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ALGUNAS IDEAS PARA EL 2.011 EN "EL ATRIL" DE "DIARIO DE LA SIERRA" (ABRIL 2.010).

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 TAGS:undefinedEn nuestros Municipios -al igual que en el resto de España- puede verse, cada vez con mayor nitidez, la diferencia entre las formaciones políticas que pretenden respaldar al Sistema -con la mayúscula propia de los conceptos grandes y monolíticos- y los que pretenden transformarlo. La diferencia -sin casi punto equidistante- entre conservadores y revolucionarios. En concreto, y ciñéndonos a lo que ocurre a nuestro alrededor más directo, los vecinos serranos apoyan una u otra tendencia con mayor o menor intensidad y en todas sus opciones ideológicas posibles. Muchos políticos serranos se han dado cuenta de que hemos cerrado un ciclo histórico, mientras que otros siguen encastillados en las mismas antiguas posiciones de antes de la recesión. Lo que parece claro es que las cosas -pasado un tiempo- no serán como antes. El maremoto de la crisis está siendo tan fuerte -y ha afectado a tantos pilares fundamentales del edificio- que ya nada volverá a ser igual. Nuestro mundo está cambiando rápidamente y -y tal y como está ocurriendo en otras partes- las distintas opciones políticas serranas pueden favorecer estas transformaciones o -por el contrario- intentar ralentizarlas. En resumen, los que ofrecen nuevas ideas y los que no. Con todo lo que comporta -lo que profundamente comporta- adoptar una u otra postura.

En el fondo, todo esto no deja de ser una cuestión de imaginación. Imaginación sobre el dilema de cómo acercar -y repartir- el poder al pueblo y entre el pueblo, o de cómo continuar monopolizándolo entre unos pocos. Y en todos nuestros Municipios existen numerosos ejemplos prácticos de propuestas de uno y otro signo. Propuestas imaginativas y valientes frente a una férrea defensa del orden establecido. Precisamente, el año que viene tenemos la oportunidad de comenzar a expresar nuestra opinión desde que comenzó este desastre. Justo en nuestro entorno más cercano, una muy buena oportunidad de hacer del ámbito municipal un motor para el cambio.

Listas para el cambio. Candidaturas verdaderamente alternativas frente al aburrimiento que asalten los reductos de un orden político caduco. En menos de un año, yo creo que toda teoría al uso sobre la adecuada gobernación o sobre la marcha de nuestra economía ha quedado anticuada. Con la velocidad de quien huye, nuestros políticos han sido arrinconados sin piedad por la fuerza de los acontecimientos. Desempleo creciente y estrechez en las economías familiares. Y lo peor no es esta mala situación evidente. Con esfuerzo paciente podría afrontarse el sacrificio siempre que existiera una luz tras el tunel. Una ilusión que nos uniera -a todos- en esta época de privación y de falta de recursos. Nuestros máximos responsables no saben darnos esa ilusión. O no pueden. Porque -la verdad y como casi todos nosotros sabemos- tampoco saben demasiado bien qué hacer. Salvo ir poniendo parches y seguir comportándose como si no pasara nada.Todo menos reconocer que la situación les ha desbordado casi desde sus mismos inicios.

Se ha tocado el sálvese quien pueda, y unos, otros, estos y aquellos llevan -llevamos- corriendo varios meses en distintas direcciones dictadas tan sólo por el miedo. Fracasadas las políticas económicas institucionales, el núcleo de la lucha se traslada a las maltrechas economías domésticas. Como pueden -y muchas veces sin poder- las familias españolas van sobreviviendo. Cubriendo gastos día a día hasta que -sencillamente- ya no pueden más. Una eterna cuesta arriba económica y personal que parece no tener fin.

Pero este caos pudiera -en uno de esas extrañas conjunciones de fuerzas históricas- derivar en una nueva sociedad. La confusión como posibilidad de cambio positivo y de alumbramiento de un nuevo modelo social. Siempre y cuando supiéramos -efectivamente- a dónde vamos en medio de la niebla. Cuando existe un objetivo común -cuando los dirigentes de un país han sabido definir ese objetivo e ilusionar con él a una amplia mayoría ciudadana- nos encontramos ante uno de esos estados de gracia que determinan verdaderos procesos históricos. Transformaciones sociales que resuelven -en sentido positivo- los conflictos que afectan gravemente a las naciones. De esta forma, nuestra actual pobreza podría constituir el primer ladrillo de nuestra reconstrucción nacional. Sin duda, podría darse sentido a tanto sufrimiento: a tantos dramas personales que han terminado por convertirse en un estado de generalizada tristeza.

En 1.940, el Imperio Británico había sido arrinconado por el empuje de los Ejércitos del Eje. Los años de entreguismo pactista del Primer Ministro Chamberlain habían sumido a la nación en el miedo y en la desesperanza. En todo el mundo se daba por hecho el desembarco alemán en las Islas Británicas y la consiguiente victoria relámpago de sus Divisiones Panzer. Sin embargo, el Imperio resistió. Churchill supo pulsar las cuerdas sensibles del pueblo británico, inyectándole voluntad de luchar. De no rendirse y de movilizar todos los recursos disponibles en busca del objetivo común de la victoria. Y de esta forma -de entre los incendios del Londres bombardeado- podían vislumbrarse los cimientos de una nueva etapa histórica en Europa. Luz después de túnel negro de la adversidad y del desastre. Porque ese fue uno de los grandes aciertos de Winston Churchill: no sólo organizar la resistencia a ultranza frente al duro enemigo sino también -y como elemento inseparable del primero- liderar un auténtico rearme moral de los británicos. Luchar y conocer las exactas razones de la lucha.

Los españoles necesitamos exactamente lo mismo. No basta con tener voluntad de resistencia. No basta con sobrevivir mes a mes en medio de este cataclismo económico, ni sufrir los duros avatares de un empobrecimiento progresivo. Esa es sólo una de las facetas de la cuestión. Necesitamos un conjunto de ideas que den sentido a esta durísima lucha. Que esta batalla por nuestra supervivencia sirva para poner la primera piedra de la transformación del sistema. La primera fase de la Revolución. La ruptura del siempre inestable equilibrio capitalista nos ofrece la oportunidad de rehacer las relaciones básicas sobre las que se sustenta este viejo armatoste. En caso contrario, todo este sufrimiento no habría servido para otra cosa más que para reflotar el orden viejo. Un sistema injusto reinventándose a si mismo sobre la base de un empobrecimiento general.

Pero la recesión capitalista puede traernos varias consecuencias positivas. La primera -y fundamental- es que podemos transformar profundamente la sociedad que nos ha tocado vivir. Luchar por un sistema más justo del que debemos definir sus ejes esenciales. Entre estos ejes, y como premisa fundamental del cambio, estaremos ante una sociedad más solidaria estrechando lazos ante la adversidad. Definir los objetivos inmediatos del cambio social. Esperanza en el porvenir entre el miedo y el desempleo, entre la falta de expectativas y la realidad tenebrosa.

Y como primer embate de este dilema, nos encontramos ante unas Elecciones Municipales en Mayo de 2.011. Somos muchos los que creemos que cualquier iniciativa política revolucionaria encontrará su cauce más idóneo en la cercanía de lo próximo. La posibilidad de aplicar directamente políticas de transformación en el entorno más cercano. La primacía de la política municipal sobre las grandes políticas estatales que -día a día- van perdiendo sentido ante la inacción del poder central. Los falangistas creemos que sigue vigente la trilogía en la que hemos centrado reiteradamente el carácter de la acción municipal: como instrumento revolucionario de aplicación de medidas directas, como primer escalón participativo y democrático y como elemento orgánico de organización de nuestra opción política. La actual situación económica y social nos ha venido -en esto como en tantas otras cosas- a dar la razón sobre la urgencia de dotar de contenido efectivo a este triple carácter.

Es el momento de constituir grupos municipales fuertes dentro de nuestras Corporaciones. Grupos propios frente a los grupos políticos mayoritarios de siempre. Aquellos que sostienen la viabilidad del Sistema frente a los que ya no creemos en la misma: entrar en los Ayuntamientos como un posible primer paso de la Revolución. Intentar hacer algo. Y pronto.

A mí modo de ver, los falangistas debemos colaborar a la formación de frentes políticos amplios. Candidaturas integradas por personas que, aunque tuvieran una distinta procedencia ideológica, coincidieran en la necesidad de transformar profundamente el sistema capitalista. Partiendo de esta idea central, se trataría de Candidaturas formadas por personas agrupadas en torno a un conjunto de propuestas de acción revolucionaria. Porque existen algunos puntos de formulación insoslayable que, por sí mismos, son plenamente capaces de aglutinarnos. Estos puntos podrían ser definidos de la siguiente forma.

LISTAS REPUBLICANAS. En nuestros Municipios deben existir Candidaturas que -de forma inequívoca- se pronuncien por la forma republicana de Estado como primer paso hacia una efectiva profundización de nuestras libertades. Sustituir la Monarquía por una forma de gobierno más democrática, moral y transparente.

LISTAS ALTERNATIVAS, en el sentido de propugnar una sustitución del orden capitalista por un modelo más justo, equitativo y solidario, estimando indispensable un cambio en la titularidad de los medios de producción al objeto de hacerla recaer sobre los propios trabajadores. De esta forma, las formaciones de carácter revolucionario en nuestros Pueblos se caracterizarán siempre por defender una transformación profunda de las actuales formas de relación entre capital y trabajo.

LISTAS SINDICALISTAS, que agrupen a los que creemos que el Sindicato no sólo debe ser un instrumento de lucha frente al orden capitalista -rechazando la concepción pactista del sindicalismo mayoritario y subvencionado- sino que constituye el futuro núcleo de la organización económica y política nacional.

LISTAS POR UNA BANCA NACIONAL, que pretendan la sustitución del actual modelo bancario privado por un sistema de banca pública exclusiva, en la línea de lo que nosotros -desde nuestras casi primeras formulaciones doctrinales- denominamos sindicalización de la banca. Banca como servicio a los trabajadores y no como negocio plutocrático.

LISTAS DEMOCRÁTICAS, cuyos integrantes pretendan una profundización radical en nuestros derechos y libertades, mediante un absoluto incremento de la participación de los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos. Ciudadanos que crean necesario fortalecer los instrumentos políticos de participación directa, como medio de extender a todos el ejercicio del poder así como de evitar su actual monopolización por unos pocos. La Revolución se entendería como el instrumento más eficaz de hacer efectivos derechos ciudadanos primordiales: trabajo, vivienda o cultura.

LISTAS MEDIOAMBIENTALES, ya que nuestros Municipios requieren de una férrea política de control urbanístico, con la sola finalidad de evitar una urbanización desmesurada y una construcción irracional. Vecinos que propugnen políticas de sostenibilidad frente al actual modelo urbanístico serrano.

LISTAS MUNICIPALISTAS, a través de las cuales de defienda un Ayuntamiento libre, independiente y soberano: un instrumento de transformación social directa y un órgano de poder popular. Ciudadanos que conciban al Municipio como pilar fundamental de una futura sociedad, y que transformen su funcionamiento desde la doble perspectiva de participación y transparencia.

Nunca se ha hecho más patente el divorcio entre una clase dirigente -inmoralmente preocupada por perpetuar sus privilegios y sus cargos en medio del naufragio- y una inmensa mayoría -a veces silenciosa y a veces no tanto- cuya preocupación básica es la de simple subsistencia de un mes para otro. Dos líneas que discurren paralelas, y un espacio entre ellas que cada vez se va haciendo más grande. Las fuerzas políticas se dividen -hoy más que nunca- entre las que propugnan estas transformaciones y las que quieren que todo siga como está. En el fondo, nunca nada ha sido más sencillo y nítido que esto. Los que quieren cambiar y los que no. Opciones tradicionales frente a alternativas revolucionarias.

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