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ALGUNAS IDEAS SOBRE CRECIMIENTO CERO EN SAN LORENZO (SEPTIEMBRE 2.006).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 41 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

A mí, personalmente, el asunto me parece apasionante. Sobre todo en Pueblos como el nuestro, en el que unos valores históricos y culturales deben coexistir con los problemas habituales derivados del desarrollo social de nuestro municipio. El complejo histórico de San Lorenzo -entendido como naturaleza urbanizada y compuesto de varios elementos perfectamente interrelacionados- debe coexistir con los conflictos propios de nuestro normal crecimiento como pueblo. Y en esta cuestión de carácter esencial es dónde despliega sus efectos -con toda su fuerza- el concepto de crecimiento cero.

Básicamente, se trata de asegurar el desarrollo sostenible de San Lorenzo partiendo de una base inicial de trabajo: no se autorizarían nuevas construcciones fuera de las que ya están iniciadas y en marcha. De esta forma, los límites de nuestro Pueblo quedarían circunscritos a los actuales, no edificando complejo urbanístico de ninguna clase fuera de estas lindes preestablecidas. Aplicando un correcto criterio de crecimiento cero, no se edificarían más Edificios de Viviendas dentro de nuestro término municipal. Salvo, claro está, las que ya se están construyendo dentro de lo que podríamos denominar casco urbano.

Las ventajas de esta medida son evidentes y notorias: protección del entorno medioambiental y mejor acomodo de nuestro desarrollo urbanístico a las distintas normas protectoras que, a lo largo de los últimos meses, se están gestando -o ya han recaído- acerca de la protección de nuestro entorno. Se me ocurren dos normas esenciales: el denominado PORN de Guadarrama, al que casi todos los grupos políticos (incluída La Falange y otras entidades universitarias y sindicales falangistas) han efectuado alegaciones en el sentido de extender los límites de su ámbito de protección; y el BIC Decreto 52/2006 de la Comunidad de Madrid, relativo a la Cerca Histórica de Felipe II, que impone la protección de los territorios comprendidos dentro de este elemento arquitectónico.

Respecto a este auténtico puzzle -por ahora disperso- de normas protectoras, sólo decir que, a los que nos preocupamos habitualmente por la defensa del entorno medioambiental de nuestro Pueblo, todas estas normas nos parecen -de por sí- insuficientes. A todos nos gustarían más extensas y complejas: configuradoras de una protección más efectiva y adecuadamente reguladas. Sin embargo, tengo la sensación -por fortuna compartida- que este conjunto de normas acabará, de un modo u otro, protegiendo eficazmente nuestro entorno. Regulando los espacios que, de forma inexcusable, deben quedar fuera del ánimo insaciable de las empresas constructoras. Pienso que este pleno despliegue de sus efectos protectores vendrá a través de la correcta interpretación que, de este conjunto de normas, empiecen a hacer los poderes públicos con competencia en la materia. En realidad, y ojalá me equivoque, creo que la interpretación protectora de los efectos de esta nueva legislación se establecerá poniendo coto a los intentos que, de saltársela, promuevan los distintos interesados en la ampliación de nuestro proceso urbanístico. Es decir, determinando claramente las zonas en las que no se pueda construír frente a las intentonas constructivas que, o presenciaremos o, por desgracia, ya estamos presenciando.

De todas formas, y volviendo al asunto del crecimiento cero, tengo que decir que la idea me atrae, y que la voy a incorporar al Programa Electoral de La Falange para San Lorenzo. Convenientemente pulido, claro está, para lo cual llamo desde aquí a vuestra colaboración, aportando toda idea que creyeráis positiva para perflar correctamente este concepto.

En esencia, se trata de desarrollar la idea del crecimiento interior. Partiendo de la base de que nuestra población no crece tanto ni tan deprisa como -aparentemente- pudiera parecer, resultaría que nuestra demanda de vivienda no es tan desorbitada como mucha gente -me temo que de forma interesada- ha estado anunciando estos últimos tiempos. De esta forma, esta demanda podría ser en gran parte cubierta por medio de promociones o procesos constructivos dentro de nuestro casco urbano. Se trataría de tirar edificios antiguos y construir nuevos, con arreglo a rigurosas normas urbanísticas de conservación de nuestras particularidades culturales. Pienso que estos planes de construcción dentro del casco urbano alegrarían las perspectivas de nuestro Centro, realmente castigado por la política urbanística de creación de barrios y urbanizaciones periféricas. Resulta tentadora la creación de un municipio cultural sin nuevas construcciones. Un conjunto de barrios y urbanizaciones perfectamente integradas dentro de un complejo cultural y medioambiental.

Este crecimiento interior limita nuestro crecimiento económico, dirán los detractores de la idea. Y es que, se dirá, a mayor crecimiento urbanístico mayores ingresos para el Ayuntamiento afectado. Ingresos a través de licencias de obra, Impuestos de Bienes Inmuebles, creación y fomento de nuevas infraestructuras, tasas de basura, multas y todo ese macrouniverso de ingresos constantes y diarios derivados del crecimiento urbanístico en conjunción con nuestra vida cotidiana.

Frente al aparente parón que, en orden a la entrada de nuevos ingresos en las arcas municipales supondría el crecimiento cero, es preciso oponer políticas imaginativas de financiación. Otra vez la imaginación. Lo siento por nuestros amigos del Partido Popular, a los que no les gusta ese palabra. Pero es que, si el dinero no entra por el lado del ladrillo, tendrá que entrar por otro, aunque cueste un poquito más idear cómo.

En primer lugar, si se produce un frenazo urbanístico se produce -asimismo- un frenazo en el crecimiento de nuestra población. A menor población prevista, menor necesidad de ingresos. En segundo lugar, el Ayuntamiento debería gravar (con algún tipo de plus o carga adicional en el IBI) la permanencia de casas vacías o viviendas desocupadas en nuestro Municipio. Tenemos un nivel muy alto de desocupación de Viviendas durante casi todo el año. Aprovechémoslo. Además, el Ayuntamiento debería invertir en la restauración de Edificios -incluso adquiriéndolos- y explotarlos directamente en el sector turístico. Ello crearía empleo en nuestro Municipio, fomentaría un turismo rural de calidad y reforzaría la idea de explotación de bienes comunales en benificio, precisamente, de la comunidad. Otra forma de ingresos puede estar en la creación de empresas municipales (o mixtas con otros vecinos) ocupadas de la explotación y desarrollo de labores tales como recogida de basura, mantenimiento o, por qué no, construcción de Viviendas de carácter y titularidad municipal.

La idea que preside estos apuntes es la de propugnar el crecimiento cero asumiendo, al mismo tiempo, una reducción en los ingresos previstos por nuestro Municipio. Menos ladrillo menos ingresos. Al menos, como hemos visto, en apariencia, porque existen otros muchos medios de financiación municipal.

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