Avisar de contenido inadecuado

LAS RAZONES DE MIS HERMANOS (28/III/12).

{
}

 TAGS:undefinedEn todo momento, la Mesa Nacional por la Revolución ha sido un asunto entre amigos. Un asunto que –a partir de hoy- podemos considerar finiquitado. Las razones que han determinado el fin de este proyecto han sido varias. Ya las analizaremos adecuadamente y con la debida perspectiva. Sacando conclusiones. Tensiones internas y externas, financiación, falta de tiempo y compromiso... De todas formas, constante aviso a navegantes, unidos entramos en esta historia y unidos continuamos en la Revolución. Porque estas razones serán siempre razones que –desbordando el estrecho margen del interés político- se adentran en el campo del sólido afecto entre personas que se aprecian. Las razones de mis hermanos.

Mis amigos tienen siempre razones para todo. Razones que les reconozco siempre y en cualquier situación, y que van –sencillamente y sin más- desde el simple cariño hasta la absoluta falta de objetividad -en lo tocante a ellos- y pasando, por descontado, por la suposición de una madurez más que evidente como para tenerlas. Y es que mis amigos tienen vida propia. La vida entendida como ese conjunto de experiencias –casi siempre complicadas y difíciles- que terminan por marcar irremisiblemente a cada uno. Vidas deshechas y rehechas. Quiebras personales y económicas. Ilusiones y desilusiones, guerras y batallas perdidas. Vida como sucesión de vivencias que van determinando –capa a capa- la complejidad de una persona. Mis amigos son gente compleja. Muy compleja. Tal vez esa complejidad fue lo que nos concertó para iniciar la aventura de la Mesa Nacional por la Revolución. Eso o cualquier otra cosa... vaya Usted a saber.

Y eso sin entrar en nuestra vida profesional.

Cuando los bolcheviques abolieron –por decreto- la vida privada en la Revolución, estaban dando un paso de gigante en el camino de las grandes transformaciones sociales. El revolucionario vive por y para la Revolución. No tiene más anhelo que esta lucha social. No tiene más pasado, presente o futuro que la destrucción de la vieja sociedad y la construcción de la nueva. Cuando los comunistas de 1.917 –no estos generalmente amaestrados de ahora- abolieron la vida privada quizás no se estaban dando cuenta del paso de gigante que estaban dando en orden a la transformación del mundo. Estos sí que sabían.

Bromas aparte –aclarémoslo, porque nuestro entorno político cuenta con un porcentaje elevadísimo de tontos del culo de muy varíada condición- resulta evidente que nuestras circunstancias personales –nuestras vidas privadas- constituyen un lastre intolerable en nuestra actividad política. Nuestras carreras profesionales obstaculizan el ejercicio de nuestra vida pública. Nosotros somos revolucionarios a tiempo parcial. Personas que –sumidas casi siempre en los vendavales de lo humano- no pueden dedicar todos sus esfuerzos y energías a la consecución práctica de su visión del mundo. Una especie de políticos por horas incapaces de transformar la sociedad no sólo por falta de medios materiales o humanos sino –sencillamente- por falta de tiempo concreto para poder hacerlo. Mucho se ha venido hablando sobre esta cuestión. Yo me cuento entre los que creemos que la verdadera Revolución del nacionalsindicalismo empezará –precisamente- el día en el que podamos contar con una veintena de agitadores profesionales -y liberados- que, no teniendo otra cosa que hacer, se dediquen a extender y a consolidar nuestros núcleos activos a lo largo y ancho de España. O eso o –decididos de una vez- optamos por pasar de todo y lanzarnos a la hoguera despiadada de la clandestinidad, la lucha insurreccional, el exilio y la cárcel. Nuestros fundadores nunca abandonaron su vida profesional. Pero eran –esto pueden advertirlo hasta el último de nuestros más torpes talibanes- otros tiempos y otras circunstancias. Una España sin desarrollar económicamente al borde de la guerra civil.

Siempre se cuenta el chiste fácil de las personas que, dentro de nuestro ámbito político, no tienen nada más que hacer que esto, aunque sin el empuje o la preparación necesaria para dedicarse al agitprop. De esos sí que hay muchos, pero no nos sirven para nada.

Pero esto no lo es todo. Decíamos que mis amigos tienen vida. Vidas complicadas –todo a la vez... duras y tristes y luminosas y alegres y rectas y torcidas y todo lo demás- que han terminado por afilar su temperamento, su sentido del humor, su manera de ver la política y su forma de hacerla. Vidas que determinan su manera de ser. Y son así y los quiero. Seguro que me dejo alguno. Los viejos amigos: Ricardo Saénz de Ynestrillas –perdido en Buenos Aires y con ganas de verle regresando- Angel Espinosa, Isaac Caballero, Fernando Dalmau, Fernando Trujillo, Alberto Ayala, Israel Galve, Carlos Iturralde, Paco López, Carlos Martínez-Cava, Jorge Galindo, Nacho Ménendez, Goyo Masa... y los nuevos: Vicente Gandía, Santiago Godino, Pascual Pérez, Rebeca Morodo, Nata Crespo, Edgar Sánchez, José Pascual... buena gente que, en aquella ya lejana tarde de Mayo de 2.011, decidimos poner en marcha el invento de la Mesa Nacional por la Revolución. Una muy peculiar banda de hermanos unida por el anhelo común de un necesario cambio en nuestras líneas políticas y de una actuación conjunta en la Revolución.

No ha podido ser. Personalidades muy marcadas y equilibrio siempre inestable. Vida en definitiva. Historias personales profundas que nos aprietan –aquí y allá- y nos hacen saltar por dónde menos lo esperamos. Tensiones personales que han hecho de nuestra Mesa algo siempre interesante y dinámico. Un año más de experiencia en estas lides y la comprobación palpable de que –fuera de esta banda de hermanos- no existe vida reseñable. Gente válida. Gente válida y buena con la que –siempre- tendrá que contarse en cualquier iniciativa política que, a partir de ahora, pueda llegar a plantearse. Unidos en nuestra amistad y unidos en el sueño de la República y de la Revolución.

Por mi parte –vida y vida- tiraré hasta el Verano –por lo menos- con las Mesas de Debate suscitadas en torno a Cuadernos para la Liberación. Me apetece. Además, serán un buen medio para que el impulso tomado en este último –e intenso- año no se pierda en el recuerdo de la nostalgia fácil o del olvido intencionado. Agrupados en torno a estos Cuadernos pasaremos revista a la realidad española, y analizaremos nuestras distintas posibilidades de actuación. Cambio de ciclo y para atrás ni para coger impulso. Y quedan las Asociaciones, a fin de que no se desperdiguen nuestros Camaradas más activos.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.