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SOBRE PADRES, BUENOS MODALES Y OTROS USOS DE CONDUCTA ORDENADA (MAYO 2.014).

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 TAGS:undefinedLa extrema izquierda nos ha puesto de moda. La Bandera Negra está de moda por obra y gracia de este peculiar sector político. Una ultraizquierda marginal, y marginada, que se caracteriza no sólo por una violencia extrema en sus actuaciones públicas, sino por un más que marcado semianalfabetismo político. Dicen cosas muy raras –ahora están intentando cargarnos el mochuelo de su propio vandalismo durante el 22-M- y sus análisis políticos son extremadamente lineales y escandalosamente toscos. Por eso mismo, tienen gracia. Porque cuando la izquierdona se pone seria, y sus voceros aventuran teorías sobre nuestros –según ellos- verdaderos fines políticos o sobre –según estos mismos intelectuales- nuestra verdadera ideología, no puedes evitar reirte. Sobre todo cuando renuncias a analizar seriamente lo que dicen y te dejas llevar por el buen humor y por el sano cachondeo.

Sin embargo, la extrema derecha no tiene esta misma gracia. Porque, aunque un sector del ultraderechismo coincida con sus primos de izquierda en predicar la violencia irracional, aquí -en España- las tesis de la extrema derecha suelen venir cubiertas bajo un pesadísimo barniz de seriedad y de falsa cultura. En este país antiguo y sabio, estos no sólo pretenden abrirte directamente la cabeza, sino que también aspiran a castigártela –cursis modales de meñique levantado y mano blanda- con interminables disertaciones sobre la misa en latín, el olor a azufre que flota sobre el Concilio Vaticano II, la intrínseca maldad de la modernidad, la vileza del divorcio, la validez de la organización territorial borbónica, la perversidad catalana y las siempre malas intenciones del socialismo. Un pastiche infumable sin nada que ofrecer. Por eso, no es extraño que me aburra muchísimo Intereconomía. La Cadena que tanto gusta a nuestro celtibérico facherío.

No suelo ver Intereconomía ni he seguido de cerca la carrera de Eduardo García Serrano. Lo principal que conozco de su trayectoria es que, muchas veces y desde este sector ultramontano, se nos le ha querido hacer pasar por alguien digno de confianza. A los ultras les gusta mucho. He llegado a escuchar de él –dicho ello seria y razonadamente- hasta que era un buen falangista. La caverna y sus afirmaciones insólitas.

Hace unos días, tuve que ver El Gato al Agua porque iban a entrevistar a Ricardo Saénz de Ynestrillas sobre La Bandera Negra. Lo que pude escuchar entonces de Eduardo García Serrano fue todo menos elegante. Aunque buscar la elegancia en ciertos ambientes políticos o periodísticos –muy a menudo son lo mismo- sea en España tan difícil como encontrar un puesto de trabajo estable y digno.

Se escandalizaba el contertulio que Ricardo Saénz de Ynestrillas participase en un acto de homenaje a Seán South –militante de Ejército Republicano Irlandés muerto en combate el 1 de Enero de 1.957- cuando su padre había sido asesinado por ETA durante la Transición. Algunas personas plantean cuestiones como esta de forma circunspecta y responsable, y yo en absoluto dudo que –aunque denoten una total ignorancia sobre lo que estamos defendiendo- crean sinceramente en la solidez de su argumento. No sé si este es el caso. Lo que sí que sé es que no deja de tener su gracia –una gracia sórdida e inadecuada- que Eduardo García Serrano saque a relucir la memoria de un padre asesinado para contradecir posiciones políticas ajenas. Porque, puestos a hablar inconvenientemente de contradicciones políticas y de padres, o de ambas cosas a la vez, este reputado contertulio tendría muchas cosas que contarnos. Porque todos tenemos padres y porque todos sabemos ser inelegantes cuando toca. La derechona y su inveterada mala educación que, una vez más, ignora una de las más elementales reglas del parvulario. La de que a los padres no se les toca.

Contradicciones. Nosotros podríamos preguntarle, por ejemplo, cómo es posible que un escritor de la talla de Rafael García Serrano –de cuya pluma han salido las páginas más hermosas y mejor escritas desde el nacionalsindicalismo y sobre el nacionalsindicalismo- pudiera proclamarse diariamente falangista mientras que –también de manera constante y cotidiana- sirviera de irredento apologeta de un Dictador y de una Dictadura. Yo tuve el honor de escuchar cómo se lo preguntaban personalmente y en varias ocasiones. Y, aunque el tiempo transcurrido nos haya dado una mayor o menor cultura y unas mayores o menores entendederas, yo –cosas de mi ignorancia y de mi torpeza- sigo sin entenderlo. O lo entiendo –lo que es peor y más doloroso- demasiado bien. Rafael escribía de una forma tan maravillosa que, a la larga, carecen de importancia estas cosas: cosas de la vida que, a cada uno, le toca vivir. Pero también nosotros, con la misma sagacidad informativa de la que ha hecho gala su hijo, y puestos a vincular actuaciones paternas con las propias, podríamos interesarnos qué es lo que hubiera opinado el gran R.G.S. sobre Intereconomía, sobre su línea editorial, sobre el tono habitual de sus tertulias televisivas y sobre tener a un hijo ganándose el pan cotidiano en medio de esas compañías. Mezclar a los padres y a sus vivencias propias con las vivencias propias de los hijos. Caca, en definitiva.

Porque lo que yo nunca hubiera hecho es preguntárselo a su hijo. Imagino que se trata de una simple cuestión de elegancia. Nos movemos en ambientes políticos caracterizados por repulsivos hábitos de comportamiento. Ricardo Saénz de Ynestrillas, por desgracia, está acostumbrado a que –día sí y día también- le mienten al padre para rebatir cualquiera de sus propias opiniones. Otro más de los precios –asqueroso peaje- que en España se tienen que pagar si te atreves a manifestar públicamente tus puntos de vista.

Lecciones de democracia y de tolerancia civil impartidas por Eduardo García Serrano. El contertulio condenado por haber llamado en directo a Marina Geli, Consejera de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, “guarra, puerca y zorra”. Me cuesta dar la razón a todos aquellos que, llamándome abiertamente marujo porque me gusta Sálvame, propugnan la formación de una opinión pública democrática y responsable a través de formatos televisivos tales como el de El Gato al Agua. A veces, el sello peculiar que imprimen algunos de estos programas al debate político no está tan alejado de Sálvame como pudiera parecer. A lo mejor, hasta acabamos aproximando posiciones. Debe ser porque soy un clásico pero, puestos a elegir entre ambas posibilidades de telebasura, yo me sigo quedando con la de siempre, con la que no tiene pretensiones. A mí modo de ver, siempre serán más divertidos los desastres amorosos de Oriana -o los deslices de Aguasantas- que los apocalípticos discursos de los gurús informativos que nos ofenden desde sus inamovibles poltronas. Al menos, Oriana y Aguasantas no te obligan a meterte en el lodo.

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