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INTEGRAR PERSONAS ES HACER LA REVOLUCIÓN (JUNIO 2.011).

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 TAGS:undefinedEn los últimos meses, han sido muchos los interrogantes planteados en torno al proyecto político puesto en marcha por la ya conocida Mesa Nacional para la Integración. Este curioso nombre fue el elegido para designar -con carácter instrumental y provisionalísimo- a ese conjunto de personas agrupadas para organizar una gran Convención o Congreso nacional en Octubre de 2.011, así como para canalizar los distintos apoyos recibidos desde que -en el ya lejano y pasado mes de Marzo- se publicara nuestro Manifiesto de la Refundación.

Cuando uno intenta recapitular y reflexionar acerca de los últimos acontecimientos -desarrollados en torno a nuestra Mesa Nacional- nos encontramos con dos notas características y constantes. Una es la rebeldía de la que hacen gala todos los integrantes de esta Mesa. Otra, el elevado número de los respaldos recabados a lo largo de este corto período de tiempo.

Rebeldía. La Mesa está integrada por rebeldes. Personas que no creen en la manera en la que nuestras organizaciones están encarando estos tiempos difíciles y que no las consideran viables en sus condiciones actuales de funcionamiento. Personas que piensan que nuestra oferta política está estancada y que nadie -hasta ahora y a pesar de las altisonantes declaraciones oficiales al respecto- ha hecho nada por iniciar el proceso revolucionario que está esperando España. Personas que han perdido la confianza en nuestros actuales responsables políticos, así como en los obsoletos proyectos que encarnan y defienden. Sobre todas estas circunstancias, y como elemento de especial importancia en la cuestión, estas personas están frecuentemente unidas por lazos de amistad, simpatía y respeto recíproco. Y, sobre todo, están unidas en la creencia de que es preciso encontrar otro modo de hacer las cosas. Transformar radicalmente nuestra manera de organizarnos y de actuar pública e internamente o desaparecer de la vida española.

En estas concretas condiciones, este conjunto de individualidades rebeldes trabajando juntas produce interesantísimos resultados. Además de demostrar -de manera rotunda- que personas de origen y creencias distintas pueden trabajar juntas. Obviedad que, por otra parte, no resulta tan clara en nuestro entorno cainita y excluyente.

Apoyos. Lo primero que nos ha llamado la atención de esta peculiar experiencia política -haciéndola verdaderamente irrepetible- es la cantidad y variedad de apoyos recibidos. Muchas personas, cansadas ya de tantas y tantas cosas, han apoyado nuestra iniciativa. Estos respaldos públicos y privados han venido a condicionar -de forma en principio inesperada- el desarrollo posterior del proyecto. Y es que nadie había contado con una circunstancia que, al tiempo de publicarse el Manifiesto de la Refundación en el pasado mes de Marzo, se puso de relieve con indudable fuerza. Resultó que no éramos los falangistas los únicos que atravesábamos una profunda crisis. A veces nos miramos demasiado el ombligo y no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Porque también los integrantes de otras corrientes revolucionarias españolas se encontraban en franco descontento, tanto respecto a sus propias organizaciones -para aquellos que las tenían- como a la forma en que sus posiciones doctrinales se habían desarrollado. Ello hizo que nuestro Manifiesto de la Refundación -redactado por y para los falangistas- fuera recibido, como una señal de esperanza, por estos sectores descontentos. Se produjo, de esta forma, una identificación de objetivos políticos entre personas de muy distinta procedencia. Muchas personas han creído viable una refundación de las posiciones alternativas españolas, aprovechando que nosotros también queríamos hacer la nuestra. Fantástica coincidencia que nos ha abierto la puerta a una multiplicación de nuestra fuerza. Porque los falangistas -en solitario- no tenemos fuerza para organizar nada serio -por desgracia- al día de hoy. Somos demasiado pocos y estamos demasiado desorganizados. Lo que sí que se puede es trabajar -sin duda- partiendo de nuestra indudable experiencia y de nuestro ya largo recorrido político.

En esta fase concreta nos estamos desenvolviendo ahora. Hace ya muchos años -y desde la Sierra de Madrid- un puñado de falangistas propugnaba la formación de frentes municipalistas que defendieran -en el ámbito de sus pueblos- nuestros postulados ideológicos estructurando -al mismo tiempo- opciones políticas integradas por personas de distintas procedencias. Personas unidas en la defensa de estos postulados comunes sobre asuntos de naturaleza práctica y cercana. La experiencia y el trabajo diario han demostrado la validez de estos esquemas de actuación, a través del éxito de nuestras Listas en estas Elecciones 2.011. Este éxito puede trasladarse al campo político general. Y es que es posible profundizar doctrinalmente en nuestras líneas maestras de actuación práctica al tiempo que abrimos nuestra lucha al activismo no falangista. Es posible luchar por la España que queremos junto a personas que no han militado -ni militan- a nuestro lado. Como siempre, y como no nos hemos cansado de repetir en el pasado, la cuestión radica en las razones de nuestra lucha. En lo que estamos defendiendo. En una actuación revolucionaria basada en puntos claros y concretos. En la coordinación de esfuerzos transformadores de España.

La Mesa Nacional para la Integración cree que lo importante, lo verdaderamente importante, viene constituído por definir exactamente los Puntos que debemos defender. Ese es el debate esencial de nuestra lucha. Y no la antigua -y siempre malintencionada- polémica sobre quién o quiénes nos acompañan... sobre su pensamiento político o sobre su pasado y presente. Desde sus primeras reuniones, la Mesa Nacional ha realizado una tarea de integración de personas unidas en la idea de una transformación radical de España que gire en torno a unos postulados básicos. De integración de activistas que quieran iniciar la Revolución. Partiendo de cero y en aras de una finalidad común que no supone renuncia alguna a nuestros principios rectores. Porque, en esta triste España que nos ha tocado vivir y en estos precisos momentos históricos, es de lo que se trata. Todo lo demás... lo de siempre. Inacción, pereza, inoperancia, incompetencia y discurseo grandilocuente.

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