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UN PASEO POR PATONES DE ARRIBA. MI COLUMNA EN "SIERRA NORTE DIGITAL" (AGOSTO 2.013).

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 TAGS:undefinedHe descubierto Patones de Arriba. Un pequeño pueblo que se extiende –entre montañas- a unos sesenta kilómetros de Madrid siguiendo por la A-1. Las maravillosas sorpresas que nos ofrece la Sierra Norte siempre que –con tiempo de sobra y con curiosidad- estemos interesados en dejarnos sorprender. Eso me ha pasado con Patones de Arriba. Un pequeñísimo pueblo de casas de pizarra y madera, calles empinadas, parras y hiedra, restaurantes y hosterías, flores y árboles. Un lugar donde el tiempo pasa muy despacio, y donde se puede pasear tranquilamente y sin ninguna prisa. Ese arte perdido de los paseos en soledad. Pocas cosas existen tan especiales, profundas e íntimas como un paseo en soledad por algún lugar único.

No conocía yo el arte del paseo en soledad. Lo he ido descubriendo a la luz de esas cosas que le pasan a uno. No he dejado de pasear solo durante todos estos últimos años. Un buen día te sorprendes a ti mismo haciéndolo, sin saber bien la razón concreta que te ha llevado a esa costumbre. Lo que ocurre es que, de repente y sin que lo hayas planeado en absoluto, tu vida se ha convertido en una sucesión de mudanzas, solitarias caminatas, trabajo interminable, mensajes no contestados y dolores de muy distinta naturaleza. El caso es andar, como decía Cecilia. Circunloquios y reflexiones que te llevan a intentar explicar lo que pasó, a comprender las vueltas del camino y a intentar perdonar y perdonarte. La vida y sus cosas.

El azar de esta misma vida me hace reflexionar mientras paseo por el recién descubierto Patones de Arriba. Pensando en un proceso constituyente que, abierto y cerrado de manera defectuosa y apresurada, deshizo –sin demasiados miramientos- la identidad cultural castellana. Reflexionando sobre un régimen político que, nacido de la Constitución de 1.978, fragmentó el territorio castellano y nos privó de la posibilidad de ser un pueblo integrado y unido. Aunque esa adversidad nos llegó antes: en 1.521 tras la derrota de Villalar o –que todo puede ser- a raíz de la instauración de los Borbones centralistas. Cavilando en el disparate que supone que este pueblecito castellano -de casas de pizarra- pertenezca a ese engrendro administrativo llamado Comunidad de Madrid. Asombrado ante el monumental derroche que suponen cinco administraciones autonómicas sobre el atomizado territorio castellano. Recordando aquellos concejos abiertos como germen, y antecedente histórico, de formas autogestionarias de participación democrática. Analizando las maneras en las que podríamos reconstruir Castilla desde abajo –partiendo de sus merindades- en un solo pueblo libre y soberano. Una federación de municipios libres -de la que tanto hemos hablado y teorizado- dentro de una Castilla unida en una República Federal.

A la sombra de estas calles estrechas, uno no puede menos que pensar en la forma de vida de nuestros antepasados. Los hornos en cada casa para cocer el propio pan, los huertos, la ganadería y esos largos inviernos de aislamiento y autosuficiencia. Una economía austera tendente a garantizar los elementos esenciales para la supervivencia. Y eso ahora –cuando nos han desmontado del sueño de ser los nuevos ricos de Europa- tiene su importancia. Se puede vivir con mucho menos, se pueden establecer unas más auténticas preferencias en las cosas que –de verdad- necesitamos en nuestro día a día. Se puede gastar menos y también se puede gastar en otras cosas. Se puede volver a la pobreza, entendida no como un retroceso que nos conduce a la miseria –justo en eso estamos ahora- sino como una manera de desprendernos de lo supérfluo; de aquellas cosas innecesarias sin las que se puede vivir. Porque, tal vez, las políticas económicas adecuadas no fueran más que las tendentes a garantizarnos el disfrute de estos elementos esenciales. Un poder público ocupado en defender –por todo y frente a todos- aquellos derechos esenciales que nos permitan vivir con dignidad: vivienda, educación, sanidad y seguridad, por ejemplo. Y unos españoles dueños de su propio trabajo y responsables de su propio destino. La Revolución como un gran proceso histórico de reasignación de los recursos disponibles y de apertura de nuevos espacios de gestión y decisión democrática.

Mi paseo por Patones de Arriba me traslada a formas de vida más sencillas y a la tranquilidad infinita de sus calles. No os lo perdáis.

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