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FRENTES AMPLIOS COMO ALTERNATIVA VIABLE EN NUESTROS PUEBLOS EN "EL ATRIL" DE DIARIO DE LA SIERRA (ENERO 2.010).

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 TAGS:undefinedNo recuerdo dónde lo leí el otro día. Sin duda, en algún Medio Digital de nuestra Sierra. Se decía que el año que se va de 2.009 se ha caracterizado -precisamente- porque no ha pasado nada en nuestro rincón del mundo. Ninguna noticia de importancia ha venido a alterar el equilibrio de poder existente en los Municipios del entorno serrano. Y es que el 2.009 no ha podido ser más anodino en este punto. Se dice que la política serrana es aburrida. Sin embargo, yo no lo creo. Todo lo más... es que está aburrida. Como en tantas y tantas cosas de la vida, es muy importante el tiempo en que se usen los verbos ser y estar.Los falangistas creemos que la política municipal nunca es aburrida. Porque -y dejando al margen las distintas concepciones que cada uno tenga sobre el papel del Municipio en la vida nacional- la aplicación práctica de las propuestas políticas de los respectivos partidos tiene una mayor viabilidad en aquellos Municipios que -siendo de pequeña extensión como son la mayoría de los nuestros- permitan su efectividad sin las limitaciones y dificultades propias de las grandes Ciudades. Así es imposible el aburrimiento, ya que existe un margen muy amplio de posibilidades de actuación. Política práctica y próxima para solucionar problemas cercanos.

Lo que ocurre en nuestros Municipios -lo que realmente hace aburrido el panorama político serrano- es que las Corporaciones suelen estar dirigidas por gobiernos de mayoria absoluta. Mayorías absolutas -generalmente pertenecientes al Partido Popular- que han monopolizado el ejercicio del poder desde hace lustros. Opciones políticas mayoritarias cuyos óptimos resultados electorales no han permitido la alternancia.

Estos reiterados triunfos han formado un conjunto de gobiernos inamovibles perpetuados en el tiempo. Sólidas rocas monocolores contra las que se estrellan todos los intentos de la oposición para dar un vuelco a la situación. Esta inmutabilidad hace que nuestros procesos electorales se conviertan -muchas veces- en meros trámites legales que -cada cuatro años- tan sólo sirven para convalidar -una vez más y monótonamente- la situación política existente en cada uno de nuestros Pueblos.

Ante este hecho incontrovertido, las fuerzas de la oposición no han sabido sino repetir constantemente los mismos esquemas de acción política. El modelo prototípico de situación política en la Sierra es el de un gobierno del Partido Popular dotado de mayoría absoluta frente al cual -casi siempre a más que notable diferencia- se erige una oposición de izquierda dividida entre el PSOE e Izquierda Unida. También existen -aquí y allá- formaciones políticas independientes dotadas de representación en los Consistorios. El conjunto de estos partidos no ha sabido dotarse de un margen adecuado de maniobra que permita apartar del poder municipal a los populares. Esta falta de visión estratégica, en definitiva, no es otra cosa que el reflejo serrano de la crisis general atravesada por las distintas opciones de izquierda -desde hace tiempo ya- dentro de la Comunidad de Madrid, así como de la innegable crisis de imaginación que afecta a todas las fuerzas políticas, sea cual sea su concreta adscripción ideológica.

En realidad, y como en todo acontecimiento humano, son posibles dos vías de actuación. Puro perogrullo. O se sigue como hasta ahora o se buscan soluciones nuevas e imaginativas. Como también es puro perogrullo decir que no se debería seguir insistiendo en las líneas estratégicas actuales porque -de hacerlo- se seguirá dejando el poder municipal en manos de quien lo ha detentado hasta este mismo preciso momento. En política, deberíamos tener la costumbre de no repetir esquemas que se han demostrado inoperantes.

Las distintas izquierdas serranas se han mostrado, por sí solas, plenamente incapaces de constituir una alternativa sólida al Partido Popular en nuestros Municipios en su conjunto. Los distintos partidos independientes no pueden -con muchísima más razón- dar en solitario esta batalla. Lógicamente -y como espero que hayáis entendido- me estoy refieriendo a aquellos Municipios en los que -siendo la mayoría absoluta del Partido Popular aritméticamente abrumadora- deja muy poco margen de actuación a las distintas fuerzas de la oposición. Es en estos casos en los que cabe plantearse la definición bien de vías tradicionales de actuación o bien de vías alternativas.

Existe una vía tradicional de plantear esta batalla, basada en el despliegue de las propias fuerzas de cada uno. Las respectivas fuerzas políticas opositoras pueden plantear su Programa por separado y de forma independiente. Concurrir a las Elecciones Municipales confíando en sus propias fuerzas y tirando cada uno del carro que le toque en Mayo de 2.011. A mí modo de ver, esta solución es un desastre. Nos conduce -de forma irreversible- a reproducir -casi idénticamente- los sucesivos resultados anteriores. Nos estrellaremos contra el muro de sus mayorías absolutas. De cabeza y sin remedio.

Sin embargo, tenemos una vía alternativa. Una vía que los falangistas de la Sierra Noroeste no nos hemos cansado de propugnar. Por supuesto, sin demasiado eco. Una solución basada en la organización de frentes municipales de base amplia, cimentados en torno al consenso alcanzado respecto a un conjunto de materias esenciales. Frente a una fuerza política monocolor e indiscutiblemente sólida -como es el Partido Popular a nivel local en nuestros Municipios- nosotros podríamos oponer coaliciones. Propuestas de muy amplia base democrática que pudieran -de forma también sólida- ofrecer a nuestros vecinos una visión alternativa al modelo popular propuesto. Fuerzas unidas a través del diálogo previo -y de los acuerdos subsiguientes- sobre asuntos de interés esencial para nuestro Municipio.

La finalidad política de esta propuesta no puede ser más clara. El Partido Popular se apoya en la existencia de un previsible número de votos que, bien determinado, corresponde a cada una de las formaciones políticas opositoras. Ellos saben cuántos votos aproximados va a obtener cada uno y dónde. Se trata del denominado techo de los respectivos partidos políticos concurrentes al proceso electoral. La constitución de Listas Electorales en la forma y condiciones que nosotros estamos propugnando permitiría superar cada uno de nuestros techos respectivos con los votos de los demás miembros coaligados. Apoyarnos los unos en los otros no sólo para tener más votos -extremo éste ya de por sí importante- sino para tener más fuerza. Más opciones para formar gobierno. La perspectiva de una oferta política de esta clase resulta -cuanto menos- muy a tener en cuenta como posibilidad a contemplar. Una oferta de amplio espectro que se dirija a todos los sectores de nuestros Pueblos, y no sólo a los de determinado segmento ideológico. Una propuesta capaz de enlazar a grupos de electores que piensan habitualmente distinto, pero que coinciden en algunos extremos esenciales. Los suficientes para desear un cambio en las mayorías actuales de gobierno.

Los problemas en torno a los cuales podríamos llegar a sencillos acuerdos son diversos y muy actuales. Creo que podrían resumirse por medio de dos grandes apartados. De un lado, aquellos puntos políticos basados en la necesidad de incrementar la participación democrática en nuestros Ayuntamientos. De otro lado, aquellas cuestiones derivadas de la exigencia de un crecimiento urbanístico más racional y sostenible. Por tanto, los acuerdos podrían adoptarse -perfectamente- en relación a dos ejes fundamentales: mecanismos de participación y formas de defensa medioambiental.

Existe una amplísima gama de formaciones políticas serranas -que van desde las distintas variedades de izquierda, falangistas, independientes hasta las listas ciudadanas de matiz diverso- que hemos basado nuestra propuesta municipal en torno a una profundización de los resortes de participación y representación municipal. El Municipio no sólo sería un marco ideal para el desarrollo de estos instrumentos de participación vecinal sino que sería -asimismo- un primer escalón representativo de carácter directo y cercano. El Municipio como núcleo social vivo y dinámico, concebido no sólo como un mero ente administrativo, sino como un instrumento de transformación social. Esta doble consideración del Municipio podría tener una sencilla traducción política mediante la incorporación de los ciudadanos a las tareas de gobierno local. Mesas y Consejos, presupuestos participados, Reglamentos de Participación Ciudadana abiertos y flexibles, o establecimiento de consultas vinculantes y no meramente consultivas. No existiría problema alguno para acordar una serie de propuestas electorales basadas en este incremento democrático. Sobre todo entre formaciones políticas que -por separado y bajo siglas distintas- estamos propugnando conceptos similares o idénticos.

Y mucho más podemos decir de aquellas líneas de actuación medioambiental que muchos de nosotros llevamos años defendiendo. Profundamente contrarias al modelo urbanístico propugnado en nuestra Sierra por el Partido Popular, nuestras ideas han encontrado un adecuado cauce de expresión por medio de la oposición al Texto del PORN Guadarrama, así como por la mayor o menor lucha que, en el seno de nuestros Municipios, cada uno ha desarrollado frente a los distintos PGOU propuestos por los actuales equipos de gobierno local. Existirían espacios de coincidencia de fácil hallazgo: una base programática común que nos permita formular un modelo urbanístico de contenido alternativo al actualmente propugnado y desarrollado por nuestros gobiernos locales. Un modelo basado en los principios del crecimiento sostenible y en el correlativo rechazo a la cultura del ladrillo. Hemos sido muchos lo que -durante las últimas legislaturas- hemos alzado nuestra voz frente a este desmesurado desarrollo urbanístico, y muchos también los que hemos propugnado sistemas económicos locales fundamentados en pilares distintos de los que se derivan de la simples actividades constructoras.

Someramente mencionados estos dos extremos, no creo que resultara una tarea demasiado compleja la de alcanzar un acuerdo de mínimos que garantizara una candidatura de amplio contenido y de composición extensa. Una Lista que -en cada Pueblo- fuera capaz de englobar un espectro muy amplio de fuerzas políticas y sociales, construyendo una oferta electoral ilusionante frente al rodillo en el poder. Partidos de izquierda e independientes, así como personas sin afiliación política concreta, unidos por el vínculo común de la profundización democrática y de la defensa medioambiental.

Ante esta perspectiva, tan sólo encuentro una clase de dificultades de, tal vez, difícil solución. Aquellas que tienen su origen en los prejuicios políticos y sociales o -de igual forma- aquellas que encuentran su raíz en un excesivo -y a todas luces inmaduro- personalismo electoral. Además, debemos contar con las grandes directrices electorales de contenido general de los grandes partidos, dictadas por sus órganos nacionales y de incuestionable aplicación en todas sus agrupaciones locales. No deberíamos rendirnos ante estos posibles inconvenientes. Muy al contrario, deberíamos sentarnos y -al menos- debatirlos. Los políticos locales deberían tener la suficiente cintura política como para poder llegar a acuerdos preelectorales sin que ello suponga un drama personal o -lo que sería peor- una irremediable pérdida de identidad política o una renuncia vergonzante a los propios postulados ideológicos. Ser capaces de superar nuestra estrechez de miras y de buscar -entre todos- soluciones posibles.

Esto es posible. En la Sierra hemos ensayado ya gobiernos locales de esta clase, si bien en el caso de referencia se trató -mejor dicho- de acuerdos postelectorales, y no de planteamientos previos a conocer los resultados definitivos de los comicios. Estoy hablando de Galapagar, pueblo en el que -bajo la Alcaldía de Carmen Toledano del PSOE- consiguieron agruparse varias formaciones políticas para formar gobierno y plantear una alternativa seria al Partido Popular. Esta interesantísma experiencia política -que abarcaba un amplísimo espectro ideológico dentro del fragmentado escenario de Galapagar- resultó fracasada a partir de dos clases de motivos: las tensiones internas entre los miembros de la coalición y la presión externa ejercitada por la dura oposición del Partido Popular. Estos condicionantes motivaron el final de este breve gobierno de consenso, y el regreso a Galapagar del Partido Popular al frente del Consistorio.

A mi modo de ver, el defecto de este gobierno cuatripartito ha residido en la falta de cohesión interna, producida por una cierta precipitación a la hora de asumir funciones de responsabilidad. Es como si, habiendo comprobado aritméticamente la posibilidad de formar gobierno, se hubiera pisado el acelerador a la hora de formarlo, dejando al margen muchas diferencias que -existiendo evidentemente entre los miembros de esta coalición- han acabado por explotar pasado un tiempo. A todos nos ha dado la impresión que el equipo de Carmen Toledano hubiera podido mantenerse si estas contingencias se hubieran debatido y solventado con la suficiente antelación, y no en momentos posteriores. Un Programa Político anunciado y explicado durante la campaña electoral hubiera evitado -sin duda- muchos de los problemas que después se tuvieron.

Sin embargo, el ejemplo ofrecido por las fuerzas políticas de Galapagar ha sido muy interesante. Ha demostrado una encomiable flexibilidad de las formaciones políticas del Municipio, y nos muestra un camino correcto de actuación. Sobre todo para los que creemos que sólo Listas Electorales de entendimiento y de consenso pueden ofrecer alternativas válidas al monolítico Partido Popular de nuestra Sierra. Sobre todo cuando -como es el caso de casi todos los que hemos estado haciendo oposición en la medida de nuestras posibilidades- resulta que uno de nuestras máximas quejas acerca de la situación política existente ha sido -precisamente- esa: la de la falta de consenso, debate y análisis conjunto entre gobierno mayoritario y fuerzas de la oposición. Si estamos preconizando el consenso a la hora de gobernar... ¿por qué no comenzamos practicándolo nosotros antes? ¿tan difícil es ponernos de acuerdo para ofrecer a nuestros ciudadanos un proyecto alternativo ilusionante? ¿podéis imaginaros el enorme potencial -electoral primero y transformador después desde el gobierno- de una oferta política de base amplia? ¿tendremos que contemplar -otra vez en el 2.011- una nueva victoria abrumadora del Partido Popular y una ratificación ciudadana de los mandatos actuales?

La respuesta a todas estas preguntas depende de nuestra flexibilidad en el diálogo y de nuestras posibilidades de acuerdo. Mente abierta e imaginación serán las claves de los próximos escenarios políticos.

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