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EN LA MUERTE DEL MAESTRO ROHMER (ENERO 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 207 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Ha muerto -a los ochenta y nueve años- el Director de Cine Eric Rohmer. Una vez más, nos ha dejado alguien que -año tras año- ha ido acompañándonos por el camino. Alguien que -de forma importante- ha contribuído a educarnos y a hacernos lo que -al final- hemos acabado siendo. Lo que pasa cuando muere un Director de Cine como Rohmer es que entendemos que se ha ido una persona que -en algún momento de nuestra vida- nos ha llegado al corazón. Eso hace que estas pérdidas sean cercanas y próximas, porque no sólo muere alguien cuya obra conocemos muy bien sino que -y esto es lo esencial- también muere alguien que nos ha hecho conocernos -mejor y más profundamente- a nosotros mismos.

Parecía que no pasaba nada en sus películas, pero eran verdaderos frescos del movimiento de la vida. Ese movimiento cotidiano, integrado por nuestras pasiones, nuestras vanidades, nuestas miserias y nuestros afanes diarios. Amor y desamor. Esperanza y desesperanza. Esas eran las líneas maestras del Cine de Eric Rohmer. Y es que sus trabajos tienen la marca inconfundible de lo cotidiano... de lo que pasa en nuestro día a día. Es un cine próximo y sencillo, rodado con maestría y con imaginación. La firma de un artesano a través del cual -sencillamente- reflexionábamos sobre nuestra memoria emocional. Más de cincuenta años de carrera y veinticuatro películas inolvidables. La Rodilla de Clara, el Rayo Verde, Mi Noche con Maud, Cuento de Primavera, Cuento de Verano, Cuento de Otoño, Cuento de Invierno, Pauline en la Playa, el Amigo de mi Amiga...

Cine para la reflexión. Sin más efectos especiales que aquellos que se derivan del uso y disfrute de nuestros sentimientos más recónditos. Cine inusual dentro del momento social que nos ha tocado vivir: el instante de la cultura kleenex de usar y tirar, caracterizada por una cinematografía de consumo rápido y sencillo. Mucho ruido y pocas nueces, y películas diseñadas para divertir por medio de un espectacular efectismo made in USA. Por eso mismo son tan importantes las carreras como las de Rohmer. Porque se hacen siempre de espaldas a la mayoría de los espectadores, y porque acaban aburriendo a un público muy poco habituado a esa clase de lenguaje cinematográfico. Y uno no puede dejar de pensar que ese dato es tristísimo. Por lógica, tan sólo nos indica que el actual sistema ha educado al espectador en unos criterios culturales absolutamente alejados del camino de la sensibilidad, de la inteligencia y de la búsqueda de aquellos íntimos resortes que nos hacen crecer como personas. Por eso se aburre el ciudadano medio europeo. No es que seamos tontos... es que nos han entontecido en nuestros hábitos culturales.

Aquello fue -en definitiva y analizando con la debida perspectiva su prolífica obra- la llamada nouvelle vague, que era la corriente cinematográfica a la que Rohmer pertenecía. A través de la mirada del autor quedaban al descubierto las grandes contradicciones del ser humano dentro de su contexto social. Películas que nos hablaban de conflictos humanos y de íntimas complejidades, exponiendo las cosas como son sin -apenas- rozar sus causas o motivaciones. Porque el Cine de Eric Rohmer expone estos conflictos personales, mostrándonos las cosas en su realidad objetiva. A partir de aquí, corresponderá al espectador llegar a una u otra conclusión. Realidad frente a ficción y fácil -casi automático- paralelismo entre los problemas planteados en la pantalla y los propios. Frente a los mundos imaginarios -propios de las historias escapistas de gran audiencia- Rohmer proponía un paseo por los universos reales -muy reales- de las vivencias propias. Te ponía en el punto de partida de un viaje fascinante a tu yo íntimo, en contraposición a aquellas propuestas culturales mayoritarias que nos alejan -cada vez más- de nuestras realidades cotidianas.

Podemos interpretar todo esto de forma obvia, pero no por eso desacertada. Porque -lejos de acercarnos a nosotros mismos- los valores culturales imperantes nos alejan de nuestra realidad. Supongo que ese dato es fundamental para entender el desarraigo del hombre occidental... ciudadano consumidor que ha olvidado la importancia de explorar en su propia conciencia crítica y que -dentro de este juego monstruoso de sucesivas pérdidas- prefiere la evasión culturalmente irrelevante a un cuestionamiento de los distintos problemas de su época. Ante esta afirmación, un ejemplo práctico. No deja de ser curioso que, por ejemplo, la película de moda en este año de 2.009 -momento de recesión capitalista y de absoluta tensión económica y social- sea una cosa llamada AVATAR. Mundos imaginarios y problemas insustanciales consumidos -a marchas forzadas- por un público cuyo mundo se derrumba. Un mundo que se cae ante la indiferencia crítica de la gran mayoría ciudadana.

Por eso debemos dar una oportunidad al Cine de Eric Rohmer. Algunas de sus películas pueden parecernos -sin duda- duras y pesadas. Yo aconsejo perseverar siempre en esta clase de propuestas. Dar a esta clase de Directores -en el caso de que tus gustos culturales no se encuentren todavía en esta onda- siempre una segunda oportunidad. Porque por el solo hecho de ver sus películas, estamos abriendo una ventana a la reflexión. Estamos impidiendo -con tan sencillo método- caer en el marasmo intelectual que constituye la base del Sistema.

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