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ETHAN EDWARDS Y THE SEARCHERS (NOVIEMBRE 2.011).

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 TAGS:undefinedPocos finales ha habido mejor rodados en la Historia del Cine que el final de Centauros del Desierto. La obra maestra y rotunda del Maestro Ford. The Searchers (1.956). Seguro que todos recordáis este desenlace magistral de la película. John Wayne -Ethan Edwards- lleva a casa a su sobrina después de una azarosa búsqueda culminada con éxito. Una búsqueda que le ha llevado -en último término- a encontrarse a sí mismo. A pulsar las teclas más profundas de su propia jerarquía de valores en un increíble viaje interior. Cuando ya no queda nada más que hacer -y ha sido restablecido el pulso normal de su familia- Ethan Edwards desaparece en el horizonte encuadrado por el marco de una puerta. Sin más. Se aleja del mismo hogar cuyo esfuerzo ha salvado. Desaparece andando, despacio, hacia un horizonte luminoso y polvoriento.

En la vida real, uno no sabe salir de plano tan magistralmente como si le dirigiera John Ford. Habitualmente, o no sabemos retirarnos a tiempo... o lo hacemos mal y de forma forzada. Sobre todo cuando, por un motivo u otro, se hace más que necesario un relevo y los interesados -aquellos que deben hacerlo- se resisten a entenderlo así y a pasar a un segundo plano. Nuestro entorno político esta lleno de ejemplos de esta clase. Nosotros, los falangistas, no sabemos irnos nunca a tiempo. Tartufos engolados y coñazos a los que -muchas veces- hemos señalado con el dedo. Les hemos criticado tanto por no haber salido de plano en el momento justo que -por contra- no resultaría lógico que nosotros -los críticos- no supiéramos, o no quisiéramos, irnos cuando toca. Aquel fue -precisamente- el planteamiento inicial que nos hicimos en ese ya lejano mes de Mayo en el que -por nuestra Banda de Hermanos- se creó la Mesa Nacional para la Integración.

Nosotros creíamos -nos pocos... nos felices pocos- que determinadas personas debían -debíamos- encabezar los movimientos iniciales de esta iniciativa política. Unas cuantas personas teníamos el deber moral de poner nuestra experiencia, nuestras ideas y nuestros contactos -políticos y profesionales- al servicio de la Revolución. En concreto, nos impusimos la tarea de encarrilar todos estos esfuerzos hacia una reunión constituyente. Una gran asamblea de base que -por fin- pudo celebrarse el pasado 5 de Noviembre. Estos han sido nuestros meses. Los meses de los Angel Espinosa, de los Juanma Crespo, de los Ricardo Saénz de Ynestrillas o de mí mismo. Los meses de los Nacho Menéndez, de los Fernando Trujillo o de los Carlos Martínez-Cava. Todos unidos en una sola dirección y poniendo todos nuestros recursos en la organización y estructuración de este movimiento social. Una vez más, nos ha tocado estar allí y dar la cara. Ponerle un rostro -nombre y apellidos- a este esfuerzo integrador y unitario. Estar -una vez más- en la primera línea y en la foto. Las personas más conocidas -y siempre polémicas- debíamos encabezar estos pasos iniciales hasta el Congreso. Hasta la creación del Consejo Nacional de Liberación.

Ya ha pasado nuestro momento. Porque en el tempo político de la recién creada Mesa Nacional por la Revolución se ha abierto una nueva fase de desarrollo. Una fase trascendental que marca -sin duda- el surgimiento a la arena política de nuevos rostros y de nuevas ideas. De la gente para la que, indudablemente, se está abriendo el turno. Nosotros -la inicial Banda de Hermanos cuyo concurso inicial era esencial para poner en marcha este proceso- debemos pasar ahora a la segunda línea. Quedar en un discreto segundo plano dentro del Consejo Nacional de Liberación para dejar -sencillamente- que ocupen los primeros puestos aquellos Camaradas que, durante los últimos y difíciles meses, han demostrado contar con la aptitud y con el ímpetu necesario para pilotar la nave en este nuevo período de La Mesa. Es la hora de trabajar desde el anonimato de las filas apretadas de la MNR. Es la hora de sus Comisiones. Es la hora de no lastrar los próximos esfuerzos con antiguos litigios y con antiguos -y nuevos- enemigos. Es la hora de no contaminar -con nuestras ya viejas y cansinas historias- a lo que, de ahora en adelante, deba hacerse desde el CNL. Los nuevos tiempos de las nuevas personas. Personalmente, creo que es momento para que el CNL realice movimientos tácticos de apertura, sobre todo después de las últimas Elecciones Generales. Después de constatar el desolador panorama de la Revolución en España. Movimientos políticos que viejos contrapesos no permitirían realizar con la necesaria agilidad.

Apoyar estos nuevos tiempos y empujar -como todos- del CNL. Pero permitiendo que esta entidad colectiva y colegiada desarrolle sus funciones en absoluta libertad y sin nuestra permanente tutela. Diluirnos en el colectivo una vez que ha terminado nuestra búsqueda. Como en Centauros del Desierto, ya ha terminado nuestro largo viaje. El momento de la entrada a escena de Martin y de la salida de Ethan. Porque, como canta Aute... que todo en la vida es Cine.

Y así, los Juanma Crespo, los Ricardo Saénz de Ynestrillas -Coordinador General Honorario- los Angel Espinosa , los Nacho Toledano y demás caras conocidas, pasan a ser unos miembros más -cómodamente sentados en medio de un aluvión de caras nuevas- del Consejo Nacional de Liberación. Iguales entre iguales después de haber llevado los pasos iniciales de este proceso revolucionario. Desapareciendo -esta vez sí- enmarcados por el quicio de una puerta sobre un paisaje polvoriento. Igual que en The Searchers pero -vaya por Dios- sin la dirección del Maestro Ford. All by ourselves.

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