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HOY NOS HA TOCADO A NOSOTROS (ABRIL 2.006).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 19 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Hoy nos ha tocado a nosotros. El Ayuntamiento de El Escorial, regido por un ente político llamado Foro Progresista, ha retirado de la Avenida de La Constitución el Monolito erigido en memoria de nuestro Fundador. En memoria de José Antonio.

Como Abogado de La Falange, y a lo largo del último año, he tenido que lidiar en tantas y tantas plazas que se me hace muy difícil recordarlas en su perfecto orden cronológico. Unas veces en Elche, donde una banda de vándalos ha pintado con las tres franjas republicanas nuestro Monumento a los Caídos; otras en Guadalajara, donde el alcalde socialista ha retirado la Estatua de José Antonio de uno de los Parques de la Ciudad; otra en la propia Moncloa, debatiendo acerca de la Memoria Histórica con la Comisión Gubernativa; otras veces en Almansa, donde el Ayuntamiento retiró la Cruz de los Caídos del casco urbano...

Siempre la misma historia. Repetida -una y mil veces- la misma historia. Y uno, sólo a veces, se cansa de luchar, de repetir en mil ocasiones los mismos argumentos frente a la cerrazón y al sectarismo. Frente a la barbarie que no cesa. Frente a un conjunto de españoles que parece tener bula para la ofensa grave, frente a otro que ha decidido inspirar profundamente y resignarse.

Hoy nos ha tocado a nosotros. El Alcalde Fernández Fau ha retirado -sin ninguna clase de explicación ni noticia previa- el Monolito de nuestra Avenida de La Constitución. De esa misma Constitución que, una vez más, ha sido orillada y olvidada para ocasionarnos un agravio innecesario. Durante la Segunda República -ese espejo progresista- nos atacaron con las pistolas del nueve largo manejadas con pericia en las noches oscuras. Ahora lo hacen con grúas. En eso hemos avanzado.

Hace unas semanas -seguro que lo recordáis- escribía desde estas mismas Páginas que los falangistas, ante el aumento -que advertíamos- de la crispación social en nuestros Pueblos, nos mantendríamos firmes y serenos, extremando las buenas maneras y las formas correctas en busca de un mínimo consenso en algunos asuntos esenciales. También he escrito desde estas páginas que, sólo desde el acuerdo entre fuerzas sociales y políticas, podría desarrollarse una política de sostenibilidad en nuestro crecimiento urbanístico. La Falange -desde que llegó de nuevo a nuestro entorno- no ha hecho más que sacar a la palestra cuestiones actuales y concretas (políticas de igualdad, cuidado a los ancianos, mesas sobre drogas, paradas de autobús...). Hoy todo eso me suena extraño. Difuso. Al parecer, nosotros no tenemos derecho a ser una fuerza política más: podemos ser insultados y ofendidos siempre que el momento electoral, o la ocasión, lo requieran.

Los falangistas -lo repito una y otra vez- hemos hecho examen de conciencia. Hemos asumido nuestros errores del pasado: nuestros trágicos errores del pasado. Hemos analizado nuestra marcha política desde los primeros pasos fundacionales. Nos hemos ido adaptando a las distintas fases o épocas políticas por las que ha atravesado España. Nos hemos arrepentido de algunos de estos hitos históricos. Nos hemos enorgullecido, muy legítimamente, de otros. El resultado de esta evolución es La Falange que hoy actúa en nuestros Pueblos: un grupo político integrado, legítimo, legal y democrático. Con sus propias peculiaridades. Con su pequeña y gran historia. Y como hemos hecho examen de conciencia, estamos en perfectas condiciones de exigírselo a los demás.

Yo he pedido calma y respeto desde estas líneas. Y lo he hecho siempre en nombre de la opción falangista. Y lo hago porque sólo los grupos humanos que han sufrido conocen el valor del respeto hacia las ideas propias. El valor del silencio honorable. Y callamos. Callamos para no herir -ni remover- viejas heridas, las cuales son indiferentes al devenir político actual. Falsas polémicas para distraer la atención pública de los verdaderos problemas nacionales. Electoralismo barato.

Y así, nosotros nos callamos mientras ellos hablan para insultarnos constantemente; y nos callamos mientras actúan para destrozar la paz de nuestros Muertos. Esa -precisamente- es nuestra fuerza moral. Que nosotros respetamos a los Muertos de las dos orillas españolas. Que nosotros ya no removemos sus nichos. Porque creemos que, cuando alguien da la vida por algo, se gana el respeto de sus compatriotas: dulce et decorum est pro Patria morit. Y eso basta... ¿y sabéis qué es lo mejor de todo? ¿qué es lo que me enorgullece? Que esto ya era así antes. Que José Antonio lo creía. Y ellos no.

Los progresistas no lo creen. Y aún así, debemos callar.

Debemos callar que La Falange fue literalmente masacrada en aquel felicísimo país que gobernó la Segunda República Española. Debemos callar que, en ese paraíso de libertades que terminó en 1.939, nuestros militantes eran asesinados por la espalda en nuestros pueblos y ciudades. Debemos callar que la práctica totalidad de nuestros líderes y militantes resultó asesinada sin formación de Causa previa. Debemos callar que, en aquel edén democrático de cultura y concordia, no tuvimos la más mínima oportunidad de desarrollar una actividad política normal, ya que nuestra prensa era censurada y nuestros actos prohibidos. Debemos callar todo eso en los setenta y cinco años de fastos y celebraciones republicanas. Y, por si esto fuera poco, debemos callar ante el insulto cotidiano en aras de la paz social. La constante injuria y falsedad acerca de nuestra trayectoria pública y política. El permanente ataque a la Memoria de nuestros Caídos. Es demasiado.

Y ello a pesar de haber creído, y de creer -con honestidad- que ya era hora de olvidarnos de todo aquello y de trabajar en asuntos reales: en el día a día de la política. Callar y trabajar, codo con codo, con los descendentes ideológicos de los mismos que asesinaron a los nuestros. Olvidar ese horror. Pero no. Ellos no lo quieren así. El Alcalde retira el Monolito erigido en recuerdo de un hombre joven de treinta y tres años que creyó en una Patria nueva -alegre y faldicorta- absolutamente alejada de posiciones tan políticamente cutres como la demostrada ayer en El Escorial. Y vuelvo a reafirmarme, con infinito orgullo, en nuestra innegable superioridad moral: en la certeza de que ningún falangista actuaría como ayer lo hizo el Sr. Fernández Fau. Y a las pruebas recientes me remito (Homenaje del Foro por la Memoria en El Escorial, realizado sin ninguna objeción -estaría bueno- por nuestra parte).

El Alcalde ha roto las reglas del juego. Por eso, La Falange hará todo lo posible para favorecer las circunstancias políticas que desemboquen en la salida del Ayuntamiento del actual Alcalde, sin descartar las medidas judiciales que puedan adoptarse. Haremos todo lo que podamos, porque nosotros sí somos partidarios de judicializar la vida pública cuando se haya podido vulnerar la legalidad en el desempeño de un Cargo Público. Fuera de ahí en cuanto se pueda.

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