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LAS MÁS SINCERAS NAVIDADES DE 2.009 (DICIEMBRE 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 204 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Llegan siempre con la puntualidad del AVE. Otro año más, y ya tenemos aquí la Navidad. En mi caso concreto, he mirado hacia atrás y me ha gustado. Os felicito las Navidades dotado de cierta perspectiva, ya que llevo haciéndolo desde las páginas de la querida Gaceta Escurialense nada más y nada menos que desde la Navidad de 2.005. Mucho ha cambíado el Mundo desde entonces. De estos polvos vinieron estos lodos y resulta que -en medio de las luces blancas y de los monotemáticos villancicos- vivimos una recesión capitalista... una crisis como no había existido otra en la historia de nuestro actual modelo económico. El capitalismo implosionó, y este complejísimo hecho vino a demostrar las teorías de quienes no nos habíamos mostrado -ni ahora ni nunca- partidarios de esta forma injusta de entender las cosas. Muchos de nosotros -los falangistas en la parte que me toca- éramos y somos contrarios al actual sistema bancario: el mismo que ha saltado por los aires con nosotros dentro.

Sin embargo, el hecho de haber acertado en alguna de nuestras teorías no nos ha alegrado demasiado. Porque cuando ha quedado constatado el defectuoso funcionamiento de la Banca Privada, lo ha hecho dejando un reguero de esfuerzo, sangre y dolor en nuestro pueblo. Nadie puede bailar alegremente sobre la tumba de un sistema económico que ha provocado tanta y tanta miseria... tanta y tanta privación de nuestros más elementales derechos ciudadanos. Y es que -en esta Navidad de 2.009- muchos de nuestros compatriotas -al igual que millones y millones de personas a lo largo y ancho del Planeta- sufren el inhumano latigazo de la pobreza y la fría deshumanización de una máquina de explotación que ha resuelto morir matando. Morir mientras exige -de un conjunto cada vez mayor de ciudadanos- el pago de unas deudas que nunca podrán ser abonadas. Al menos en la forma original en la que fueron pactadas... ¿quién recuerda ahora los tiempos alegres de la fácil concesión de créditos bancarios?

Lo que está pasando es tan simple como diabólico. La Banca sostenía -a través de sus periódicas inyecciones de dinero- nuestro entramado empresarial y productivo. Como ha dejado de meter dinero en los bolsillos de los empresarios, éstos se ven obligados a cerrar o a limitar el número de sus trabajadores. Una gran parte de nuestra población queda -entonces- desempleada. La misma población a la que -en los buenos y felices días- se prestó dinero a un elevadísimo interés. El resultado es que los mismos que han creado la crisis -la Banca y los banqueros- se ocupan ahora a conciencia -o sin ella- de agravar sus efectos. No sólo nos quitan la posibilidad de trabajar provocando el cierre de nuestra empresa, sino que también nos exigen el cobro de una suma que ya no podemos devolver, porque no trabajamos. Precioso... ¿verdad? Como Banca, le presto a tu empresa y gano. Como Banca, te presto a tí y gano. Como Banca, y si el negocio estalla, el Estado me respalda a mí y no a tí... ¿qué te creías sufrido pagano? El resultado es que me tienes que seguir pagando siempre. La Banca siempre gana y tu siempre pierdes. Eso sí... continúa consumiendo en Navidad -aunque pierdas- porque a esta caldera insaciable no se la puede dejar de echar carbón.

Dentro de este desolador panorama, vuelven las luces navideñas. Y aunque en muchos hogares españoles hay más sombras que luces, regresa la ilusión que nos da ese Niño que nació -pobre como las ratas- en aquel pesebre de Belén. Tal vez así -en este año de miseria infinita- nuestros ojos se vuelvan hacia el significado más auténtico de estas fechas. Pobres para los pobres. Navidades Cristianas -siempre que Zapatero o Aído nos lo sigan permitiendo- celebradas al calor de una promesa de Redención Eterna, que llegará haciéndonos mejores mediante la transformación de este estado injusto de cosas. Transformándonos personalmente y transformando nuestro entorno más inmediato y próximo. Las Navidades como instrumento de solidaridad y como elemento de reflexión sobre nuestras posibilidades de acción social sobre el entorno. Nada que ver con las luces falsas -este año más falsas que nunca- que adornan nuestras calles y centros comerciales, animándonos a seguir participando de una macabra fiesta del consumo. Nada que ver con los anuncios de la televisión y con las llamadas a la fácil complacencia del tonto. Lucha solidaria por un mundo más justo sin tiranos.

Porque nuestro sistema económico -al menos de la forma que conocimos antes de la recesión- ha muerto. Frente a esta muerte, el Niño de Belén sigue naciendo año tras año. Navidad. Es Navidad. Felicidades para todos.

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