales paralizadas. Ceniza sobre las cenizas de un orden que -por un motivo u otro- se está desplomando ante nuestros propios ojos.

Sin embargo, existe una ceniza negra mucho peor que esta. Un humo volcánico que -al igual del que viene de Islandia- nos obliga a quedarnos en tierra. Porque si bien el humo del volcán llega directo desde las entrañas mismas del planeta, el otro del que os hablo llega desde los misteriosos entresijos de nuestro propio yo... de nuestra personalidad más íntima. Y es que existe un humo negro que también nos impide despegar hacia lo que sería una lucha por nuestros propios sueños. La ceniza volcánica que, a lo largo y ancho del Globo, nos está haciendo caer en la pasividad y en la inacción ante el desastre. Eso, y no otra cosa, es lo que está ralentizando el viaje hacia una profunda transformación personal y social. Es lo que está impidiendo que nosotros -los ciudadanos occidentales empobrecidos y enfadados- no sólo ataquemos las verdaderas causas del desastre que estamos contemplando, sino que pongamos las bases de una nueva sociedad más libre y justa.

El conformismo y la fatalidad como frenos del avance social. Como elementos que impiden nuestro vuelo hacia la Libertad. Se es conformista cuando damos por inevitables estas contingencias sociales. Se es fatalista cuando alzamos los hombros -y nos damos la vuelta- ante las causas evidentes de este cataclismo financiero. Todos sabemos qué es lo que ha pasado y -sobre todo- qué es lo que está pasando. Nosotros -los falangistas- creemos que la Revolución es una tarea de todos. De todas las personas que decidan poner coto al conformismo y freno a la fatalidad. De todos los ciudadanos que -tomando en primer término conciencia individual de estos problemas- se hayan lanzado organizada -y colectivamente- a la lucha revolucionaria. De esos sectores sociales que, al igual que fichas de dominó, vayan cayendo uno tras otro en la espiral del cambio social. Y no es necesario ser falangista para pensar -y luchar- así. Basta con la buena voluntad de todos aquellos ciudadanos honrados que -cansados de la situación actual de España y del Mundo- han decidido lanzarse a la vía de la transformación social. Desde la trinchera que, para ello, hayan elegido y sea cual sea el color de su bandera.

Basta con decirles que no. Rechazar a nuestros políticos -a todos y en todos los niveles estatales, autonómicos o municipales- y a los poderes económicos que los sustentan. Rechazar nuestras instituciones ineficaces. Rechazar todo lo que nos ha conducido a esta tristísima situación que -ni por asomo- es irremediable o necesaria. Rechazar todo esto y -al mismo tiempo y todavía con más fuerza- afirmar la validez de los nuevos principios y la necesidad de implantarlos.

A mí esa nube negra me preocupa más que la de Islandia. Me preocupa más esa fuerza oscura -y a veces invencible- de la pereza conformista. La otra -la volcánica que impide los vuelos mecánicos y que tantos y tantos agujeros ha causado- me preocupa muchísimo menos. Porque sé que la nube islandesa pasará. Dependerá de la dirección del viento y de la intensidad de la erupción del volcán. La otra es de mucho más difícil desaparición: depende de la dirección de nuestros corazones y de la intensidad de nuestros sentimientos. No basta señalar a los culpables: Bancos, políticos y Monarcas. También debemos propugnar su oportuna sustitución. Luchar por esa transformación social que, al día de hoy, constituye no sólo una posibilidad esperanzada, sino la unica vía positiva de actuación frente al desastre. Alzar el vuelo -más lejos y más alto- en tanto se esfume la negra nube de ceniza que nos lo impide.

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