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UNA NUEVA HUELGUITA GENERAL (NOVIEMBRE 2.012).

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 TAGS:undefinedEsto no es lo que era hace algunos meses. Ni la Revolución es inminente ni, muchísimo menos, se están dando los pasos necesarios para una transformación radical de la situación. La protesta no sólo ha perdido la frescura de esa inmediatez espontánea nacida el 15-M sino que, al día de hoy, se encuentra fragmentada, desorganizada y confusa. Se puede afirmar que ahora–finales estertores de este miserable año de 2.012- las fuerzas revolucionarias se han debilitado mientras que la reacción monárquica –Casa Real, Gobierno, instituciones y Bancos- ha aguantado el golpe, se ha recuperado y resiste el vendaval sólidamente. Desde luego no están pensando en irse. Y tampoco estamos al borde de un derrocamiento popular de esta nomenklatura.

Muchos de nosotros tenemos la impresión de que estas iniciativas -siempre alternativas- de lucha se han institucionalizado, y que el Sistema -siempre nos acabamos dando de bruces con ese siniestro concepto- ha encontrado la manera de encarrilar, de una manera u otra, nuestras distintas formas de protesta. Soñábamos con primaveras luminosas de alegría popular y claveles y nos estamos encontrando –en cambio- además de con un muro azul de antidisturbios –nunca los menos han debido tanto a tan pocos- con una realidad gris de tristeza ante la desaparición de un pueblo, de resignación ante la tiranía, de impotencia ante el desempleo y ante la pérdida de nuestros derechos y de fatalidad ante nuestra total ausencia de futuro individual o colectivo. Un pueblo que no sabe qué hacer para organizarse y luchar y que, aunque no ha cerrado los ojos ante la necesidad de un combate nacional de liberación, no ha encontrado la fórmula eficaz para llevarlo a efecto.

La situación ha cambíado en estos meses. Se ha enfríado. Cada mes que pasan aferrados a sus poltronas es un mes que ganan sin ser derribados. El tiempo juega a su favor y, correlativa y lógicamente, en contra nuestra. Centenares de protestas fragmentadas se producen diariamente en España, pero se está perdiendo la oportunidad de integrar un gran movimiento social de presión que –de manera constante y sistemática- pueda sostener una lucha nacional por la República, por un nuevo modelo económico, y por una profundización en el contenido de nuestros derechos democráticos.

Esto no es lo que era hace unos meses. Se ha perdido el impulso necesario para el cambio. Ahora se nos convoca a una Huelga General para el día 14 de Noviembre. Otra huelguita general convocada –precisamente- por aquellos Sindicatos que también son responsables de la situación. Tanto como pueda serlo el mismo Rey de España. Comisiones Obreras y UGT y demás. Extensiones cuasifuncionariales de un sistema económico no sólo del que se mantienen sino que –de forma decisiva y firme- han apuntalado y sostenido. Pastores que nos llaman ahora a protestar contra el dueño del rebaño.

Moralmente, no podemos hacer otra que cosa apoyar la protesta. Nuestro derecho a la resistencia y a manifestar –cada vez que alguien nos brinde una oportunidad para ello- nuestro frontal rechazo a este modelo injusto, inmoral e insolidario. Vamos otra vez a la Huelga General el día 14. Otra vez, y ya estamos perdiendo la cuenta de cuántas llevamos en estos tiempos duros. Pero este no es el camino. Se trata de una vía blanda y profundamente equivocada. Sin embargo, respaldaré esta acción. Pienso que, como falangista, es una obligación moral estar al lado de estos gestos. Apoyando la Huelga General estamos en el lado correcto: en el lado de los que sufren el desempleo y los abusos bancarios. En el lado de los débiles y de los que no tienen esperanza. De los nuestros: las infinitas víctimas de este engaño. Aunque pensemos –por desgracia- que así se les ayuda muy poco.

Esta no es la forma y ellos lo saben. Esta no es la manera aunque a los sindicatos mayoritarios –a la larga- les da igual. Al chiringuito que nos gobierna le es indiferente otra huelguecita general de fecha y hora prefijada. Ha dejado de procuparles esto también. Nuestro establishment aguanta el tirón, recompone la figura, asume las pérdidas y pone a la gente a funcionar al otro día como si tal cosa. Otra pachanguita organizada por el sector contestatario –amablemente disidente- del tinglado de Su Majestad.

No hace falta haber leído a Sorel –aunque ayuda- para saber que, en estos momentos de emergencia, tan sólo podría ser efectiva una huelga general revolucionaria e indefinida. Prolongada todo lo posible, los sindicatos mayoritarios podrían entorpecer la producción y dificultar las comunicaciones durante un largo período de tiempo. Decretar el inicio –pero no el final- de un pulso prolongado a las instituciones, presionando sobre los mismos resortes sobre los que está basado nuestro modelo económico. Desestabilizar el Sistema poniendo en la calle a los sectores más desfavorecidos y afectados por la recesión, y pugnar de manera eficaz por un cambio de régimen político. Ese sería el único modo viable de luchar. Podría ser la chispa que prendiera la mecha de la insurrección republicana. Esas huelgas políticas de las que tanto abomina el régimen burgués. Una gran huelga política que desencadenara circunstancias sociales de imprevisibles consecuencias. No tienen narices para eso.

Estos sindicatos no lo van a hacer. Forman también parte de este siniestro entramado de intereses –subvenciones, ayudas y sueldos- y se limitarán a un simbólico paro que, en definitiva, quedará en un gesto. Un simple gesto de solidaridad y de rechazo no sólo a las últimas medidas económicas adoptadas por el Gobierno de Rajoy, sino también a las estructuras políticas que nos han llevado al desastre. Esta Huelga General es, por tanto, insuficiente, ineficaz, cicatera y falaz. No tiende a arreglar nada ni a luchar –sinceramente- por una transformación efectiva de la sociedad española. Un dato positivo es que afecte, a la vez, a varios países europeos. Un extraño ejemplo de coordinación en los tiempos que corren.

Mientras tanto, sigue corriendo el tiempo. Un amplio espacio de profundo descontento que, al día de hoy, nadie sabe cómo recorrer. Como consuelo, y mientras se avecina la negra tormenta que ha de agitar el aire, siempre nos quedará una manida –pero sincera y eficaz- consigna revolucionaria: Organízate, lucha y no te calles.

Y a una nueva huelguita general el día 14 de Noviembre.

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