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CON PERSONAS QUE SE MIRAN A LOS OJOS (JULIO 2.013).

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 TAGS:undefinedNecesitamos personas de carne y hueso. Necesitamos personas con nombre y apellidos, y que tengan amigos y familia, y que rían y que lloren, y que tomen café y que se miren a los ojos mientras hablan. No necesitamos más me gusta de facebook ni más solidaridad en twitter. Necesitamos personas comprometidas con unos principios esenciales y con un proyecto nacional. Necesitamos personas que militen –cada una con arreglo a sus propias circunstancias personales- en una organización pequeña y ágil. Necesitamos personas que vengan a reforzar nuestras iniciativas políticas. Porque vamos a seguir izando la bandera y toda ayuda es poca para seguir haciéndolo. Bajo los pliegues de la bandera negra del inconformismo rebelde, no es necesario un gran número de militantes ni una gran disponibilidad de medios económicos. Porque pocos –pero unidos y con las ideas claras- podemos hacer mucho.

Hace ya algunos meses, os rogué que no os desperdigárais, y que no perdiérais el contacto los unos con los otros. Mi llamamiento se juntaba así al de otros muchos columnistas de nuestro entorno político que, ante la desesperada situación española, reclamaban una mayor participación ciudadana en defensa de nuestro proyecto revolucionario. La respuesta de algunos de mis lectores fue muy positiva: nunca han dejado de hacer lo que pueden y han seguido en contacto con aquellas personas que tienen más cerca. Pero necesitamos más.

No es necesario que os diga que la situación española es muy grave, porque lo sabéis. Hay que hacer algo. Algo más que quejarnos en las redes sociales o en la intimidad de nuestra casa. Para eso, hace falta que –los que no lo habéis dado todavía- déis un paso al frente y participéis activamente en la construcción de nuestra alternativa política. Todos podemos ser útiles en una cosa u otra, y nadie os pide un imposible. Cada uno de nosotros puede delimitar, conforme a sus propias exigencias, el tiempo que puede emplear, el dinero que puede aportar o la actividad concreta que es capaz de desarrollar para el proyecto. Lo esencial es encuadrar estos esfuerzos dispersos, coordinar el trabajo y saber –sencillamente- que se cuenta con vosotros para planificar las actuaciones que fueran necesarias. Compromiso –ni más ni menos- con una organización y con unos planes de actuación decididos entre todos sus miembros.

Muy concretamente, yo me dirigía a las personas que habían apoyado en el pasado los trabajos de la extinta Mesa Nacional por la Revolución. Personas que –cansadas de la incompetencia, de la inoperatividad y de los modos de nuestros sectores integristas y ultras- habían buscado nuevas fórmulas de actuación política y una renovación de nuestro mensaje. Sin embargo –y pasado el tiempo- extiendo el llamamiento a todas aquellas personas que sientan la necesidad de unirse –sin más símbolos excluyentes y sin férreas adscripciones ideológicas- bajo nuestros tres puntos esenciales e irrenunciables: traer la República, desmontar este modelo económico injusto, e implantar formas directas de representación y participación política. Los tres pilares esenciales de nuestra acción política. República. Autogestión. Democracia.

Os llamo no sólo a participar en una idea ya comenzada por una pequeña y eficaz banda de hermanos. Os llamo también para que, a través de este trabajo político, podamos coordinarnos eficazmente con otros colectivos o movimientos sociales con los que –estén ya formados o que vayan a constituirse en el futuro- podamos encontrar coincidencia de objetivos y afinidad ideológica.

Después de un corto período de equilibrio inestable –en el que el Gobierno parecía haber frenado y canalizado la protesta social- el panorama político español vuelve a animarse. De un lado, a través de la cada vez más extendida, y fundamentada, opinión sobre la absoluta falsedad de los datos económicos barajados por el Gobierno: ni la recesión ha terminado ni va a existir una pronta recuperación en los niveles de empleo. Un endeudamiento imparable y la destrucción irreversible de los dos sectores que –tradicionalmente- habían fomentado el empleo en España: la construcción y el sector público. De otro lado, el Caso Bárcenas ha puesto de relieve no sólo el entramado económico-delictivo del partido en el Gobierno y sus particulares formas de retribución y obtención de fondos, sino la insuficiencia que –de cara a nuestra representación política y a nuestra participación en la vida pública- tiene el modelo actual de partidos políticos, listas cerradas y representación democrática.

Estos factores provocan una agudización de la tensión política, y un apremio en la necesidad que nuestra óptica revolucionaria pueda estar presente en aquellos acontecimientos que –tal vez y a raíz de la gravedad de esta situación económica y social- fueran a precipitarse a medio plazo. En cada uno de nosotros, se desarrolla un dilema que -en definitiva- se reduce a una cuestión tan antigua como la propia condición humana. El dilema que consiste en optar por participar -poco o mucho- en la construcción de un nuevo sistema político o -por el contrario- en no hacer nada y limitarse a observar los acontecimientos desde fuera. Los que hace muchos -muchísimos- años optamos por la participación, necesitamos el apoyo de los que todavía no lo han hecho. Hoy más que nunca y de manera urgente y apremiante.

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