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MATÍAS MONTERO Y EL FUTURO (FEBRERO 2.006).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 10 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Matías Montero tenía aspecto de chico tímido y estudioso. Nos mira año tras año -a través de sus gafas redondas- y nos transmite la misma serenidad que tiene su rostro confíado y juvenil en la fotografía. Matías Montero siempre tendrá veintiún años. Esa es la suerte que el destino reserva a ciertos elegidos: a los que mueren jóvenes.

Los pocos de vosotros que tenéis la paciencia de leerme asiduamente, sabéis que no suelo hablar del pasado. Y la verdad es que no entendería hacerlo, cuando son tantos y tan variados los problemas del presente que nos acucian y estrangulan. Que nos preocupan. Nosotros, los falangistas del Siglo XXI, consideramos el pasado como algo doloroso e íntimo, como aquellas viejas heridas de viejas batallas, que duelen cuando cambia el tiempo. Se trata de una cicatriz que, tan sólo, se enseña a los viejos amigos dentro de un círculo muy íntimo.

Sin embargo, hoy os traigo a Matías Montero en mi Columna, ya que ha sido 9 de Febrero. Os explico.

El jueves pasado tuve el honor de ser invitado a la comida que Andrés Magaña, el alma máter de la Asociación “Escorial Sostenible-Proyecto Camelot Escorial”, había organizado con la saludable finalidad de reunir, en torno a una mesa, a los Responsables de diversas fuerzas políticas para hablar y debatir acerca de política municipal. Nunca podremos agradecer lo suficiente estas iniciativas de Andrés Magaña, un hombre que no sólo cree en el diálogo, sino que lo practica. Estupenda Camelot-Escorial y estupendas sus constantes y variadas propuestas. Bienvenidas las oportunidades de conocernos y de aprender los unos de los otros.

En esta reunión, me encontré con un ya viejo amigo de lucha contra el Plan General de Ordenación Urbana: se trataba de Fran Lorenzo de la combativa Asociación de Vecinos ALANA, compañera de fatigas dentro del Foro Ciudadano Escurialense. Fran y yo coincidimos em muchísimas cosas, y siempre es un placer intercambiar información con él.

A juicio de Fran Lorenzo, las fuerzas políticas no deben de mirar atrás. Deben centrarse en el presente, y dar soluciones para el futuro: sin lastres innecesarios, proponiendo nuevas ideas y nuevas vías de actuación social. La diversidad de problemas sociales existentes nos empuja -irremisiblemente- a no mirar atrás.

Y allí, en ese preciso momento de la charla, saqué a relucir la historia de Matías Montero. En mi opinión, el pasado vertebra a una fuerza política, confiriéndola personalidad propia. Esa savia histórica nos concede, precisamente, una visión particular de los problemas concretos, un vínculo político entre el pasado y el futuro, encadenados por medio de distintas generaciones militantes.

Puse el ejemplo de Matías Montero. Matías era un estudiante de Medicina de veintiún años que, en Octubre de 1.933, había escuchado la voz de José Antonio en el Teatro de la Comedia de Madrid. Matías había empezado a dar rienda suelta a su inquietud política en las filas de la izquierda española y había acabado- como tantos otros- en las filas de La Falange. El 9 de Febrero de 1.934 -después de fundar nuestro Sindicato Español Universitario- Matías fue asesinado -cinco balazos- por pistoleros socialistas en el Número 70 de la madrileña Calle de Juan Alvarez Mendizábal. Entre sus ropas, se encontraron los folios manuscritos correspondientes a su último artículo (“Las Flechas de Isabel y Fernando”), en el que se perfilaban ideas acerca de la Universidad propugnada por nuestro Sindicato.

Puse el ejemplo de Matías, asesinado por miembros del mismo Partido que hoy nos gobierna sin que, por ello, a nadie se le ocurra exigir cuentas. El tiempo ha transcurrido para todos y, recordando esas lejanas autorías, el pasado adquiriría ese negativo matiz al que se refiere Fran Lorenzo.

Desde 1.934, cada 9 de Febrero, los estudiantes falangistas conmemoran su muerte. Esta fecha se ha convertido en el Día del Estudiante Caído y, más recientemente, en el Día de la Enseñanza Nacional y Popular. Año tras año, sucesivas generaciones han confluído en el lugar del crimen, han depositado nuestras cinco rosas y han llevado a cabo un breve y sencillo acto de homenaje. Durante el Franquismo, se convirtió en una de las muestras evidentes de nuestra profunda división: existía una conmemoración de carácter oficial y, al mismo tiempo y a distinta hora, la oposición falangista al Régimen volvió a convertir a Matías en un símbolo de resistencia popular. Con la Transición, la figura tímida de nuestro Matías no dejó de ser reverenciada, ni un solo año, por nuestros estudiantes.

Valoraciones políticas al margen, existe un evidente simbolismo en lo que acabó de contaros. La figura de un joven universitario de veintiún años, asesinado en la oscuridad de la noche y por la espalda -en circunstancias muy poco heróicas en un sentido épico o romántico del término- nos ha unido a todos desde 1.934. Nos confiere identidad propia: independencia a la hora de encarar los distintos problemas que, de una forma u otra, han venido aquejando a las últimas generaciones de españoles.

De esta forma, sí que creo posible mirar al pasado de forma positiva, y no simplemente nostálgica. Matías Montero es un referente personal, una constante imposición vital a ser mejores.

En mi caso concreto, siempre que puedo me acerco el 9 de Febrero. Este año me ha sido imposible, pero he visto las fotos del sencillísimo acto público. Y he visto las caras conocidas de muchos de los asistentes. Las antiguas y las nuevas caras. Los conozco de foros universitarios, de pasantías en Despachos de Abogados, de muchas horas de actividad política, de nuestro Foro Ciudadano Escurialense, de regar y plantar nuestros árboles en Abantos, de luchar por una parada de autobús: de enfrentarse a problemas cotidianos.

Y no puedo menos que pensar que es eso, precisamente, lo que nos confiere identidad. Lo que nos da una forma especial de sentir y de encarar la vida. Lo que nos hace sentirnos parte de una entidad política concreta y determinada, dotada de claves y simbolismos propios. Un año más, desde detrás de sus gafas redondas, Matías volvió a asomarse a nuestras vidas, y nos recordó qué es lo que somos y cómo lo somos, y para qué debemos estar en la vida pública.

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