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MANIFIESTO A FAVOR DE LA SIERRA DE GUADARRAMA (OCTUBRE 2.006).

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 TAGS:undefinedVarios Colectivos Ciudadanos de la Sierra de Guadarrama, entre los que se cuenta el Foro Ciudadano Escurialense, y en colaboración con la Coodinadora "Salvemos la Sierra", han redactado el siguiente Manifiesto, con el ruego de que colabore a su máxima extensión. Y no sólo hago eso encantado, sino que ME ADHIERO plenamente a lo expresado en el mismo.

(ROGAMOS lo difunda en medida a sus posibilidades, así contribuirá a abrir los ojos al consumidor, para que exija responsabilidades ante los gobiernos y las empresas poco honestas e irrespetuosas con el MEDIO AMBIENTE y los DERECHOS HUMANOS).

¿Eres tú Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?

Antonio Machado. Campos de Castilla.

MANIFIESTO A FAVOR DE LA SIERRA DE GUADARRAMA
Desde que los “guadarramistas” de la Institución Libre de Enseñanza y los miembros de la Sociedad Peñalara pidieran la declaración de Parque Nacional para la Sierra de Guadarrama, o desde que Antonio Machado le dedicara versos inmortales, mucho ha llovido sobre el Guadarrama hasta que la sociedad y sus administraciones, a comienzos del nuevo siglo, intentan dar el paso definitivo elevando a categoría lo que la Sierra de Guadarrama ha sido siempre: una reserva de montaña, con un paisaje y un patrimonio medioambiental del máximo interés. Y al tiempo, hasta hace poco, un magnífico ejemplo de convivencia entre usos y medio natural.
Sin embargo, en las últimas décadas, la presión que ejerce el desarrollo expansivo de la ciudad de Madrid sobre la Sierra, ha puesto en cuestión el modelo de “convivencia” con el medio, un modelo madurado a lo largo de siglos.

La ruptura del antiguo modelo tiene su origen y justificación en las décadas del desarrollismo, cuando sociedades rurales relativamente deprimidas y en declive demográfico, no tenían otro recurso económico eficaz, durante los cambios acelerados que imponía la economía de los años 60 y 70 del pasado siglo, que la venta de sus fincas de labor. La venta de terrenos, por la demanda creciente de los habitantes de la ciudad, y el consiguiente desarrollo de la construcción y los servicios, al tiempo que supuso el inicio de una transformación social de gran magnitud, facilitó unas inyecciones de capital que permitieron que estas comarcas de la España rural de la época participaran en el desarrollo general del país.

Pero hoy, tras décadas de cambio acelerado, la realidad y el potencial de estas comarcas se han modificado radicalmente. Las actuales sociedades que habitan la región de la Sierra de Guadarrama se parecen bien poco a las que lo hicieron hace sólo cuatro o cinco décadas. El mestizaje de las comunidades locales con los miembros y los usos de la sociedad urbana, la llegada de gentes desde los cuatro puntos cardinales y la preparación académica y vital de las nuevas generaciones nacidas en la Sierra, dota al conjunto de un enorme potencial. Este potencial que, por supuesto, también es económico, hace innecesario e injustificado que buena parte de la sociedad y las administraciones públicas sigan apostando por la construcción inmobiliaria como si se tratase, igual que entonces, de la única opción para el desarrollo.

Hoy no es posible ni razonable mantener indefinidamente la idea de que desarrollarse, significa ocupar más y más territorio, en una convocatoria sin fin para construir primera o segunda vivienda y atraer a los millones de ciudadanos madrileños que sueñan con abandonar la ciudad, construyendo infraestructuras mejores y más costosas, que rápidamente se colapsan y, en pocos años, de nuevo resultan insuficientes. Un modelo de urbanizaciones dormitorio, que se basa en el uso permanente del coche y que medioambientalmente, en el medio plazo, es insostenible.

El ingente esfuerzo económico que hace España, en este afán de aferrarse a la construcción como motor de crecimiento resulta disparatado si, además de la destrucción de entornos de alto valor ecológico y paisajístico a lo largo de todo el territorio nacional, pensamos que una economía “media” europea, que pretenda ser competitiva en un mundo cada vez más interrelacionado, debería estar invirtiendo, entre otros capítulos, en EDUCACIÓN, sanidad, e investigación para el desarrollo, que sí, estas sí, son inversiones de futuro. Por el contrario, en el entorno de La Sierra de Guadarrama, lo que efectivamente hace décadas fue un motor de desarrollo, hoy es causa de degradación social y medioambiental.

Las formas tradicionales de resolución autónoma o local de las necesidades humanas suelen estar razonablemente adaptadas a las necesidades del entorno: en su secular proceso de consolidación y perfeccionamiento se han visto obligadas a ello para ser realmente eficientes y perdurar a largo plazo. Pero la globalización de la economía fuerza la especialización de las actividades económicas en cada lugar en función de las exigencias de los mercados, y no de las condiciones naturales de cada espacio de producción. Poco importa si las actividades impuestas en una comarca agotan los recursos naturales locales, como el suelo y las dehesas de nuestra Sierra, siempre que el beneficio obtenido hasta el declive definitivo de la base de recursos sea suficiente para justificar esa producción en ese momento y en ese lugar.

Olvidamos que el desarrollo sostenible, ha tenido siempre un componente de territorialidad, de marco físico y geográfico, de sistema ecológico sobre ese marco. Al diluirse el territorio, por la ausencia de una dialéctica productiva y existencial con él, desaparecen también las raíces y el sentido de pertenencia, que es fácilmente usurpado por nuevos territorios, tan nuevos como falsos, cuya esencia es el consumismo, el dinero y la propiedad.

Es urgente comprender que el desarrollo de las comarcas como la Sierra de Guadarrama debe reconducirse drásticamente, sustituyendo el consumo frívolo e irresponsable de territorio por un auténtico crecimiento basado en la recuperación parcial de usos agrícolas y ganaderos que generen productos con la garantía y la calidad necesarias para convertirse, al menos en los mercados locales, en productos de prestigio. Desarrollar una industria turística en armonía con el entorno, limitando la presencia de vehículos a motor en el ámbito del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y potenciar un turismo científico y cultural, fomentando las prácticas blandas del deporte, evitando las actividades que impliquen la presencia masiva de visitantes; aprovechando, siempre que sea posible, las infraestructuras de transporte público. En definitiva, se trata de promover procesos de economía adaptada al territorio, de economía de escala, como ciertas formas de turismo de calidad que pueden ser, y a la larga lo son con seguridad, mejor fuente de ingresos y crecimiento que la expoliación acelerada; algo que supone pan para hoy y hambre y frustración para mañana.

La construcción en los núcleos de población de estas zonas rurales debe limitarse y reconvertirse, especializarse, rehabilitando y edificando con criterios bioclimáticos y de calidad, en consonancia con el verdadero crecimiento interior, personal y colectivo, desarrollando una cultura de cohesión y participación que enriquezca al conjunto de la comunidad, poniendo en marcha nuevas estrategias de mejora.

Los municipios serranos deben buscar un modelo urbanístico distinto, tendente a la creación y el fortalecimiento de sus centros urbanos, creando espacios peatonales públicos y aumentando la densidad de los edificios en sus núcleos centrales, y no seguir levantando urbanizaciones de viviendas unifamiliares, que ya son demasiadas, en las periferias de los cascos urbanos. Social y económicamente siempre será más rentable para la comunidad construir en los cascos urbanos edificios de mayor densidad, liberando al mismo tiempo espacio para plazas y jardines, construyendo apartamentos de superficie media, y, algo que cada vez es más importante, fomentando la construcción o la reconversión de viejos edificios en locales de oficinas, en espacios de negocio, que den entrada a nuevas formas de economía.

Para sectores de la pequeña y mediana empresa, responsable de aproximadamente el 80% del empleo nacional, hoy, que la tecnología lo permite, puede resultar tentador “escapar” de la presión o las dificultades añadidas que supone en la actualidad una ciudad como Madrid, y decidir instalarse en las proximidades de un parque nacional, a una hora, más o menos, de la capital o aún más cerca de la ciudad de Segovia, buscando un lugar en el que la calidad de vida y la productividad puedan ser superiores.

Los ayuntamientos en cuestión deben comprender que es mejor “negocio” construir oficinas y otros espacios de trabajo, que fomenten la creación o la llegada de nuevas empresas compatibles con el entorno, tratando de crear una economía propia y menos dependiente, que plantar urbanizaciones destinadas a segunda residencia que, para la comunidad, siempre van a dar un menor fruto. Al tiempo, los ayuntamientos afectados deben exigir toda la financiación necesaria para cubrir los gastos y las iniciativas municipales, a través de los presupuestos generales. No se debería colocar a las agrupaciones locales ante la disyuntiva de tener que recurrir a ingresos extras, mediante las plusvalías generadas por la enajenación de terrenos públicos, para poder ejercer su función con la dignidad suficiente, o renunciar a parte de sus competencias.

No hay que olvidar que los ayuntamientos son depositarios de un bien de interés general del que debieran ser custodios y garantes. Las acciones de los municipios y munícipes hoy, condicionarán sin duda, la calidad de vida de las futuras generaciones.
Para todo ello es necesario que la sociedad y sus administraciones cambien los modelos imperantes. Es imprescindible estudiar y racionalizar determinadas inercias para optimizar los recursos públicos. Las administraciones, y en particular las Comunidades Autónomas, deberían tratar de corregir estas tendencias y no potenciarlas con desarrollos legislativos tan negativos como la nueva Ley del Suelo que prepara la Comunidad de Madrid, y plantear un plan de ordenación para el conjunto del territorio de la Comunidad, que racionalice y limite el consumo y abuso del territorio, un bien común que no puede estar al margen del interés general.

En consecuencia, instamos a la ciudadanía a asumir el protagonismo necesario para forzar un cambio en el modelo de crecimiento de las comarcas del Guadarrama, y a las Administraciones de Castilla y León, y de la Comunidad de Madrid, a agilizar los procedimientos necesarios para garantizar, en la presente legislatura, la aprobación en los respectivos parlamentos autonómicos de una propuesta coherente y ambiciosa para conseguir la declaración de la Sierra de Guadarrama como Parque Nacional.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama puede y debe convertirse en emblema de modernidad y sabiduría, un hito en el camino hacia un cambio profundo en el modelo de crecimiento. Honrar nuestro pasado, convirtiendo la Sierra de Guadarrama en un aliado para el desarrollo y dejando de actuar como si se tratara de un enemigo a batir. Las administraciones, despojándose de la aparente desgana con la que afrontan el proyecto, deben dar el impulso necesario, concretando las declaraciones de buenas intenciones que jalonan el documento presentado por la Comunidad de Madrid, en planes concretos, con partidas presupuestarias definidas, para dinamizar y reorientar las economías locales y regionales hacia un futuro de sostenibilidad y desarrollo inteligente.

No convirtamos nuestra Sierra en la nueva línea de costa de la especulación irracional, en competencia con el maltrecho Levante y otras zonas del país, que ya no pueden soportar más agresiones. De este modo, los chalets con vistas a las Cumbres del Guadarrama, que podrían ser lo único que permanezca realmente protegido, serán una triste reedición de los apartamentos masivos con vistas al Mediterráneo que insultan nuestro sentido común.

NO PIDAMOS A LA NATURALEZA MÁS DE LO QUE NOS PUEDE DAR, PUES TODO EN ELLA, SALVO SU GENEROSIDAD, ES FINITO.

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