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LA OTRA MEMORIA HISTÓRICA (AGOSTO 2.006).

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 TAGS:undefinedAnda el patio revuelto este año con la dichosa palabreja. Memoria Histórica. Concepto éste que, como suele ser habitual en la España zetapera, no significa -en sí mismo- nada de nada. Buñuelo de viento que, bajo un nombre falsamente evocador de una pretendida edad de oro republicana, no esconde nada más que un -casi indisimulado- afán de revanchismo cutre y falsario.

Las heridas de la Historia suelen cerrarse solas. Las sociedades -castigadas en algún momento por la desgracia de una Guerra Civil- forjan sus reconciliaciones en el crisol de la convivencia. Algunas heridas sociales tan sólo se cierran a través de los usos diarios y cotidianos de una convivencia pacífica: exclusivamente por medio del transcurso cotidiano de una tolerancia ordenada y consciente. No creo, sinceramente, que la reconciliación nacional pudiera haberse hecho alguna vez a golpe de decreto. Esas cuestiones son demasiado serias como para consumarse a través de una iniciativa legal oportunista. Al menos, hasta la llegada de Zapatero al Poder... Los socialistas han hecho algo muy simple: reducir la Historia a un simple relato de buenos y malos. De demócratas contra enemigos de la Libertad.

No me gustan las visiones maniqueas de la vida. Y mucho menos de la Historia. Y mucho menos -añado- de la Historia Española. Las circunstancias que nos han forjado como pueblo, así como las personalidades que han intervenido en la formación de nuestra conciencia nacional, son tan ricas, múltiples y variadas que, precisamente, es esta circunstancia variopinta la que nos hace grandes. La que nos hace interesantes como pueblo dotado de personalidad propia: cultura nacional independiente y separada.

De pronto, y por arte de birlibirloque socialista, todo un siniestro episodio de la Historia Española -todo un concierto de irrepetible horror- se ilumina y dignifica a nuestros ojos. Zetapé nos enseña, por si no lo sabíamos, que en esta triste etapa de la vida española existen buenos y malos. Hombres buenos y justos que sólo querían la cultura de la paz dentro de los valores democráticos. Frente a ellos, hombres intrínsecamente malvados que, en minoría, impusieron a la Sociedad española un reinado de miseria y terror. Y ante esta visión unilateral y profundamente inculta de nuestra Historia más reciente, nos rebelamos los falangistas.

Y nos rebelamos igual que nuestros antecesores se rebelaron contra el insostenible Gobierno de Frente Popular; contra una situación de injusticia social, de muerte, de caos, de miseria sectaria y asesina, de estrangulamiento de las libertades españolas, de -puro y simple- stalinismo. Muchas veces nos hemos preguntado -en interminables debates posteriores- si pudimos haber hecho otra cosa. Si entre el rojo y negro no cometimos un error apostando, precisamente, al negro.

Y, a la vista de la nueva Ley, todos estos debates, todas estas polémicas acerca de la participación falangista en el Alzamiento del 18 de Julio, se me antojan estériles y vacías de contenido. Inútiles. Porque, de golpe y porrazo, el socialismo nos ha hecho a todos malos a golpe de decreto. Miles y miles de anhelos, de esperanzas, de esfuerzos y trabajos dedicados a una determinada idea de España, a un proyecto definido de convivencia, son arrastrados por el fango de la miseria histórica. Una triste pasadita por el tamiz de una peculiar interpretación historiográfica. Buenos y malos en una película española de bajo presupuesto.

Quiero creer que la intervención falangista en la elaboración de este Anteproyecto legislativo ha contribuído a suavizarlo. La verdad es que el texto no tiene nada que ver con el que iba a ser aprobado el año pasado. Se produce la importante novedad, respecto a la anterior idea legislativa, de reconocer el carácter de víctima de la Guerra Civil a los muertos y represaliados del Bando Nacional. Y cuando algo tan evidente como eso es considerado como un triunfo, es que algo va mal en nuestro mundo. Cuando se ha tenido que luchar por algo tan obvio como ese reconocimiento esencial, es que los niveles de ruindad, mezquindad y sectarismo manifestados por un sector social frente a otro han alcanzado tal nivel que, sin duda, ello exige organización y respuesta.

Por esta razón, varios grupos, colectivos y formaciones políticas hemos constituído una denominada COORDINADORA POR LA VERDAD HISTÓRICA, al objeto de luchar unidos por algo tan simple como la dignidad de nuestros Muertos. De nuestra propia Memoria Histórica. De la otra Memoria. La memoria de aquellos hombres libres y honrados que, con un arma en la mano, se enfrentaron con valentía y honestidad a un poder arbitrario y cruel. A la tiranía que -por medio de una simple ley- se convierte ahora en un Gobierno justo y democrático.

Se ataca nuestros símbolos. No se respetan nuestras íntimas parcelas de recuerdo y culto a nuestros Muertos. Se llega a decir -por parte de una Señora Vicepresidenta- que seremos detenidos si llegamos a cantar el Cara al Sol después de nuestra Misa de 20 de Noviembre. Ignorando -sin duda de forma consciente- que el falangismo es una opción política legal, que realiza actuaciones públicas igualmente legítimas y que merece el mismo respeto que cualquier otra opción que pulule por nuestra vieja piel de toro. Así de simple... ¿o es que el próximo paso es ilegalizarnos? Recordad que la bucólica República ya lo hizo (a pesar de la Sentencia en contra del Tribunal Supremo: Estado de Derecho al cubo). Ese sí que sería un hermoso recuerdo para los brigadistas internacionales: se ilegaliza a los falangistas y se legaliza a los terroristas abertzales. Y todo en el mismo paquete y en el mismo día.

¿Y la oposición popular? ¿Y el PP? Al parecer, atacando a esta Ley por razones de simple oportunidad política, pero no por razones de fondo. Genial. No hay nada como sentirse defendidos por la muy leal oposición...

A través de esta Coordinadora vamos a defender la íntima realidad de nuestra pequeña y gran Historia. Porque va siendo hora de abandonar complejos y afirmaciones tibias. De manifestar, con firmeza y veracidad, que nuestros ancestros eran perseguidos, masacrados, torturados, asesinados por un poder político despótico. Profundamente antidemocrático. Criminalmente responsable. Frente a aquella realidad española, un conjunto de fuerzas políticas distintas, y bien diferenciadas, se agruparon en la resistencia. Los falangistas -o al menos un sector de ellos- nos sumamos ahora a esta lucha compleja. Compleja por varíada y plural, ya que fueron múltiples las fuerzas enfrentadas a la Tiranía: y es esta variedad, precisamente, la que requiere un esfuerzo unitario. Una pugna común dentro de la enorme diversidad de fuerzas que forman esta Coordinadora. Sumar la iniciativa azul al resto de las iniciativas.

Bienvenida, por tanto, a esta Coordinadora por la Verdad Histórica. Experimento novedoso de fuerzas -muchas veces contrapuestas y siempre distintas- en aras de un objetivo común de lucha y reconocimiento. La ocasión lo merece. Por nuestros Muertos. Por los suyos. Por los de todos. Y por la Verdadera Reconciliación.

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