Avisar de contenido inadecuado

HERALDOS DE LA MUERTE (AGOSTO 2.009).

{
}

 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 187 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense.

ETA ha vuelto a matar. Coincidiendo con su cincuenta aniversario, estos asesinos nacionalistas han matado a dos Guardias Civiles -Carlos Saénz de Tejada y Diego Salvá- que pasan a integrar, por medio de este crimen abyecto, la ya siniestra lista de asesinados en nombre de una idea irracional de Patria Vasca. Irracional, alucinada, racista e históricamente fraudulenta. Los herederos de Sabino Arana con el dedo perpétuamente en el gatillo o animando a los que lo tienen. Yo quiero pensar que estos jóvenes héroes españoles mueren no sólo por causa directa de una aberrante y minúscula idea de patria sabiniana que conduce de manera directa a su asesinato -conscientemente falsa y tácticamente criminal- sino que mueren por la Patria. Por esa Patria real, profunda y sincera que queremos todos. La Patria Española, cuya subsistencia sigue exigiendo -triste tributo a estas alturas- la sangre de algunos de sus hijos. Aunque ya no se lleve decir esto. Patria de todos por la que merece la pena morir. Y, sobre todo, Patria de todos por la que merece la pena vivir en libertad.

Al día de hoy, siguen los atentados. Bombas en Palma de Mallorca: ataque directo a nuestros intereses turísticos y mensaje a la Casa Real. Fiesta sangrienta de este siniestro cumpleaños.

Se han cumplido cincuenta años desde que aquel ya lejano 31 de Julio de 1.959 los fundadores de ETA comunicaran a sus hermanos mayores del PNV -a su representación el el exilio- el inicio de la lucha armada. Un mismo fin -la Patria Vasca Independiente- y distintos sectores de lucha. El ala derecha y el ala izquierda de un amplísimo sector social enfrentado a la sencilla y honesta idea de España y unidas entre sí por el lazo conductor del odio. Unos matan y otros negocian, pero todos ellos son los heraldos de la muerte que anuncian una Euzkadi independiente y soberana. Siniestros augures de un Estado que -de llegar alguna vez a materializarse- estaría basado en la mentira, la muerte, el crimen y el chantaje... sobre cincuenta años de bombas, matanzas y miedo. Terrorismo nacionalista que -por lo que se ve- parece no tener fin.

Dos Guardias Civiles más asesinados. Las siniestras velas de la tarta de cumpleaños del hacha y la serpiente. Nada nuevo bajo el sol de nuestra tierra castigada. Sin embargo, el peligro del terrorismo no sólo está en el crimen inhumano y cobarde que termina con las vidas españolas. Existe otro peligro que -inherente a las acciones terroristas- acaba con nuestros sentimientos ciudadanos más íntimos y nobles. El riesgo -silencioso, letal y siempre constante- de hacernos olvidar los valores por los que todos -en la mayor o menor medida de nuestras posibilidades anónimas- nos estamos enfrentando a ellos. Nuestro bagaje moral frente al del enemigo miserable. Y es que la muerte calculada y sistemática de ciudadanos inocentes nos vuelve -automáticamente- peores, al sacar a relucir nuestras más lamentables -y olvidadas- mezquindades sociales. De esta forma, el terrorismo nacionalista vasco produce dos efectos negativos y demoledores desde una perspectiva ciudadana... no sólo siega vidas sino que empobrece a la sociedad escorándola hacia posiciones moralmente deleznables y políticamente inoperantes. Es la acción terrorista inmoral que buscaría una reacción ciudadana igualmente inmoral para autojustificarse.

Ante la sangre y el fuego etarra, existirá un clamor correlativo de sangre y de fuego contra los terroristas. Así nos volvemos -nos vuelven a través de sus acciones- iguales que ellos. Perdemos los nervios. Nos enfrentan a unos frente a otros, cuando debiéramos remar todos en una sola dirección. Crispan. Nos rebajan al nivel del sentimiento primitivo de la violencia vindicativa. Y llegan así las ruidosas peticiones de pena de muerte institucional frente a la muerte terrorista... las clamorosas peticiones de un retorno a la Ley del Talión que -por razón de su propia iniquinidad- ninguna sociedad occidental puede desear y, mucho menos, asumir como un principio propio. Llegamos -de esta forma- a una indiscutible victoria del terrorismo etarra ya que -por lo que se ve- no sólo es capaz de destrozar nuestros cuerpos, sino también de privarnos de aquellos valores cívicos por los que vale la pena articular la resistencia frente a estos heraldos de la muerte. Así nos golpean dos veces, y organizan su lucha en torno a estas dos modalidades de ataque a nuestra sociedad.

Los falangistas no nos hemos visto inmunes a esta tentación de la violencia. Hemos podido leer el Comunicado Oficial de la Junta Nacional de La Falange de fecha 31 de Julio, redactado en un tono impropio no sólo de ciudadanos españoles que viven y desarrollan su actuación política en el año 2.009 -principios del Siglo XXI- sino de seguidores de una doctrina que coloca -en la cúspide de su escala jerárquica- a la Dignidad del Hombre como bien supremo e intransferible. Yo no me veo identificado ni con lo que se expresa en este Comunicado ni con la forma utilizada para la expresión de este mensaje. Yo creo que nos han hecho perder los nervios. Nos han hecho capitular en la defensa de nuestros principios y valores para caer -de lleno- en la postulación de actitudes que muy poco -o nada- tienen que ver con el nacionalsindicalismo. Y es que, una vez más, las organizaciones falangistas no son más que el reflejo del conjunto de la sociedad. Una vez más, hemos caído en el fácil recurso a la violencia, sin tener en cuenta todos los aspectos que conforman este problema complejísimo. Al terrorismo no se le va a derrotar con violencia sistematizada. Exige respuestas integrales que pongan en útil conexión todos los resortes útiles de nuestra sociedad. Todo lo demás... sobra.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.