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NUESTRAS NIÑAS DE DIECISÉIS AÑOS (MARZO 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 166 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

En esta curiosa España de nuestros desvelos que nos ha tocado vivir -curiosa lotería humana que distribuye épocas y fases vitales de las naciones- una niña de dieciséis años podrá abortar sin consentimiento de sus padres, aunque siempre nos quedará el consuelo de que no pueda taladrarse el ombligo sin permiso de sus progenitores o, también, de que no pueda comprar tabaco en una máquina expendedora de las cientos de ellas que están instaladas en nuestros bares y restaurantes. Cosas de la Ministra Aido. Yo parto de la base de contar la entrañable Aido con todas mis simpatías, y ello por razón de lo que -curiosidad histórica- ha supuesto su designación como Ministra de Igualdad del Gobierno de España. Casi nada... ¿vosotros no queréis ser eso de mayores? Suena impresionante. Pocas veces en la España Moderna habrá existido un Ministerio de competencias tan difusas y de contenido tan etéreo. Sin embargo, eso nunca le ha preocupado a Zapatero ya que, si el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España carece de competencias de contenido propias, ya se encargará Aido de ir dándolas forma y sustancia... ¿o es que acaso creéis que la buena de la Ministra se va a rendir por tan poca cosa?

Lo malo es que este Ministerio se va pareciendo -cada vez más- a un Comisariado Ideológico de Género. Esta falta aparente de competencias se está cubriendo con un conjunto de actuaciones públicas dirigidas, fundamentalmente, al aplastamiento de los sentimientos morales y éticos de una importantísima parte de españoles frente a los de otros. Los valores de un falso progresismo que -día sí y otro también- se nos imponen sin miramientos desde arriba. Con esta afirmación tajante no me estoy refiriendo, por supuesto, a los primeros y humorísticos balbuceos de tan peculiar Ministra al frente de su departamento, los cuales consistieron en un indisimulado -y jocoso- intento de cambiar el lenguaje. Miembros y miembras se convirtieron -por causa de las intervenciones públicas de este personaje- en recursos habituales y constantes de muchas columnas periodísticas. El asunto es mucho más grave.

Porque los últimos meses hablamos de cuestiones muy graves...

Hablamos, nada más y nada menos, que de la vida y de la muerte. España y su altísima tasa de abortos y demás asesinatos de corte higienizante. A los falangistas siempre nos ha hecho reir -tal vez no en este caso- el desparpajo con que la izquierda española defiende las posiciones morales más abyectas, aunque siempre desde la perspectiva del respeto hacia los derechos del individuo y demás cortinas de humo utilizadas en supuestos como este. Por ejemplo, las distintas izquierdas españolas te piden, por un lado, enérgicas condenas en materia de memoria histórica -verdadero paradigma de la doble moral zurdesca- mientras que, de otro lado, te justifican los crímenes de los buenos. Para las izquierdas españolas existen dos categorías de víctimas: las de ellos y las demás. Las demás son plenamente condenables pero, invariablemente, las otras tienen justificación. Y es que este ejemplo viene a ilustrar -de manera perfecta- lo que todavía son crímenes en esta España de 2.009. Los crímenes de los buenos. Exigencia estricta por un lado y manga muy ancha por otro. Y, como siempre, constante trágala de imposición gubernativa al conjunto de los ciudadanos de una determinada posición política o ética, la cual viene a imponerse sin ninguna clase de negociación o consenso.

Sin ir más lejos. La Ministra Aido está patrocinando, desde su Ministerio, un conjunto de medidas de corte eugenésico. O cómo se justifica -desde el ámbito progreta- la eliminación física de fetos malformados o enfermos dentro del vientre de sus madres mientras que, sin duda con la boca pequeña, se escandalizan frente a las políticas alemanas de los años treinta que predicaban -ni más ni menos- medidas semejantes: lo que -de manera siniestra- se definía como higiene racial. El mismo supuesto de hecho condenable en un caso y aplaudido en otro. Y es que no es igual que al enfermo mental le mate un concepto nacionalsocialista de la Historia que le mate -entre los algodones de las frases huecas de siempre- un concepto socialista aidaiano de la Historia.

Y no es necesario referirnos sólo a los enfermos o malformados. Debemos referirnos a toda vida concebida dentro del vientre materno que es -diaria y sistemáticamente- asesinada en España. Un genocidio de inocentes que, de proporciones gigantescas, resulta amparado, financiado y desarrollado desde todas nuestras instituciones públicas.

Yo cometo el error -al parecer fatal- de creer que el asesinato es siempre abominable, con independencia de la ideología que lo propugne. Yo cometo el error -al parecer fatal- de creer que no existe ese supuesto derecho a decidir sobre la maternidad una vez concebida una nueva vida. Un derecho capaz de sacrificar -sin miramiento alguno- una vida en origen en aras de un relativismo hedonista. Mi concepto de lo justo y de lo injusto -del bien y del mal- me impiden pensar en que sea un valor socialmente positivo la eliminación física de un feto por causa de su falta de oportunidad en la propia concepción. Porque, ni más ni menos, no resulte oportuno a la madre este nacimiento por imperativo de sus aspiraciones profesionales, sociales o económicas. Carezco de estadísticas fíables en este momento, pero sospecho que -en un muy elevado porcentaje- esta es la verdadera razón del aborto, si bien siempre queda enmascarada bajo la palabrería pogre sobre el derecho individual y los casos de minoría de edad o de sexo no consentido. Palabras que encubren un crimen monstruoso no sólo constantemente protegido, sino fomentado y expandido por un sector muy importante de nuestra inteligentzia. Egoísmo monstruoso frente a solidaridad y respeto por la vida. Los falangistas creemos que el verdadero derecho de la Mujer -en su faceta de madre- no es la posibilidad de participar en este asesinato institucional, sino la posibilidad de articular medidas de conciliación efectiva entre la vida laboral y familiar, así como el de exigir el establecimiento de políticas de apoyo institucional alternativas a esta barbaridad. Apoyo institucional, educación sexual suficiente -y eficiente- desde edades tempranas, la adopción como alternativa al aborto... decenas y decenas de líneas posibles de actuación que vendrían a hacer inncesaria -en un gran número de casos- una medida como la propugnada -a estas alturas de la película- por la genial Aido.

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