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LA MEJOR FORMA DE SEGUIR EN LA BRECHA.

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 TAGS:undefinedSiempre hemos estado solos. Siempre hemos estado al margen de las grandes decisiones políticas y de cualquier porcentaje electoral relevante. Por eso, en nada nos afectan los confusos resultados de las Elecciones de ayer. Estamos como siempre y donde siempre, y sin estar en condiciones de participar de forma apreciable en la nueva situación política española. Por esta razón, nos resultan absolutamente indiferentes cosas tales como la de quién haya ganado estas Elecciones, o la de cuáles podrían ser los posibles pactos de gobierno o la de si es mejor la izquierda o la derecha a la hora de iniciar los cambios que España necesita. Los falangistas somos totalmente ajenos a este galimatías aritmético abierto en esta nueva legislatura. Ajenos a los resultados del 20 de Diciembre.

La solución de este rompecabezas político puede articularse a través de tres posibles soluciones, y ello siempre dentro de las extremas dificultades de gobernabilidad que nos han traído los resultados de ayer. Puede existir una muy difícil continuidad de un gobierno de la derecha, incluyendo en esta opción la improbable gran coalición PP-PSOE. De otro lado, puede darse el gobierno de una izquierda coaligada y triunfante. Finalmente, pueden convocarse nuevas elecciones ante la imposibilidad total de formar un gobierno estable. Cualquiera de estas tres verdades de perogrullo no afecta a nuestra situación actual. El trabajo a desarrollar por el falangismo a medio plazo es absolutamente independiente del color que vaya a tener el nuevo Gobierno de España. Siempre están y han estado en contra de lo que queremos y representamos.

A nosotros no nos preocupa el auge de Podemos. No nos asusta un Gobierno de izquierda. Lo que nos asusta es que, una vez más a lo largo de nuestra tormentosa Historia, quedarán defraudadas las ansias de transformación profunda de España de la que hacen gala sectores cada vez más extensos de compatriotas. Si Podemos consiguiera articular una alternativa política que significara una efectiva transformación económica y una extensión de nuestros mecanismos de representación política, no tendríamos nada que objetar. Un movimiento de esa clase contaría con toda nuestra simpatía y con nuestro respeto. Sin embargo, nosotros sabemos que la Revolución no va a venir de la mano de Pablo Iglesias. Podemos no va a acometer la tarea revolucionaria de transformar el capitalismo: sólo pretende parchearlo en medio de una selva vocinglera de retórica vacía y de conceptos huecos. Ni disolución de la banca privada ni sindicalización de la economía. Ni siquiera nos está asegurando la República. Humo sobre humo y una gigantesca estafa respecto a cinco millones de votantes. 

Los españoles merecen una voz que proclame con firmeza los valores de la República, de la Patria unida en la solidaridad, de un nuevo modelo económico y social y de unas formas de representación genuinamente democráticas. Una voz para una Revolución y para una Patria liberada. En esta nueva etapa de España, los falangistas vamos a estar donde siempre hemos estado: defendiendo nuestros postulados en soledad y con orgullo, y poniendo nuestras escasas fuerzas al servicio de nuestra idea de España.

Tenemos la obligación moral de procurar que nuestra lucha sea más eficaz y positiva.

Los falangistas podemos obtener una curiosa conclusión de la endemoniada situación nacional. Una lección que nos ofrecen estos resultados caóticos. Y es que, cuando impera la fragmentación política, se hace necesario el diálogo y la búsqueda de consenso. El intento de alcanzar pactos alrededor de unos puntos esenciales. Esto mismo nos ocurre a nosotros: que nuestra situación lamentable nos obliga irremisiblemente a hablar entre nosotros e intentar alcanzar acuerdos políticos útiles. 

España entra en una nueva fase política. Y no creo que los falangistas debamos encararla atomizados y descoordinados. El apoyo que, desde sectores distintos del nacionalsindicalismo y con una unanimidad hasta ahora no conocida, se ha ofrecido a las Candidaturas de Falange Española de las JONS demuestra que, aunque sean más o menos grandes las diferencias de toda clase que nos separan, somos todavía capaces de articular actuaciones conjuntas.Desde el Movimiento Falangista de España nos hemos aplicado el cuento,  y hemos apoyado activamente las Candidaturas de la más antigua formación del nacionalsindicalismo. Al igual que un gran número de desperdigados falangistas, hemos apreciado las ventajas tácticas que esta nueva situación puede tener a la hora de hacer Falange. A la hora de sumar unos siempre escasos medios materiales y humanos.

Pero estos apoyos puntuales no bastan. No sólo nos impone una fórmula de acuerdo la nueva situación política española, sino también nos urge a ello el hartazgo y la desilusión de nuestras bases. Existe un clamor falangista en torno a la adopción de una solución imaginativa e integradora. Existe una común afirmación respecto a que las cosas no pueden seguir como están, y que es necesario contar con lo que podamos aportar todos y cada uno de nosotros a la hora de encarar esta tormenta. Somos muchos los que creemos que es el momento de construir una gran alternativa nacionalsindicalista reorganizada e independiente. Altura de miras y búsqueda de nuestros posibles puntos de contacto. Olvidar discrepancias, insultos, vejaciones y agravios. La hora de taparse la nariz para ser un poco más fuertes.  Así de sencillo.

En Justicia, correspondería a nuestra organización decana canalizar los apoyos recibidos en esta campaña electoral. Correspondería a Falange Española de las JONS ofrecer al conjunto de los falangistas una propuesta moderna de coodinación, y siempre en torno a unos principios comunes. La iniciativa debe ser suya en función de la magnética magia de las siglas. Entiendo que ni se trata de una militancia común ni se trata de una común jerarquía. No se trata de una mera suma de elementos distintos que desembocara en una nueva organización superior. Muy al contrario, se trata de estructurar sencillas fórmulas de coordinación entre nosotros que permitan presentar a nuestros ciudadanos una única voz y una única propuesta. Se trata de encontrar la manera de que personas muy diferentes trabajen en una sola dirección sin renunciar a sus propias creencias. Un sencillo programa basado en principios de aceptación indiscutible que nos permita exponer ante el pueblo español nuestro proyecto nacional. Un conjunto de ideas sencillas que permita mantener encendida la antorcha y algún tipo de ente directivo  creado con el fin de dirigir la lucha. Encontremos, entre todos, la mejor forma de seguir en la brecha.

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