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EL GESTO DE UNA HUELGA GENERAL (ABRIL 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 173 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Esto ya no se sostiene. España ha entrado en la espiral diabólica de los cuatro millones de parados. Espeluznante. Los datos de paro correspondientes al primer trimestre del año nos muestran una tasa de desempleo del 17,3%, con más de cuatro millones de desempleados. Estos son los extremos de la cuestión ofrecidos por la Encuesta de Población Activa que elabora el Instituto Nacional de Estadística. Durante el último año, más de un millón ochocientas mil personas han perdido su puesto de trabajo. Según estos mismos datos, existirían siete Comunidades Autónomas al borde en situación de emergencia nacional, al superar la tasa de paro el 20%. Estas cifras son similares a las de la Gran Depresión Capitalista de 1.929.

Mientras tanto, nuestro Gobierno no puede hacer nada frente al desastre. Elena Salgado se ha limitado a poner carita de pena ante las cámaras de televisión. Ni saben ni pueden. En realidad, este caos negativo no depende del partido concreto que ocupe el Gobierno de turno. Les ha tocado a estos como podía haberles tocado a los otros. Nadie puede hacer nada porque -sencillamente- no queda nada por hacer... salvo aguantar, de forma estóica, esta progresión creciente de la tasa de desempleados. El capitalismo ha estallado y nos ha pillado a todos dentro. Izquierdas y derechas... porque el mal no está en tal o cual programa electoral, sino en la misma entraña de un sistema que ha muerto. Por tanto, el desempleo sigue asciendo en una escalada imparable, sin que podamos hacer nada dentro de las actuales reglas del juego. Sólo políticas revolucionarias podrían encarrilar la situación. Sólo una voluntad decidida de profunda transformación del sistema capitalista sería capaz de ofrecernos soluciones viables a este conjunto de problemas irresolubles.

Los Sindicatos mayoritarios guardan silencio. Es vergonzoso. Siguen enfangados en una infame situación de subvenciones, sueldos e intereses creados. El viejo -viejísimo- sindicalismo oficialista ha sido una de las primeras víctimas de la Gran Depresión, al quedar plenamente constatada su absoluta incapacidad para defender -de forma idónea y adecuada- los derechos de los trabajadores en estos momentos difíciles. Mientras todo iba bien, casi nadie -casi- se cuestionaba su existencia. Estos alegres funcionarios sindicales se limitaban a poner la manita y a cobrar. Cobrar por todo... cursos, cursillos, defensas y subvenciones. Ante la indiferencia general, han propugnado la doctrina de la dolce vita en la defensa de los trabajadores. Sin embargo, ahora -en las vacas flacas- toda aquella persona con dos dedos de frente se pregunta la razón de la existencia de estas entidades subvencionadas... ¿para qué están si ni siquiera sirven para alzar la voz y protestar? Mientras tanto, el ritmo descrito en la destrucción de los puestos de trabajo es inasumible por cualquier sociedad occidental que tenga una profunda conciencia social y unos objetivos generosamente generales. Ni la una ni los otros. Parálisis en las reivindicaciones y nula defensa de los intereses legítimos de los trabajadores.

Por esta razón, los falangistas estamos propugnando una Huelga General. Porque si el Gobierno de España no es capaz de articular un conjunto adecuado de medidas económicas y políticas para hacer frente a esta situación de urgente emergencia, y si los grandes Sindicatos no quieren afrontar la transformación radical que nuestra sociedad está demandando, deberán ser las fuerzas sociales, políticas y sindicales libres e independientes las que propugnen esta tarea inmensa de movilización nacional. El Gobierno carece del liderazgo moral necesario para llevarla a efecto. Entre otras cosas, porque ha tomado partido -cristalizado en los apoyos económicos otorgados a la todopoderosa Banca- por los opresores frente a los desposeídos. Estas medidas -no lo olvidemos- han sido adoptadas con plena anuencia de nuestra muy leal Oposición la cual -por descontado- no es capaz de ofrecer una alternativa política viable y esperanzadora. Hoy, más que nunca, existe una fractura irreparable entre la España real y la oficial. Entre la Carrera de San Jerónimo, La Zarzuela y La Moncloa -de un lado- y el Pueblo Español -con mayúscula- en el otro. Un pueblo todavía sin movilizar, pero a la espera.

Podemos propugnar la Huelga General como esperanza. Los falangistas estamos propugnando una República Sindical, basada en una profunda transformación de nuestros instrumentos económicos. Pero, y sea cual sea nuestro ideal político, creemos que el hito inicial de una serie de cambios profundos que España necesita podría ser la Huelga General. En la mejor tradición soreliana del sindicalismo revolucionario. Una prueba palpable de que la ciudadanía española no solamente tiene todavía ímpetu de lucha por su propio futuro, sino anhelo de solidaridad entre sus clases. Hito y Mito de lucha social por la Justicia. Hilo conductor y solidario entre los que todavía tienen trabajo y los que no y entre -por qué no- los que creemos en un cambio posible y los que no. Lo que resulta intolerable es cruzarse de brazos ante tanta y tanta injusticia. No debemos olvidar que el desempleo, la eufemísitica desaceleración, así como las demás consecuencias económicas y sociales adversas de esta situación no son culpa -ni responsabilidad- de los ciudadanos que las sufren. Es necesario alzar la voz y dar un toque de atención. Es necesario demostrar que los grandes poderes no pueden hacer su voluntad y deshacer nuestro futuro sin que ello tenga consecuencias. Empezar a luchar hoy es la clave del éxito de mañana.

De esta crisis podemos salir. Pero las soluciones no vendrán de ninguna fuerza política o sindical de las que, al día de hoy, tienen mando en plaza. Vendrán del esfuerzo coordinado de las víctimas de esta situación... de la gente que, cansada de esperar milagros, verá posible la recuperación dependiendo de su exclusivo esfuerzo en solidaria conjunción con el de los demás. Yo creo en el futuro. Y creo que lo que estamos pasando puede ser positivamente orientado hacia un mejor futuro para todos. Un sistema se ha roto y otro está naciendo. Borrón y cuenta nueva. Con la Huelga General, demostraremos que todavía estamos vivos, y que todavía podemos oponernos a la arbitrariedad caprichosa de un poder ilimitado. Vitalidad civil frente a la inacción oficial.

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