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NASRIN SOTOUDEH Y EL ORGULLO DE SER ABOGADO.

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 TAGS:undefinedYo no me metería, en absoluto, en ese berenjenal tan absurdo en el que se ha metido Bertín Osborne al decir que la lucha feminista no tiene razón de ser en España. Y es que toda lucha tiene razón de ser siempre y cuando haya personas dispuestas a dejarse la piel en el empeño, así como cuando haya razones evidentes de injusticia que la motivan. En nuestro país existen ambas cosas. La brecha salarial, el techo de cristal, la violencia machista y demás conceptos, tan barajados y escuchados estos días, no son simples cuestiones de marketing político sino necesidades complejas y propias de una sociedad occidental igualmente compleja. En realidad, yo pienso que la lucha por la transformación del actual modelo económico y social nos corresponde a todos -mujeres y hombres- porque es a todos sin falsas exclusiones a los que nos incumbe pelear y vencer por este cambio. La Revolución no distingue entre hombres y mujeres porque -cuando la veamos revolotear triunfante por el hermoso jardín de España- nos cubrirá a todos por igual bajo el manto de sus medidas justas.

Mientras ese día llega nos toca bregar con el tedio de nuestros avatares diarios. Y volver a indignarnos con las cosas que pasan en el mundo. Como la que está ocurriendo con la abogada feminista iraní Nasrin Sotoudeh, activista de los derechos civiles en la llamada República Islámica de Irán. Resulta pavoroso que en pleno Siglo XXI, cuando en Europa estamos debatiendo sobre la profundización y sobre la efectividad real de nuestras libertades democráticas, exista un Régimen capaz de condenar a una abogada a las penas de treinta y ocho años de cárcel y de ciento cuarenta y ocho latigazos, y ello por el solo hecho de defender la libertad de la mujer iraní de utilizar el velo, o de no utilizarlo, así como por intervenir en diversas causas judiciales que han enfrentado a mujeres de ese país con las autoridades teocráticas que rigen el Estado. Se pueden leer las penas impuestas en una Sentencia que mi Compañera -qué orgullo tiene a veces esta usual palabra de nuestro argot profesional- se ha negado a recurrir por causa de no querer legitimar con esta acción procesal un ordenamiento jurídico injusto. Los delitos por los que se la condena son -nada más y nada menos- que el de la "difusión de propaganda contra el sistema" y el de "reunión y colisión para cometer delitos contra la seguridad nacional". Todo eso es a lo que te lleva, en la muy reverenda y demencial República Islámica de Irán, la defensa de la opción de las mujeres de no ponerse un velo -si no quieren- y la lucha por aumentar los derechos que, dentro de la rígida y encorsetada jerarquía de valores de aquella sociedad, están reservados a la mujer por la tiranía islámica. Se han ido acumulando causas en sus antecedentes -ya fue indultada graciosamente por el Gobierno persa en 2.013 por penas similares a estas- y las penas resultantes suman la barbaridad que he transcrito más arriba.

Me resulta curioso el hecho de que Nasrim Sotoudeh no pudo acceder a la Vista de uno de los procesos en los que se la juzgaba por no ir correctamente vestida para comparecer ante un Tribunal Islámico. Es decir, pudo ser condenada in absentia al considerar el Presidente de la Sala que la acusada no vestía como debe vestir una ciudadana iraní. Ese es el tipo de país que muchos -aun lado y a otro del espectro ideológico- nos han querido vender como verdadera democracia amenazada por el imperialismo. Vivir para ver.

El caso de Nasrin Sotoudeh -que va a ser azotada tan sólo por ejercer el sagrado derecho de defensa de nuestros clientes frente a los excesos del poder- nos refuerza en la idea de que algo en el mundo va muy mal y que todavía queda mucho por hacer no sólo para conseguir la plena igualdad jurídica entre hombres y mujeres sino también, y de una manera igual de acuciante, para conseguir sociedades más justas para todos sus miembros sin distinción de género. Tengo la convicción de que, proponiendo una profunda transformación democrática a escala global, estamos peleando por conseguir ambas cosas a la vez. Si aumentamos el ámbito de decisión económica y política de todo ciudadano, de forma tal que las personas puedan decidir libremente en todos los asuntos que conciernen a la marcha de la gestión pública, estaremos logrando una igualdad real entre los sexos. La autogestión como concepto revolucionario capaz de traernos una paz social duradera y una justicia sólida y democrática. La autogestión como vía hacia una efectiva y real igualdad entre hombres y mujeres. En el mismo ámbito geográfico y estratégico de Irán, la praxis kurda en el Confederalismo Democrático de Abdullah Ocälam ha hecho más por la igualdad de la mujer en estos pocos años que lustros y lustros de literatura al respecto. Si aumentamos el poder de decisión de los ciudadanos nos estamos acercando a una nueva -y más profunda- situación de igualdad entre los sexos.

Por eso, todos los que estamos en esa batalla vemos en el feminismo -a veces gritón, soez y simplista en sus planteamientos políticos- otra fuerza a tener muy en cuenta a la hora de construir un mundo nuevo: una corriente política que no puede ser apartada ventilando dos frases ingeniosas, o minimizando su actuación política dentro de la sociedad europea o escarneciendo irónicamente sus propuestas. 

Amnistía Internacional está promoviendo una campaña de firmas contra la condena de Nasrin Sotoudeh. Os dejo en enlace para que, quien quiera y pueda, firme por su inmediata libertad. Supongo que el Estado Medieval iraní -Edad Media condimentada con las especias orientales del militarismo nuclear y de la amenaza expansionista constante a los vecinos- hará el mismo caso nulo a estas firmas que ha hecho a todas las demás iniciativas que, de forma parecida, se le han venido haciendo en el pasado. Sin embargo, seguro que ese pequeño gesto ayuda a darte cuenta de lo mucho que todos debemos hacer todavía en la consecución de un mañana diferente, luminoso y sereno. Un pequeño gesto con una Compañera que lo está dando todo -vida, libertad e integridad física- por ese conjunto de principios por los que vale la pena arriesgarse y luchar. Nasrin Sotoudeh y el orgullo de ser abogado.

Este es el enlace a la campaña de Amnistía Internacional:

https://www.amnesty.org/es/get-involved/take-action/iran-free-nasrin-satoudeh-now/ 

     

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