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EL MUNDO AL REVÉS (ABRIL 2.010).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 220 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Cosas que se escuchan y que -si no fueran evocadoras, por sí mismas, de un mundo tenebroso- podrían resultar cómicas. Nuestros amables y muy cultos vecinos del Foro Social de la Sierra -desempolvando el más rancio lenguaje frentepopulista entre visita y visita a los bunkers de Guadarrama- nos vuelven a hablar de los paseos de los señoritos falangistas al convocarnos a su Homenaje Anual a los fusilados del Cementerio de San Lorenzo. Como si los ascendientes ideológicos de toda esta tropa no hubieran dominado -de sobra y con eficiencia metódica- el siempre complicado arte del paseo. Por su parte, los Sindicatos subvencionados CCOO y UGT, en apoyo a Garzón, han sacado del baúl de los recuerdos el famoso no pasarán. Lo que no llegamos a comprender bien es a quién se refieren con este grito resistente... si a la reforma laboral que sí que va a pasar con su plena y bien pagada anuencia, o si al número oficial de parados que sí que va a pasar de cinco millones durante 2.010.

El mundo al revés. La recesión capitalista no sólo nos ha traído desesperanza en el presente y miedo por el porvenir. También nos ha traído un constante recurso al pasado. Al pasado o -más exactamente- a la idea que todos tenemos de un idílico pasado mítico y siempre feliz. A la idea que cada uno tiene de su propio pasado. La tan traída y llevada Memoria Histórica. Dice Martín Saénz de Ynestrillas -en una frase absolutamente acertada tanto en su continente como en su contenido- que la Memoria es siempre subjetiva -sin duda por ser esencialmente algo íntimo y personal de cada uno- mientras que la Historia es siempre objetiva ya que, en todo caso, se compone de una serie concatenada de hechos objetivos. Este concepto, por tanto, estaría integrado de dos palabras de sentidos antitéticos. De este modo, puede decirse que en la España de 2.010 tenemos -tal vez- un verdadero empacho de Memoria mientras que, por el contrario y de forma asombrosa, nos falta un mayor conocimiento de la Historia.

Nosotros -los falangistas- tenemos Memoria. Dolorosa memoria que ha contribuído a configurarnos como opción política neta y soberana... dotada de características propias y diferenciadoras. Y también Historia. Hechos objetivos que, no menos dolorosos, determinan tanto el verdadero alcance de nuestros errores pasados como la validez de nuestros aciertos. Si es que los hemos tenido alguna vez. Me refiero a los aciertos, por supuesto, y no a los errores. Porque equivocaciones tenemos, tuvimos y tendremos a raudales. Tantas que -con toda seguridad- puede afirmarse que el nacionalsindicalismo se mantiene vivo, dentro del conjunto de las fuerzas políticas españolas, no por los aciertos tácticos o estratégicos de sus organizaciones políticas y sindicales, sino por el esfuerzo individual y desinteresado de centenares de falangistas que -a lo largo y ancho de España- se han negado a rendirse y han decidido seguir alzando la bandera.

Sin embargo, esta sucesión histórica de desaciertos, errores y demás desafueros, nos ha traído -a los falangistas- una conclusión tremendamente positiva. Nos ha educado en la feroz escuela de la crítica. Nos ha enseñado a analizar -muy detenidamente- nuestro papel en la Historia de España desde nuestra misma fundación. Tener una clara conciencia de lo qué hemos sido -objetiva y nítidamente- y de lo qué pudimos ser. Este constante análisis crítico nos ha hecho asumir -desde muy pronto- nuestra parte de responsabilidad en los sucesos históricos del Siglo XX español. Pero también nos ha hecho rechazar -de forma clara y documentada- todos aquellas teorías pseudocientíficas que han intentado extender esta responsabilidad a acontecimientos que -tanto de forma individual como colectiva- no pueden sernos achacados. Responsabilizarnos de lo que -efectivamente- hicimos. Pero no comernos el marrón -dicho esto en argot forense-carcelario- por crímenes que no hemos cometido.

La Historia -esa sucesión de hechos objetivos de la que habla mi Camarada Martín- siempre es lo suficientemente compleja como para poder ser esquematizada en un asunto de buenos y malos. La Guerra Civil de 1.936 fue el resultado de una imposibilidad de convivir. Una convivencia imposible en la que todos -todos- pusimos nuestro granito de arena. Entender aquel drama de otra forma no sólo es algo rotundamente falso, sino que constituye un insulto a la inteligencia de todos los ciudadanos españoles informados y cultos. Y es que lo verdaderamente inaudito de este ya manido tema de la Memoria Histórica reside en el hecho de tratarse de un tema pasado -sangriento y doloroso pasado- que es resucitado para convertirse en bandera presente. Hacer de los muertos pasados un instrumento de lucha en el presente. El guerracivilismo de una izquierda que no ha sido capaz de revisar y analizar su propia Historia. Asumir -desde posiciones de madurez política- su más que evidente grado de responsabilidad en aquella orgía sangrienta de 1.936.

Buenos y malos de película mala sin ninguna profundidad en sus personajes. El Foro Social de la Sierra vuelve a convocar -un año más- a la izquierda serrana para rendir homenaje a sus Muertos. Honor y respeto a los que ofrendaron su vida por causa de una idea de España. Homenajes públicos y reconocimiento ciudadano a aquellos hombres. De esas premisas creo que no existe discusión alguna desde hace muchísimo tiempo. Desde hace mucho más tiempo -muchísimo más- de aquel en que se sacaron de la chistera el conejo de la Memoria. A nosotros -los siempre pesados falangistas- nos gusta recordar al respecto el Discurso de la Navidad 1936/37 de nuestro Segundo Jefe Nacional Manuel Hedilla. Respeto a los Muertos sean quiénes sean. A todos.

Quiero creer que unos y otros no murieron por esto. Por esta España insultona y cobarde. Por esta España chata de las visiones unilaterales y planas. Quiero creer que murieron por una España libre y justa, y que vuelven a caer bajo las balas cada vez que se les enarbola como instrumento de enfrentamiento y no de concordia. Su ejemplo -el ejemplo de todos- nos debería servir a todos para construir esa nueva sociedad que el desplome capitalista está exigiéndonos. Y que nadie nos quite -esta vez- la Revolución a los que creemos que otra España es posible.

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