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FALANGE, TRADICIÓN Y DESVERGÜENZA (OCTUBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 197 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Todos los que -siempre pacientemente- seguís las columnas de opinión del simple falangista de filas que suscribe, así como las de otros correligionarios que -a lo largo y ancho de España- escriben sus opiniones azules cuándo pueden y dónde les dejan, sabéis que ni ellos ni yo utilizamos otros medios que los estrictamente políticos -la tan citada legalidad vigente- en nuestra actuación pública cotidiana. Estaría bueno.

No creo que -a estas alturas de mi vida- me fuera a aficionar a hacer pintadas, mandar cartas amenazantes o envíar una bala a alguna concejala chupinera batusuna de algún pueblo de Vascongadas. Todo puede ser pero -en caso de eso ocurriera y de que yo fuera un peligroso militante extremista en activo- se trataría de un cuadro agudo de paranoia psicopolítica, digno de ser tratado por los mejores especialistas del ramo. Mis adversarios políticos -los de menor talla- llevan meses queriéndome mandar a un psiquiatra, aunque me imagino que no será por esto, ya que ellos sólo quieren que me calle. De todo hay en nuestro ibérico catálogo de pobres tipos, tipejos y demás subespecies de cagatintas. Decíamos que yo no me dedico al vandalismo urbano en ninguna de sus facetas. Y aunque todos creamos que sobran estas puntualizaciones, nuestro entrañable Ministro del Interior Rubalcaba tal vez las necesite. Y ello a raíz de la ya famosa y policial Operación Quimera, que ha desarticulado en Navarra un grupo extremista denominado Falange y Tradición. Ha resultado cómico -no se me ocurre otra palabra- el análisis de las declaraciones políticas en torno a esta cuestión. En más de una ocasión, parecía que se había desarticulado todo un Ejército Guerrillero -de esos que gustan tanto a nuestros peculiares pacifistas ibéricos- en vez de a un grupo de cinco jóvenes integrantes. Yo creo que lo de QUIMERA lo han bautizado así porque saben lo difícil que es articular una opcion falangista moderna, eficaz y competente. Vaya usted a saber...

A mí ni se me ocurre desvincularme públicamente de ese grupo mediante una nota oficial, una declaración o cualquier otro medio parecido. No lo hago porque -como es lógico- entiendo que los falangistas no tenemos nada que ver con Falange y Tradición, y que ello es una simple -y archiconocida- cuestión de principio. Otra cosa es -por supuesto- que se nos quiera vincular bien con las actividades presuntamente delictivas de esta gente, bien con la ideología que anima a este curioso grupo. Entonces, quien lo hiciera -quien se atreviera a conectar nuestra actuación política y social con actuaciones ilícitas, violentas y/o terroristas- tendría que enfrentarse a un doble problema. El primero probarlo. El segundo, ser sometido al control judicial de sus afirmaciones mediante la oportuna querella por el delito de calumnias que, más que presumiblemente, interpondríamos. Como hemos hecho tantas y tantas veces sin que ello sea ya ninguna noticia. Y poco más da de sí la cuestión. Tontos o malintencionados -o ambas cosas a la vez- hay y habrá siempre en nuestras vidas, y será cuestión de torearlos de la mejor manera posible.

Sin embargo, este caso ha sido distinto por múltiples y varíados motivos. En primer lugar, porque las diversas organizaciones falangistas -en una sucesión de curiosísimos sálvese quién pueda- se han desvinculado públicamente de la actuación de Falange y Tradición a través de notas públicas y comunicados de condena. Yo creo que es un verdadero error político porque -de cara a la opinión pública y suponiendo que en España quede todavía alguien a quien interesen nuestros comunicados- se ha dado una impresión evidente de explicatio non petita... de pánico ante una posible vinculación entre las alegadas actuaciones terroristas y nosotros. Yo parto de la base -expuesta más arriba- de que nosotros no tenemos nada que explicar acerca de esto. Sencillamente porque no nos afecta ni como grupo político legal y legítimo ni como -uno por uno- militantes individualmente considerados. Nosotros y nuestros ancestrales complejos. Nosotros y el qué dirán.

Siempre hacemos el tonto corriendo más de la cuenta en estas cosas obvias. Y es que somos los únicos que siempre queremos puntualizar razones evidentes que -por otro lado- a casi nadie importan. Un ejemplo. Hace poco se ha estrenado una magnífica película polaca llamada Katyn. Cuenta el exterminio masivo -tiro en la nuca y fosa común- que los comunistas soviéticos realizaron en las clases dirigentes polacas, asesinando en aquel pueblo -Katyn- a más de veinte mil oficiales y sacerdotes de esa nacionalidad... ¿os imagináis a los distintos comunistas que -en todas sus varíantes y gamas asilvestradas y sin asilvestrar, pulidas y sin pulir- pueblan nuestros Municipios hacer un comunicado manifestando que no tienen nada que ver con aquello? ¿os imagináis -por ejemplo y dada la cercanía- a nuestros divertidísimos amigos del Foro Social de la Sierra escribiendo en su aburrida Web un sueltito diciendo que no tienen relación alguna con ese genocidio?

Otro ejemplo, y más íntimamente relacionado con el caso en cuestión, es el de la periódica desarticulación de comandos etarras en el Norte. La ETA. Terrorismo de bomba y bala que lleva lustros matando a ciudadanos españoles en nombre -precisamente- de una Patria Vasca Independiente y Socialista. Terrorismo marxista ciento por ciento. Bien... ¿os imagináis a las distintas izquierdas españolas desvinculándose expresamente de cualquier conexión con la banda etarra? ¿os imagináis comunicados socialistas o comunistas en ese sentido? ¿os imagináis a los marxistas de distinto pelaje correr detrás de alguien para explicarle que ellos no son? Yo no me lo imagino porque -por regla general- tal expresión pública es notoriamente innecesaria. Ellos no tienen complejos políticos de ninguna clase... por muchos muertos que les saquen del armario.

Otra cosa es la caradura. La sinvergonzonería política de aquellos que -alegrándose de la operación policial contra Falange y Tradición- nos alertan desde la extrema izquierda del peligro fascista que se cierne sobre nuestros Municipios. Ver la paja en el ojo ajeno, en definitiva. Porque los falangistas ni instrumentalizamos la violencia en contra de nuestros adversarios políticos -constantemente anclados en los años treinta en su metodología práctica- ni alentamos ni secundamos la realización de delitos -tales como la ocupación de inmuebles o la discriminación por razones sociales o políticas- ni apoyamos reconocidamente a grupos terroristas extranjeros -haz fuera lo que niegas aquí- ni tenemos extrañas amistades con grupos investigados -estos sí- por su vinculación política con el entorno abertzale. Y es que no dejan de resultar curiosos los aspavientos realizados por el asunto Falange y Tradición -sprays, cartas amenazantes y mucho ruido mediático- nada más y nada menos que en relación con la situación política y social del Norte de España. Como si allí el peligro -el de verdad- viniera de estos cinco muchachos detenidos.

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