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CON LA JUSTICIA HEMOS TOPADO (ABRIL 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 219 (Época II) de La Gaceta Escurialense.

Se agolpan en las respectivas Redacciones de los Medios de Comunicación noticias relativas a los distintos Juzgados y Tribunales que, al día de hoy, están conociendo de procedimientos que afectan -de forma directa- al estado de nuestra Democracia. Hoy mismo, sin ir más lejos, han sido varias y de especialísima importancia. Cincuenta mil folios del Caso Gürtel avalan mi anterior afirmación. O el famoso y asombroso Caso Matas, cuyo protagonista ha consignado hoy ante el Juzgado -y sin pestañear, como los buenos jugadores- los tres millones de Euros que se le exigían en concepto de fianza. O el anuncio del Juicio abierto contra el Juez Garzón, querellado por Manos Limpias y -en una de las más asombrosas operaciones de birlibirloque político que se recuerdan dentro del mundo azul- por Falange Española de las JONS. También es noticia el propio funcionamiento de estos órganos judiciales, al haber saltado a la palestra -una vez más y como viene siendo tediosamente habitual- el problema de las filtraciones de las Actuaciones Judiciales... esta vez de la declaración de la presunta asesina, una menor de edad, en torno al asesinato de Seseña. Suma y sigue de las noticias judiciales que llenan -día a día- espacios en todos nuestros Medios.

España entera está en vilo. Pendiente de estas decisiones judiciales, como si de las mismas fuera a depender el arreglo automático del problema de la corrupción política. Muchas voces estiman que el problema tiene una solución meramente judicial, alejando con ello la atención de la verdadera raíz del mismo. Alguna vez ya os he manifestado mi total desconfianza en la erradicación de estas malas prácticas en el desempeño de los cargos públicos. Yo no albergo dudas sobre el hecho de que -sobre estos personajes- va a caer todo el peso de la ley. Se les va a juzgar de manera adecuada y justa. Lo que ocurre es que el problema de la corrupción política no tiene arreglo dentro de nuestro actual modelo político. Un modelo que favorece la aparición -como setas de temporada- de personajes como estos. El problema está en el famoso Sistema, en cursiva y con mayúsculas, o -si prefieren los más cultos o también los más cursis, que de todo tenemos en plantilla- en el establishment vigente. Aquella misma clase política que se escandaliza -mirando para otro lado- cuando pillan a alguno de estos con las manos en la masa. Como si esta clase de actividades delictivas fuera, en muchos casos, clandestina o suprepticia. Como si ninguno de estos supiera a lo que se está dedicando el vecino hasta que no le alcanza la acción de la Justicia.

Esto me recuerda a aquella arenga -creo que del entonces Coronel García Escámez- antes de alguno de aquellos feroces asaltos a la bayoneta de los voluntarios navarros -falangistas y requetés de antes de la Ley de Memoria Histórica- en las cumbres de Somosierra en aquel Verano trágico y sangriento de 1.936... Adelante, y a quién le den que se joda... en el convencimiento de que -a quien no le alcancen las balas- vivirá para seguir combatiendo mañana. Esto mismo, y salvando las lógicas distancias -pido perdón mil veces por mil a los voluntarios navarros y al entonces Coronel García Escámez- es lo que ocurre con los corruptos dentro de esta Monarquía Parlamentaria.

Yo confío en la Justicia. Creo que los Jueces están, básicamente, para ejercitar dos funciones básicas y principales: solucionar los conflictos que los particulares no somos capaces de arreglar de manera pacífica y defender -mediante su acción protectora- los derechos vulnerados de los más débiles. Estas dos cosas las hacen diariamente de forma positiva y satisfactoria. Aunque hay de todo -como en todos los ámbitos de la vida española- mayoritariamente son profesionales correctos y competentes. Lo que no pueden es hacer milagros. Ni pueden terminar con determinadas situaciones fácticas, ni de ellos depende transformación social alguna. Los Jueces y Tribunales ejercen su función sobre los supuestos de hecho que llegan a su jurisdicción. Pueden recomendar la adopción de tal o cual medida al Gobierno o al Poder Legislativo, pero nada más. Los Jueces aplican las leyes, pero no las hacen. Desarrollan su trabajo constitucional dentro del modelo político concreto que -a través de la acción política y pública- es configurado por otros.

La Justicia en España no constituye la solución de fondo de ninguno de nuestros problemas políticos o sociales. La condena del corrupto, del maltratador o del asesino no nos garantiza la desaparición de la corrupción política, del maltrato doméstico o de tantos y tantos delitos que nos preocupan. Estas transformaciones deben ser sustanciales y profundas y -por desgracia- no dependen de los Juzgados y Tribunales.

Dependen del modelo político que querramos para España. Y dependen -de manera correlativa a lo anterior- del rearme moral que está demandando la sociedad española. Sólo políticas de transformación de corte revolucionario podrán corregir estos delitos sociales o políticos que tanto preocupan -y con razón- a nuestros ciudadanos. Cierto es que la Justicia está actuando de forma inexorable. Tarde o temprano, todos acabarán pagando sus delitos, siempre y cuando queden pertinentemente acreditados en el procedimiento judicial. Pero ello no pondrá fin a la cuestión. Siempre vienen más a cubrir las filas de los caídos y -de ellos, de entre los corruptos futuros- volverán a ser perseguidos y condenados algunos. Y otros muchos sobrevivirán entre nosotros. Así hasta que nos cansemos y comprendamos -de una vez- que terminar con esto es asunto de todos.

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