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PERSECUCIÓN RELIGIOSA Y SIGLO XXI (ABRIL 2.009).

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 TAGS:undefinedPublicado en el Núm. 169 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense.

Vosotros no conoceréis a JORGE GARRIDO SAN ROMÁN. Ni falta que os hace, por supuesto. Y es que Jorge Garrido es el Vicesecretario General de Falange Española de las JONS... ¿impresionante verdad? El caso es que la figura política de JORGE GARRIDO SAN ROMÁN -un peculiarísimo personaje de nuestro también peculiar mundillo azul- es ahora objeto de discusión -a veces virulenta- al haberse abierto el proceso de sucesión -de recambio- en la cúpula dirigente de aquel partido político. Sometida a revisión toda su trayectoria política durante los últimos años, Jorge Garrido San Román se ha sentido injustamente atacado nada más y nada menos -pasmaos- que por sus íntimas convicciones religiosas. En esta España nuestra del Siglo XXI no deja de ser enternecedor que alguien se proclame perseguido por razón de su Fe, y manifieste que -dejando en un segundo plano el debate político o el análisis de su gestión- todo se reduzca a un ataque personal basado en sus creencias religiosas. Olvidaba señalaros que este tal Jorge Garrido es seguidor de la corriente eclesial representada por las tesis de MONSEÑOR LEFEBVRE y que, en estricta lógica, existen muchos falangistas que no se sienten cómodos con esta atípica circunstancia. El debate de fondo no es otro que la más que presumible contradicción existente entre la opción personal e íntima de apoyar una tendencia ultraconservadora dentro de la Iglesia y -al mismo tiempo- encabezar de forma pública una opción política radical e irremisiblemente revolucionaria.

Habréis adivinado que no es más que una cortina de humo. Porque aunque las familias del nacionalsindicalismo padezcan una endémica aversión hacia los modernos usos de la crítica pública a la gestión de los equipos dirigentes -aversión que poco a poco va perdiendo terreno gracias a la implacable acción de nuestra concienciada militancia de base y gracias, también, a la utilización de estos usos de salud democrática por la práctica mayoría de nuestros responsables- lo cierto es que nosotros tampoco nos salvamos de las acostumbradas trapacerías de los políticos al uso en momentos de especial tensión dentro de los partidos. La antiquísima táctica de hablar de otra cosa para no hablar de otras. Cortina de Humo también en nuestro caso...

Sin embargo, y dejando al margen ya al bueno de Garrido y -con él- a Monseñor Lefebvre y a la Misa Tridentina, resulta indiscutible la existencia de una auténtica persecución religiosa en muchas zonas de nuestro Planeta. Y, curiosamente, esta persecución religiosa -esta vez de verdad- es sufrida por los cristianos de forma mayoritariamente abrumadora. Y muchas veces mucho más cerca de que pensamos.

Así -y aquí al ladito- el Gobierno de Marruecos ha expulsado a cuatro misioneros evangélicos españoles por haber llevado a cabo acciones de proselitismo. Esto -ya de por sí curioso- resulta todavía más chocante si lo ponemos en relación con el trato exquisito que, en relación a las creencias religiosas musulmanas, es dispensado por el conjunto de los Estados Occidentales hacia las personas que residen dentro de sus fronteras. No deja de llamar la atención la diferencia en el trato dado por unos Estados y por otros. Mientras que España permite la libre edificación de mezquitas construidas con capital saudí y marroquí, nuestro amigo y aliado marroquí -cuyo Rey Absoluto llama primo a Juan Carlos I- expulsa a cuatro modestos predicadores evangélicos. Y no sólo los expulsa, sino que la Policía del primo regio les detiene previamente y les encauta su pertinente material de propaganda religiosa, libros, cintas de vídeo y demás. Ya sabéis, el Mundo Musulmán y su particular concepto sobre la libertad religiosa y sobre la reciprocidad entre Estados amigos.

No deja de ser preocupante que el observador permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas en Ginebra -Silvano Tomasi- haya señalado que “la comunidad cristiana es la más discriminada del mundo”. Manifestó esto un día después que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobara una resolución contra la discriminación y difamación religiosa, la cual había sido propuesta por Pakistán en nombre de la llamada Conferencia Islámica. Nos cuenta la prensa que, en su texto, se expresaba una “profunda preocupación” por las burlas contra las religiones, si bien se nombraba exclusivamente al Islam. Explica el observador Tomasi que “se habla de más de 200 millones de cristianos, de una confesión u otra, que se encuentran en situaciones de dificultad porque existen estructuras legales o culturas públicas que llevan a una cierta discriminación en su contra”. Dice Tomasi que esta clase de resoluciones puede colaborar -al ser consideradas como difamaciones meras expresiones religiosas- a la persecución contra el cristianismo en muchas partes del mundo. Y es que el problema empieza a ser lo suficientemente preocupante como para ser tenido en cuenta. Políticas oficiales -generalmente en países musulmanes- tendentes a discriminar las creencias religiosas cristianas, y siempre por medio de su propia legislación o de sus propias campañas institucionales. Este problema sí que es grave y muy digno de tener en cuenta, sobre todo a la hora de analizar la absoluta permisividad occidental -culturalmente lógica- frente al hecho religioso y su correlativa falta de correspondencia en otros ámbitos culturales. Otro conflicto en ciernes y un problema cada mayor.

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