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REFLEXIONES URGENTES EN UN DÍA DE SANTIAGO APÓSTOL.

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 TAGS:undefinedLlevo el año entero estrechando manos y pulsando opiniones dentro de nuestro entorno político. Desde la aparición de mi libro, no he hecho otra cosa que hablar de nuestras circunstancias políticas presentes, pasadas y futuras. Siempre flanqueado de personas excelentes –el falangismo sigue ofreciéndonos la posibilidad de tratar y de conocer a notabilísimas individualidades que se alzan, inmensas, sobre el cieno- hemos repasado las razones de nuestra práctica extinción como fuerza política, así como los ejes básicos de actuación seguidos en el pasado y los que podrían seguirse en el futuro. Y es que presentar sucesivamente Parada de Postas en muy distintos lugares me ha recordado un dato que, no por sabido, debe ser olvidado. El de que existen muy buenas personas a lo largo y ancho de España que pretenden, contra viento y marea, seguir proclamándose falangistas. Falangistas a pesar de los quichis, carmenas y carmonas, errejones, pedros sánchez y lo que te rondaré morena. Falangistas pese a nuestra total inoperancia y pese a nuestra absoluta falta de medios materiales y humanos. Estas personas excepcionales se lo merecen todo. Estas personas únicas merecen que este bendito invento no se nos muera ahogado en las turbias aguas del aburrimiento, de la miseria y de la rendición.

Cuando uno da un paso al frente y decide volver a la vida política de nuestras esqueléticas organizaciones, sabe que se vuelve a colocar en el punto de mira del gran público. Escribo gran público en cursiva, y con todo el humor amargo del que soy capaz, porque cada vez hay menos gente interesada en nuestros avatares partidarios. Aburrimos a las ovejas, importamos un pepino al sano pueblo español y vivimos al margen de la realidad española en cualquiera de sus múltiples aspectos. Ni estamos ni contamos.

Sin embargo, quien acepta una responsabilidad política –aunque sea en tan pequeño entorno- sabe que coloca su actuación en la vitrina de la crítica pública. Sabe, porque va en el cargo, que su actuación pública puede y debe ser analizada, fiscalizada, supervisada y criticada. Precisamente, es esta posibilidad uno de los pilares esenciales de nuestra Democracia. El análisis de la actuación política de los dirigentes de un partido, y el ejercicio de los distintos instrumentos de control sobre la gestión de los asuntos del mismo, es la base del funcionamiento de este juego. Yo lo asumo con una naturalidad y un fair play por desgracia muy difícil de encontrar en nuestro entorno político. Desde tiempo inmemorial, se ha venido identificando en nuestro empobrecido ámbito a la persona con el cargo. De esta suerte, toda crítica política hecha a la gestión de nuestros dirigentes es interpretada como una crítica personal y como un insulto hacia su persona. Este dato nos acerca irremediablemente al modelo de partido patrocinado por Idi Amin o por Vladimir Putin, pero nos aleja de cualquier idea de control democrático de nuestros responsables.

Obviamente, yo no creo en esas cosas. Asumo todo lo que trae consigo haber aceptado el cargo de Secretario Nacional de Acción Política del Movimiento Falangista de España. Lo asumo como debería asumirlo todo responsable de cualquier organización falangista. Lo asumo porque esa actitud es la única posible si tenemos en cuenta el proyecto de sociedad profundamente libre y democrática que estamos defendiendo. Acepto plenamente la crítica de mi actuación política y acepto plenamente el cuestionamiento de las decisiones políticas de mi organización. Faltaría más.

Pero que nadie se equivoque. Eso no significa que vaya a aceptar el insulto fácil, la calumnia gratuíta o las afirmaciones injuriosas referidas a mí o a cualquier miembro de mi organización. Estos son los tres pilares sobre los que se basa la actuación pública de los sectores más reaccionarios y revanchistas del pseudofalangismo: el insulto, la calumnia y la injuria. Al parecer, estos pequeños putines han vuelto a las andadas, provocando el escándalo y el apoyo público de mi amigo y camarada –hombre de bien y falangista- en la Junta Nacional Jesús Heras. Grande Jesús Heras y grande su amistad y grandes sus constantes muestras de afecto. No te preocupes Jesús que no pasa nada.

No pasa nada porque tengo cincuenta y dos años, una paciencia ilimitada y una más que acreditada capacidad para entender todas las posibles opiniones. Por deformación profesional -supongo- sigo intentando ponerme siempre en el lugar de mi interlocutor, y me gusta escuchar a todos y escuchar de todo. Por eso, todo aquel ciudadano que se acerque a mí con la debida, honorable y buena educación –siempre las excelencias y virtudes de la buena educación de toda la vida- encontrará siempre por mi parte una respuesta correcta, comprensiva y empática. Sin embargo, toda aquella rata cagona y miserable que –anónima, identificada y/o teledirigida- persista en el insulto, en el resentimiento, en el desahogo desde el fracaso personal o en la injuria desde la impotencia, encontrará en mí un adversario duro y experimentado. Yo no me corto un pelo y lo mejor es que estas ratas lo saben. Se cumplirá así una inexorable ley de la convivencia humana que sigo a rajatabla: ser muy bueno con los buenos y muy malo con los malos.

Año tras año, se ha ido ahondando el abismo existente entre las personas que me insultan y yo. Desde cualquiera de las posibles perspectivas, me encuentro a años luz de estas personas. Por eso, estoy convencido no sólo que ellas no quieren entenderme, sino que tampoco pueden hacerlo.Ellos no pueden ni podrán entenderme nunca pero, al contrario, yo a ellos les comprendo perfectamente. He ido adquiriendo con los años todavía más experiencia, cintura y flexibilidad política. Y es que no sólo entiendo las razones del enemigo sino que, además y sin demasiado esfuerzo, me es posible alcanzar con él acuerdos adecuados de convivencia pacífica y razonable. Esta gente debería de tomar buena nota de esto que acabo de decir, hacer un esfuerzo, tragarse un pobre y yermo orgullo de capasucia  y, por el bien de todos, dejar de dar el coñazo con actitudes que no sólo son políticamente inoperantes sino que también, a medio plazo, pueden resultar muy perjudiciales para su honra y para su patrimonio. Tenemos mucho que hacer... ¿por qué no se dejan de monsergas? No sólo es por su bien. Es por el bien de todos.

He vuelto a dar un paso al frente. Encuentro apasionante el proyecto liderado por Juan Luis Bagüés y estoy orgulloso de formar parte de un valioso equipo integrado por viejos y por nuevos amigos. Juanjo de Mendoza, Joaquín Barquero, Jesús Heras, Tomás Mendiola, Angel Espinosa, Enrique Maestro... personas que ya han puesto su tiempo y su experiencia al servicio de nuestra idea de partido y de nuestra concepción de la Revolución. Porque este año 2.015 está resultando decisivo para España, y porque se está originando un nuevo escenario político en el que los falangistas debemos de estar presentes. Sin renunciar a ofrecer nuestra opinión a la sociedad española y trabajando por fortalecer lo poco que nos queda allá donde podamos. Son momentos convulsos y confusos. Son momentos para alzarse sobre el lodo y para dar la cara y para proclamar públicamente lo que creemos. Yo no me rindo ni renuncio a la Revolución. Sin estridencias, esta nueva Junta Nacional del M.F.E. ha dado sus primeros pasos. Sigo creyendo en espacios abiertos bajo las estrellas y en la épica de lo cotidiano. Porque la Revolución vive en aquellos versos que nunca terminamos y porque nuestros sueños son los mismos sueños de redención de los que todo lo perdieron. Porque todavía creo en la magia de nuestra forma de comprender el mundo, y porque somos únicos en nuestra pasión y en nuestro orgullo. Porque somos falangistas y porque lo proclamamos sin miedo bajo los cielos oscuros de la violenta incertidumbre y de la negra tempestad. 

Adelante con el refundado Movimiento Falangista de España y adelante con nuestra lucha de liberación nacional. Mis reflexiones urgentes de un Día de Santiago.

 

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