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LA LEGALIDAD ESCALOFRIANTE DEL HORROR (SEPTIEMBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 191 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Nos ha contado MINUTO DIGITAL una serie de espeluznantes datos relativos a la suerte que las mujeres corren en distintas partes del mundo. Resulta que -en algunos países muchas veces de nuestro entorno cultural y cercano- el maltrato a la mujer está permitido por la legislación vigente. Legitimado no sólo culturalmente, sino también a través de su propia normativa interna. Escalofríante. Son tiempos de alianza de civilizaciones... de buen rollito universal. Esta actitud nos impide -muchas veces- adoptar una posición beligerante en orden a terminar definitivamente con estas evidentes desigualdades morales. Porque estas canalladas son, muy a menudo, disculpadas bajo el amparo de las peculiaridades étnicas o culturales. Ello nos impide afirmar algo tan obvio como aquello -tan antiguo y tan cierto a la vez- de lo que está mal para mí lo está también para el otro. Y es que tenemos demasiados complejos. Demasiados miramientos a la hora de condenar culturas crueles y sexistas a las que -sin duda- costará encarrilar dentro del concierto uniforme de las naciones civilizadas. Ahora que tanto se propugna -como valor positivo y deseable- la INTEGRACIÓN del inmigrante olvidamos -muchas veces y desde nuestros extraños complejos de ciudadanos occidentales- el hecho de que la integración es un camino de dos direcciones: asimilación de lo positivo y rechazo -tajante y sin paliativos- de los caracteres negativos. No podemos aceptar prácticas, valores o costumbres no sólo ajenas a nuestro ámbito cultural y social, sino francamente contrarios a nuestros principios normativos esenciales.

El repasito puede comenzar por nuestros amistosos vecinos del Sur. El encantador Reino de Marruecos. Esta Dictadura no sólo se distingue por su constante y persistente afán de mantener buenas relaciones amistosas con España. Se descubren ahora otros valores además de los acostumbrados de presión e insulto permanente hacia los intereses españoles. Ahora también descubrimos su legislación protectora de la mujer. Con casi un siglo de retraso -y a dos horas escasas de avión desde Madrid- el artículo 418 del Código Penal Marroquí consagra la exculpación del marido en los delitos de homicidio, lesiones y malos tratos si son cometidos en el momento de que el marido sorprendiera a la mujer cometiendo adulterio. Esta justificación legal también existe en el artículo 548 del Código Penal Sirio. Se trata del famoso uxoricidio, eliminado de los Códigos Penales Occidentales a lo largo del siglo pasado.

Nuestros alegres vecinos del Sur no han destacado -precisamente- por defender a ultranza los derechos sociales y políticos de la mujer. No sé si recordáis a un tal Mohamed Kamal Mostafá. Este figura era -o es, porque tampoco creo que a ojos del Islam haya merecido dejar de serlo- el famoso Imán de Fuengirola. El bueno del Imán publicó aquel famoso libro titulado La Mujer en el Islam en el que -pasándose por el arco del triunfo no sólo nuestra jerarquía de valores sino nuestra legislación vigente- hacía apología de los malos tratos al aconsejar a los maridos cómo golpear a las mujeres sin dejar huella. Sencillamente encantador. Para muchos, el caso del Imán de Fuengirola puso de manifiesto un hecho manifiestamente desestabilizador en el seno de nuestras Democracias. El factor de trasplante de valores que la inmigración descontrolada ha supuesto para nuestras sociedades. Con el inmigrante llegan sus propios usos y costumbres... sus más arraigadas creencias. Y todo este sistema de principios morales no se ajusta -en muchísimas ocasiones- no sólo a nuestro sistema de valores, sino a nuestra misma legalidad vigente. Nuestras normas garantizadoras de la protección integral de la persona son el resultado de largos -a veces dolorosos- procesos sociales y políticos. Son el producto de una evolución natural de nuestros usos, costumbres y leyes. La introducción de elementos culturalmente extraños -no suficientemente asimilados- pone en peligro evidente la eficacia protectora de nuestras normas. Por obra y gracia de estos transplantes migratorios, nos encontramos con el dato de que las leyes españolas ya no pueden proteger a todo el mundo dentro del territorio nacional. Y ello porque existe un conjunto de personas que no creen en absoluto ni en su aplicación ni en su carácter justo. Que se pasan la ley por vaya Usted a saber dónde.

A mí modo de ver, la integración consistirá -precisamente- en esto... en la asunción como propios de aquellos valores occidentales cuya prevalencia moral esté fuera de toda duda. El respeto a la igualdad de sexos como valor preferente sería un baremo indiscutible de esta eventual integración del inmigrante. Por supuesto que las sociedades occidentales pueden ganar en riqueza cultural y social a través de los valores positivos asumidos durante el fenómeno migratorio. Pero deben cerrar el paso a estas conductas reprobables. Educar y -en último extremo- imponer nuestros valores positivos. Porque son justos. Porque protegen a los sectores sociales más necesitados de protección. Porque debemos creer en ellos.

Y no siempre debemos fíarnos de los signos externos de apertura social. Por desgracia. Las sociedades obedecen a resortes internos más profundos que los que aparecen periódicamente en la prensa rosa. Por ejemplo, a todos nos encanta la Reina Raina de Jordania. Es todo un ejemplo de belleza, elegancia y educación occidental dentro de una cultura antigua y ancestral como la jordana. Yo la cambiaría -sin dudar- por nuestra todavía Reina Sofía y -lógicamente- nuestro todavía Rey Juan Carlos estaría también encantado con el cambio. Pero, además de esto, digo que a mí la Reina Raina me produce una sensación contradictoria. Y ello porque en ella se personifican las contradicciones manifiestas producidas por una Monarquía escandalosamente rica frente a un conjunto de súbditos escandalosamente pobres. Sin embargo, es sencillamente... encantadora. Vaya lo uno por lo otro. Pues bien, en ese pequeño país que tan bien sabe vender Su Majestad por medio del papel couché, una mujer fue asesinada a puñaladas porque quería seguir estudiando y -además- no quiso casarse con el hombre elegido para ella por su familia. Son constantes los relatos de palizas, tiroteos y malos tratos de mujeres en el contexto de su matrimonio, y siempre a manos del marido o de otros hombres de la familia. La Ley garantiza la plena impunidad del varón en el ejercicio de estos correctivos domésticos.

La suma de países es escandalosa y desalentadora. China, India, Irán, Malasia, Ghana... multitud de Estados que, en el mejor de los casos, contienen legislaciones tímidas a la hora de proteger la condición de la mujer. Y es que, como dice el artículo 340 del Código Penal Jordano -adorable país y adorable Reina Raina- aquel que sorprendiera a su esposa o a una de sus familiares cometiendo adulterio y la matara, hiriere o injuriase a una o a los dos, está exento de pena alguna.

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