Avisar de contenido inadecuado

PADRINO BÚFALO (NOVIEMBRE 2.009).

{
}

 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 198 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se nos ha ido alguien de la familia. De la familia de todos y cada uno de nosotros. Se nos ha ido uno de los personajes contemporáneos más grandes que hemos tenido la suerte de conocer. Alguien que, de forma irreversible, forma parte de la particular memoria que -histórica o no- nos acompaña siempre en nuestra trayectoria vital. Y cuando alguien es capaz de suscitar todo eso, es que se trata de alguien GRANDE. Con todas las letras y en mayúscula. Como muchos de vosotros ya habréis averiguado, estoy hablando de José Luis López Vázquez. Lo bueno de los buenos actores es que nunca se van. Seguimos disfrutando constantemente de ellos a través de sus películas. Los actores no mueren. Viven eternamente a través de los personajes que encarnaron. En esta frase -muchas veces hecha- reside la grandeza del Cine... y lo que separa nítidamente una buena interpretación de una mala. Porque las malas se marchan con el viento, mientras que las buenas permanecen siempre con nosotros.

Si el Cine está hecho del material del que están hechos los sueños, eso no es exactamente así en el caso de José Luis López Vázquez. España es diferente. Los héroes que nos gustan son -casi siempre- antihéroes cotidianos y magníficos de andar por casa. López Vázquez no representaba sueños inalcanzables. Su grandeza estaba -precisamente- en lo contrario. En exteriorizar -en todos y cada uno de sus trabajos- la grandeza del hombre corriente. De nuestro amigo, de nuestro vecino o de nuestro compañero de trabajo. Esto no es Hollywood, y así lo entendías viendo cualquiera de sus películas. Lo mismo si estaba persiguiendo a una mujer de bandera -en ese estilo de ansioso perseguidor ibérico inigualado todavía- que si estaba vistiéndose de ella en Mi Querida Señorita. Sus interpretaciones llevaban el sello de lo cotidiano. Hacían creíbles para el Cine, y de manera magistral, aquellos personajes próximos que nos tocaban muy de cerca: aquellos que podían hacernos reír o llorar con historias sencillas y cercanas.

A veces damos por hecho cosas que, una vez analizadas, son impresionantes. Absolutamente increíbles. Con ocasión de la muerte de José Luis López Vázquez, se han editado profusamente relaciones de sus películas. Su filmografía. Y así hemos podido leer una verdadera sucesión de obras maestras difícilmente equiparable en otros casos. Es impresionante leer como -a veces en un mismo año o con una diferencia de tan sólo uno o dos- van añadiéndose a la lista títulos míticos del Cine Español. No sólo por su evidente valor cinematográfico, sino por su indudable aceptación por el gran público... Plácido, el Verdugo, los Jueves Milagro, El Cochecito, La Gran Familia, La Familia y Uno Más, Atraco a las Tres, El Bosque del Lobo, La Prima Angélica... y eso sin citar sus eminentes trabajos en el Teatro. De repente, alguien querido -y popularísimo- muere. Y es entonces cuando nos fijamos detenidamente en su grandeza. En la relación inigualable -y maravillosa- de trabajos realizados a lo largo de una vida ejemplar. En esta España de la golfería institucionalizada y de los grandes escándalos finaciero-políticos, todavía somos capaces de ofrecer -como ejemplo próximo y edificante- trayectorias vitales tan interesantes, provechosas y creativas como la del genial José Luis López Vázquez.

Siempre le recordaremos en La Gran Familia -imágenes de nuestra pequeña historia... de la pequeña historia de un país que luchaba por salir adelante tras siglos de atraso económico- o en Atraco a las Tres -Fermando Galindo un siervo, un esclavo... en una gran metáfora de Forqué sobre la inhumanidad de las relaciones personales, profesionales y económicas surgidas dentro del sistema bancario- o la Trilogía magistral de Patrimonio Nacional, haciendo de hijo tonto y salidete del Marqués de Leguineche... papeles que no sólo van a acompañarnos a nosotros el resto de nuestras vidas sino que -sin duda- acompañarán a nuestros descendientes como pruebas evidentes de una etapa de oro del Cine Español. Grandes películas basadas en brillantísimos guiones y en el oficio magistral de un puñado excepcional de actores. La excelencia a través de un aprovechamiento ad limitum de recursos escasos. Un retrato de un país y de una época.

Está próxima la Navidad y, un año más, Chencho se volverá a perder de la mano de Pepe Isbert, y el padrino -el nuestro y no el de Coppola, porque esa es otra historia- nos volverá a traer turrón y pasteles, y volverá a ser atado en el recibidor de casa por una panda irreductible de hermanos vestidos de indios. Padrino Búfalo. José Luis López Vázquez siempre en nuestro recuerdo. El adiós de un GRANDE. Con todas las letras y en mayúscula.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.