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JUAN LUIS BAGÜÉS O LA INTEGRIDAD MORAL DEL EJEMPLO.

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 TAGS:undefinedHa anunciado Juan Luis Bagüés su dimisión en la Presidencia del Movimiento Falangista de España. Una decisión seria y adoptada tras una reflexión serena en torno a diversas circunstancias políticas y personales. Juan Luis se marcha y uno no puede menos que lamentarlo. Mi amigo Juan Luis Bagüés Barrás y su enorme tarea durante estos últimos años. Juan Luis Bagüés Barrás o la integridad moral de un ejemplo.

Conocer a Juan Luis Bagüés Barrás ha sido una de las mejores cosas de las que, a lo largo de toda mi ya larga trayectoria, me han ocurrido dentro de nuestro agotado entorno político. Se marcha dándonos a todos -a todos sin excepción y del primero al último- una lección de compromiso político y de honestidad personal: de haber sabido dar un paso al frente cuando nadie era capaz de darlo, y de asumir responsabilidades y cargas de toda clase por encima de nuestra habitual palabrería. Me siento muy orgulloso de militar a su lado en el MFE. Y me siento muy orgulloso -más todavía- de su amistad.

Nuestro ambiente político es cobarde. Y aunque se utiliza a menudo un argot bélico repleto de palabras tales como valor o valentía para referirnos a nosotros mismos y a nuestras actitudes públicas, lo cierto es que aquí nadie se atreve a hacer el más mínimo movimiento sin mirar a los lados -con el rabillo del ojo y a hurtadillas- para saber qué es lo que dirá o qué es lo que pensará el otro antes de decir o de hacer cosa alguna. Curiosa tiranía de lo políticamente correcto impuesta sobre lo que debería ser uno de los espacios políticos más libres y sinceros de Europa: más demoledoramente incorrectos.

En cambio, aquí todo el mundo tiene miedo -un insufrible y nauseabundo miedo- a enfrentarse a cualquier opinión que se tenga por mayoritaria -cochina paradoja semántica al no ser más de diez personas las que forman esta opinión mayoritaria- o a manifestar abiertamente -ese reverencial temor a la profunda discrepancia- lo que de verdad le parecen a uno determinadas personas o determinadas ideas. Vagando -como en un sucio y siniestro juego de la oca- de mierda en mierda y tiro porque me toca pero sin poder salir nunca de esta porquera siniestra y oscura. Nosotros lo hemos hecho hace años, y no sabéis lo bonito que es el mundo desde aquí.

Juan Luis Bagüés ha estado saltando, contante y alegremente, por encima de esos viejos temores. Asumió la máxima representación del MFE cuando, sólo por causa de dar ese sencillo paso, iba a ganarse la malquerencia y la inquina de la mayoría de los integrantes de nuestro pequeño y mezquino mundo político. Y así, durante estos últimos años, ha sido muchas veces objeto de injuria y de escarnio por parte de este sector cobarde y gritón. De aquellos que, movidos por un miedo infumable o por unas ansias pelotilleras de congraciarse con tal o cual santón inamovible de nuestra órbita política, se han dedicado al insanísimo deporte de la difamación y del insulto. Frente a estas actitudes deleznables, su ejemplo de valor -valor real sin falsa altisonancia- y de compromiso con la Revolución nos ha servido a todos de modelo sobre lo que debe hacerse en estos momentos difíciles. Juan Luis Bagüés ha demostrado, con su indudable hombría de bien king size, que se puede vivir y trabajar sin miedo y que se puede vivir y trabajar diciendo sinceramente lo que uno piensa en cada momento.

Pero este ambiente político no sólo se caracteriza por la cobardíia y el miedo. También son notas del mismo una apenas disimulada doble moral y un manifiesto e hipócrita fariseísmo. El reinado infame de la puñalada trapera y de los abrazos de Judas. Y Juan Luis Bagüés no lo va a decir nunca, es demasiado elegante como para meterse en esos jardines dantescos, pero se marcha desilusionado por los inesperados abandonos, las falsas amistades, las sonrisas falaces y las promesas rotas. Juan Luis Bagüés no lo va a decir nunca -es muy buena persona y demasiado íntegro- pero son muchos los cuchillos clavados sobre sus buenas intenciones y sobre sus sinceros anhelos de trabajo. Desilusiones que han trascendido lo meramente político para adentrarse, de lleno, en lo personal. Cosas de este extrañísimo falangismo que nos ha tocado vivir en la primera mitad de este siglo.

Sin embargo, contemplando este negro horizonte con la serenidad que ello merece, me gustaría poder transmitirte Juan Luis, desde mi acreditada experiencia en la materia, la convicción segura de que todos aquellos que te insultaron, te abandonaron, te mintieron y te vejaron nunca van a poder mirarte a la cara frente a frente. Esto ya es un triunfo. Esto ya es estar a años luz de todos ellos. La claridad de tu conducta frente a los comportamientos torvos marca la diferencia.

Bajarán la mirada cuando se crucen contigo en las largas avenidas de la vida. Inventarán mil excusas a posteriori para intentar justificar sus puercas actuaciones -que no te quepa duda Juan Luis que todos y cada uno de ellos tienen clarísimo, y son conscientes de lo mal, que se han portado contigo y qu, en consecuencia, se quieren discupar a sí mismos cada vez que te ven- y dirán públicamente que si no hiciste esto o que si no dijiste aquello. Ellos habrán obrado mal -una y mil veces mal- pero la culpa será siempre tuya. Esa extraña carga que pesa en nuestro mundo sobre los que han actuado correctamente. Pero no nos equivoquemos: ellos habrán sido unos ridículos felones mientras tu siempre habrás hecho gala de una línea honesta y comprometida de actuación. Porque en la vida -no lo dudes- también hay buenos y malos. Y tú eres de los buenos.

Dejas la dirección de un Movimiento Falangista de España renovado y en la vía de la necesaria reorganización. Te atreviste a liderar la indispensable regeneración de esta organización en uno de sus momentos más difíciles. En nombre de esta idea, te has enfrentado a tirios y a troyanos, y has ido dejando a tu paso una firma imborrable de integridad, sinceridad y valentía. Otros continuaremos tus pasos en el futuro para seguir con esta tarea: es mucho el trabajo ya hecho y mucho el que queda por hacer pero -no te quepa la menor duda- esta nueva senda la has abierto tú. Seguiremos soñando juntos con las amplias llanuras luminosas de una Revolución y con dejar este sueño a los que lleguen. Y entre mi abrazo fraterno de agradecimiento eterno, sincero y orgulloso resalta -seguro estoy de ello- una rotunda afirmación: la de que todos lo vamos a hacer mucho peor de lo que tú lo has hecho. Un abrazo muy grande amigo.

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