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ANTE UN MUNDO QUE CAE... ¡¡¡ORGANIZACIÓN Y LUCHA POPULAR!!! (AGOSTO 2.011).

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 TAGS:undefinedNo es desacertado el análisis de la situación que hemos hecho desde la Mesa Nacional para la Integración. Por desgracia, ya no es necesario ser un sesudo columnista del Wall Street Journal ni tampoco -Dios nos libre- precisamos tener unos grandes conocimientos acerca de lo que, de manera misteriosa y críptica, se han venido en denominar últimamente como los mercados. Se trata de la simple y pura lógica del dolor. Pura y simple lógica aplicada -nada más y nada menos- a las circunstancias que están acompañando el final de una era. El final de una civilización definido a lo Jim Morrison... This is the end my only friend...

Siempre hemos creído -los falangistas estamos acertando en el diagnóstico desde el principio- que esta situación actual era distinta a las anteriores, y que lo trascendente -lo verdaderamente trascendente- no era el hecho en sí de la recesión sino -y a estas alturas ya resulta evidente- de su propio carácter liquidador de todo un modelo económico. A nadie se le escapa -sabiduría popular intuitiva- que esto ya ni es lo mismo ni será lo mismo en el futuro. Porque el capitalismo preveía siempre la existencia de crisis periódicas. Situaciones cíclicas que, de un modo u otro, eran solucionadas por el propio funcionamiento del modelo. Esta autorregulación periódica del sistema constituía un factor de fortalecimiento del mismo ya que, cuando la crisis finalizaba, el modelo había eliminado o corregido importantísimos factores de distorsión. Así ocurrió en 1.929 o en 1.973, por ejemplo.

Pero esta vez es distinto. La crisis ha afectado al propio motor del chiringuito. Al núcleo esencial del invento: el funcionamiento de las instituciones financieras. Así, un efecto de onda expansiva ha ido destruyendo, uno tras otro, todos los sectores económicos del sistema. Ante esta catástrofe, los distintos gobiernos occidentales han reaccionado aplicando todas las medidas que dictaban los cánones. El enfermo estaba ya muerto, pero los médicos se han esforzado en reanimarle a toda costa. Medidas ordinarias y extraordinarias que -a la vista está- no han funcionado. Se han agotado las posibilidades de actuación y, a lo largo y ancho del Globo, ya nadie sabe lo que hay que hacer. Nadie tiene ni puñetera idea. Tal vez por esto se asemejen las economías occidentales a niños caminando -a gatas y a tientas- en un pasillo oscuro. Tanteando, tropezando y cayendo cada vez con más fuerza. Sin posibilidades de encaminarse a la salida porque, entre otras cosas, no hay salida.

Este es el verdadero quid de la cuestión. Que nuestra economía ha saltado en mil pedazos y que la máquina de hacer dinero se ha parado y que, en vez de asumir todo ello de forma responsable, todos nuestros gestores públicos han actuado -y actúan- como si se pudiera, una vez se hicieran los reajustes necesarios, hacer que todo fuera como antes. Uno tras otro, todos los remedios aplicados no han funcionado. Nadie sabe las fórmulas mágicas que recompongan esta situación y que nos lleven a la salida de este túnel. Los ciudadanos europeos -los españoles- vamos a ser cada vez más pobres y vamos a estar -también de forma rápidamente progresiva- más desesperados. Sólo la aplicación de medidas que supongan una transformación radical del modelo podría mejorar la situación. Sólo la Revolución podría empezar a ganar este partido y darnos esperanza. Nos daría un norte solidario en medio de esta tempestad.

El Partido Popular -que va a estar en el gobierno dentro de muy poco tiempo- no va a poder cambiar la situación porque -por lógica- nadie puede cambiarla sin transformar profundamente las reglas de un juego hoy agotado. Los populares no van a cambiar estas reglas ni, por supuesto, desean hacerlo: esto se hunde y se seguirá hundiendo. Estas circunstancias negativas se escapan al control de cualquier partido en el gobierno, y no dependen en absoluto de su actuación. El Partido Popular entregará a España -más si cabe- a la voracidad especuladora de un capitalismo financiero que -redefiniéndose a toda prisa- nos aparece envuelto en el asqueroso celofán de la ganancia fácil.

No nos hemos cansado de decir que una economía en caída libre es equivalente a un nivel proporcional de inestabilidad social. Todo va muy deprisa y los acontecimientos se van sucediendo a una velocidad endiablada. Primas de riesgo, recesión en Estados Unidos, el Euro en peligro, posibilidad de rescate financiero de España e Italia, incremento en nuestro nivel de desempleo, clima preelectoral en España, Londres en llamas en mitad de un estallido social, nuestros antidisturbios actuando con contundencia frente al movimiento del 15-M... absoluta oscuridad y ausencia total de resultados positivos. Inestabilidad social y radicalización de la política española.

Yo creo que la situación económica se agravará, y producirá una acción cada vez más radicalizada de sectores también cada vez más extensos. Ciudadanos empobrecidos y desesperanzados que iniciarán, todavía queda por definir en qué forma y condiciones, distintas acciones de resistencia y de protesta. Existe una organización embrionaria, integrada por ciudadanos españoles de muy diversa procedencia ideológica, cuyo denominador común se encuentra en el deseo de implantar una nueva sociedad, sustituyendo el sistema vigente por nuevas formas de organización política y económica. El 15-M y el movimiento de los indignados no es más que el principio de una actuación ciudadana futura y radical.

Y es en este escenario previsible donde aparecemos nosotros.

Nosotros hemos comenzado por definir lo que puede agruparnos. Los llamados Puntos de Consenso han delimitado las líneas esenciales de nuestra alternativa: la persona como eje del sistema y la necesidad de un cambio revolucionario del modelo todavía vigente. Partiendo de aquí, vamos a estructurar una organización muy ágil. Sin fichas, sin cuotas y sin organigramas falsos y sobredimensionados. Desde la base y por la base, apartando -como de hecho estamos haciendo- lustros de inoperancia política de nuestros responsables máximos. Una militancia flexible dentro de un instrumento igualmente flexible de acción revolucionaria. Vamos a coordinar, desde un órgano colegiado central de composición muy extensa y representativa, nuestra actuación política, y la vamos a hacer girar en torno a un puñado de propuestas coherentes y sencillas. Ha pasado la época de las grandes discusiones doctrinales o ideológicas, y ha llegado el momento de solicitar medidas políticas puntuales y concretas de aplicación muy práctica.

No se trata sólo de lograr la coexistencia de un grupo de revolucionarios que se sientan alrededor de unos puntos comunes. Se trata de que este grupo -de procedencia ideológica diversa- actúe de forma coordinada, formando parte activa de una lucha popular de liberación nacional. Coexistir para trabajar por la Revolución y luchar por nuestros postulados fundamentales dentro de ese interesantísimo proceso. Lo mejor de estas afirmaciones reside en que, lejos de constituir grandilocuentes declaraciones -a las que son tan aficionadas las cúpulas de nuestros partidos- son hechos prácticos y cotidianos. Una coordinación basada en el diálogo y en los grandes y pequeños acuerdos, la agrupación de una base humana suficiente y la indudable importancia de una estrecha amistad personal entre muchos de los miembros de la Mesa.

Propuestas políticas sencillas y base ideológica ya definida. Sobre esto, la constitución de una vanguardia revolucionaria capaz no sólo de sobrevivir en medio del torbellino político que se está avecinando, sino de tomar iniciativas prácticas dentro del mismo. La Revolución va a comenzar, y nosotros debemos ser capaces de estar allí y de participar activamente en estos acontecimientos futuros. Con esas perspectivas, nos estamos encaminando al Congreso del próximo mes de Octubre.

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