Avisar de contenido inadecuado

UNA SOBERANÍA ENTREGADA AL PUEBLO (JUNIO 2.012).

{
}

 TAGS:undefinedCarlos Martínez-Cava, en sus últimos artículos aparecidos en El Aguijón, lleva desarrollando esta materia de manera brillante y amena. Las cosas buenas que tiene leer a los amigos. Sostiene Carlos que el eje central, sobre el que debe girar la urgente tarea de nuestra reconstrucción nacional, no es sino la recuperación de la soberanía para España. No puedo estar más de acuerdo con él. Con motivo de la recesión capitalista, se ha patentizado la contradicción existente entre proclamarse soberano –de la manera en que lo hacen los Estados Modernos- y entre lo soberano que se es de verdad. En la práctica, y de forma diaria y constante, vemos como nuestro Gobierno –el Gobierno de España, tal y como se sigue proclamando en un ejercicio de berlanguiano humor negro- actúa siguiendo los dictados de gobiernos extranjeros, de entidades foráneas y de grupos de presión financiera. Estamos –todavía de facto y muy pronto de iure- intervenidos. Rescates y colocaciones de deuda que, además de empeñarnos para tres generaciones, nos entregan, atados de pies y manos, a poderes foráneos. Intervenidos por fuerzas extranjeras que inciden, de manera directa, en las líneas internas de actuación política de nuestro Gobierno. Llámense Unión Europea, Gobierno Alemán, Agencias de Calificación o –sencillamente- los mercados. Grupos exteriores de escaso -o nulo- carácter democrático que han limitado, al máximo y cada vez más indisimuladamente, los márgenes de decisión interna de los genuinos gobiernos nacionales. Antes venían con mamelucos y con los Granaderos de la Guardia. Ahora nos fusilan en la no menos cochina tapia de las primas de riesgo. Ese es el triste destino de este viejo y -antaño- orgulloso país. Irreductibles Señores de Dos Mundos gobernados por personas que, ni tan siquiera, son elegidas en una farsa electoral. Fácil ironía que no esconde la triste realidad de nuestro pueblo.

La cuestión aparece clarísima a la luz de los últimos acontecimientos mundiales. O aceptamos –como un hecho más de nuestra realidad política- que las naciones han dejado de regirse por sí mismas o no lo aceptamos y seguimos propugnando una Nación entera, libre y soberana. Recuperar la Soberanía: los ámbitos de decisión de los Estados sobre las materias que nos afectan directísimamente. Muchos seguimos optando por esa España independiente y soberana capaz –todavía- de articular un gran proyecto nacional y una nueva visión del mundo. Una España capaz –todavía- de hacer una Revolución basada en decisiones soberanas y en reafirmaciones constantes de independencia nacional.

Lo que ocurre es que un Estado plenamente soberano –con todas sus competencias recobradas: tanto de las entidades supranacionales como de las Comunidades Autónomas- podría dar lugar a un modelo estatal que no nos gusta. Un Estado omnipresente y omnipotente, policial, sobredimensionado e intervencionista. De eso ya tuvimos y tenemos, y no ha funcionado. El Comunismo, el Fascismo y el Capitalismo lo han intentado, pero no resulta. Las grandes estructuras estatales han desembocado en burocracia, inoperancia financiera, gigantismo, corrupción y obsesión estatalizadora. Grandes organizaciones administrativas que, en última instancia, siempre resultan dirigidas por una pequeña oligarquía económica. Tipos de Estado que nos han llevado a la situación actual. Para traer otro megaestado no vale la pena recuperar el papel de una hipótetica España soberana. Que se lo queden.

La solución pasa por una verdadera restitución de la soberanía al pueblo.

Somos muchos los que creemos que esta situación de emergencia económica, lejos de desembocar en nuevas formas de gobierno dictatorial, puede servir de base a una profundización efectiva de nuestros derechos y libertades. Empezar la casa por sus cimientos y articular nuevas formas de representación basadas en el ejercicio de una democracia directa y próxima. Una Nación de ciudadanos libres que empiece a vertebrarse desde abajo a través de otros cauces de representación. La sociedad civil... ese concepto que odia cordialmente Luis López Novelle, pero que sirve para definir un modelo democrático alternativo al actual que supondría -sin duda- el fin de la partitocracia oligárquica. Ese es el Estado que los falangistas siempre hemos pretendido. Una estructura estatal de contenido mínimo ocupada en el desarrollo de aquellas competencias comunes y esenciales para todos. Y una vida política articulada de abajo a arriba alrededor de entidades públicas más cercanas, operativas y flexibles. La fuerza de la autogestión y de la intervención directa en los asuntos ciudadanos. Los Municipios y sus eventuales agrupaciones, los Sindicatos de empresa y de sector, las asambleas de barrio y de distrito... marcos de una nueva política próxima y democrática. Una soberanía española que resida -de verdad- en el pueblo español y una Patria que construyamos todos alrededor de un nuevo proyecto ciudadano.

Tal vez -en medio del dolor desesperado- se pueden escuchar las cajas de los Tercios. Tal vez -sobre los resultados de la última calificación o del último cierre de la Bolsa- podemos escuchar la voz antigua que nos llama, como nos ha llamado siempre en tiempos de dolor y de gloria, a formar el cuadro para dar la cara al enemigo. La voz antigua de una Nación antigua. Y soberana.

{
}
{
}

Los comentarios para este post han sido deshabilitados.